Los mendocinos de la generación del ’80 no sólo pensaban en educación, ferrocarriles e inmigración. Un proyecto político progresista no cerraba en una provincia insalubre. En una provincia que al solicitar a la Legislatura la aprobación de la Ley de Saneamiento, el 27 de enero de 1896, expresaba: “Los resultados que arroja la estadística en los últimos seis años son los siguientes: natalidad 7.420, mortalidad 8.015, mortalidad de uno a siete años 4.294.”
Es decir, era mayor la mortalidad que los nacimientos, y para peor sobre el total de los nacimientos registrados el 57,8% había fallecido antes de los siete años.
El 28 de febrero de 1896 la Legislatura provincial autoriza la contratación de un higienista de reputación europea o nacional para que, juntamente con los médicos radicados en la provincia, procediera a estudiar las causas de la insalubridad.
El médico mendocino José Antonio Salas, primer médico que atendió en San Rafael, aconseja la contratación de Emilio Ramón Coni.
La decisión no pudo ser más acertada. Coni, en los seis meses que permanece en nuestra provincia, realiza una tarea brillante, con una lógica epidemiológica moderna.
Al describir el hospital San Antonio, que estaba ubicado en la manzana de la actuales calles José Federico Moreno, Montecaseros, Tucumán y Santa Fe, Emilio Coni expresa: “El cuadro del hospital actual me ha traído a la mente el recuerdo de las leproserías de la edad media. El dolor no debe ser aliviado en esa forma y la higiene y la civilización protestan con toda su energía... No debe olvidarse que el auxilio que el desgraciado viene a implorar a las puertas del hospital, no es un favor que se le acuerda. La civilización moderna lo ha transformado en un derecho y es un deber de los poderes públicos construir un hospital, según todos los preceptos de la higiene moderna”.
Coni proyecta el futuro hospital provincial, que posteriormente será el hospital Emilio Civit, para el que define algunas condiciones: estará situado en un paraje elevado y excéntrico de la ciudad (de hecho se proyectó y construyó en el Parque del Oeste); será de pabellones aislados, con capacidad de quinientas camas; será mixto, esto es, para hombres, mujeres y niños, y tendrá como anexo una pequeña maternidad.
Mendoza no contaba a fines del siglo XIX con ninguna maternidad pública, por lo que lo proyectado por Coni constituye la primera maternidad que fue incluida en el proyecto de hospital provincial con una capacidad de veinte camas.
El hospital fue inaugurado el 24 de febrero de 1907 el mismo día que la actual Penitenciaria Provincial; pero se debió esperar algunos años más para que el futuro hospital Civit contara con maternidad. Es entonces cuando la acción filantrópica de un mendocino, José Federico Moreno, que dispone en su testamento legar todos sus bienes para obras de beneficencia y desea que en su provincia natal se construyan una escuela y un pabellón de maternidad en el hospital provincial.
El miércoles 24 de mayo de 1911, a las tres de la tarde la provincia recibe el legado de José Federico Moreno y se libra al servicio la maternidad que por decreto de la provincia llevará a perpetuidad su nombre.
Los Andes destaca el acto de recepción del legado como “La obra de un filántropo”.
El 14 de junio de 1911, el gobierno de la provincia nombra director de la maternidad José Federico Moreno al Dr. Enrique L. Day. Fueron también designados el Dr. Julio Lasmastres y las obstétricas Carmen Blanco González de Sícoli y Adelina Macchia.
La maternidad, según descripción extraída del suplemento especial del diario Los Andes del 1 de enero de 1921, tiene “dos salas generales con 25 camas cada una. Una ocupada por embarazadas y la restante por puérperas. Dependiente de la maternidad existe un pabellón de aislamiento, destinado a enfermas con infección puerperal, que consta de 16 camas, en cinco piezas separadas”.
En mayo de 1932 Los Andes publica la opinión del director de la maternidad, Dr. Luis Federico Palazzo, verdadero maestro de la obstetricia mendocina, quien comenta que desde su fundación no ha sido objeto de ninguna ampliación, a pesar de que la población se ha triplicado en esa época.
En 1936 se pone en servicio una nueva sala, y se completa otro nuevo pabellón en 1938. La maternidad había agregado servicios como la escuela de madres, consultorio externo de lactantes, consultorio de niños y lactario.
En estos años, director general de Salubridad era un médico obstetra, el Dr. José María Gutiérrez, quien fuera el segundo director de la maternidad; y subsecretario el pediatra Humberto Notti, por lo que puede pensarse el apoyo que recibió la maternidad.
No olvidemos que en esa época se crea el hospital de niños dentro del hospital Civit.
En 1938, con una maternidad modernizada y de gran prestigio, por decreto provincial, se establecen los honorarios de médicos, parteras e internación que deberá abonar la pensionista cuando su condición económica lo permita.
Dice el decreto: “El médico necesita con frecuencia hacer ingresar a la maternidad, de su clientela privada, parturientas pudientes... En tales circunstancias debe tener la libertad de cobrar sus honorarios y el Estado cubrir los gastos”. Sin dudas toda una definición de la concepción de la política social de la época.
El médico jefe de Clínica del servicio de maternidad percibía un sueldo de 200 pesos mensuales, y estaba autorizado a cobrar de honorarios entre 150 a 300 pesos por parto normal y de 300 a 600 por cesárea.
La maternidad funcionó en el hospital Civit hasta 1981. Desgraciadamente nada recuerda que en ese predio nacieron durante sesenta años casi la cuarta parte de la población de Mendoza. Es necesario rescatarlo.
Dice Borges que las ciudades deben rescatar sus fantasmas, haciendo referencia al espíritu de sus historias que crean una mitología propia.
Debemos incorporar a nuestra historia el lugar donde nacieron tantos mendocinos.
En 1981 la maternidad fue trasladada al hospital Luis Carlos Lagomaggiore, donde actualmente funciona.