Daniel Giménez festeja el segundo de sus goles para llevar al Tomba hacia la hazaña que toda Mendoza aguardaba.
domingo, 21 de mayo de 2006Canta, llora y ríe Mendoza, pero de felicidad auténtica. Porque después de 21 años un equipo de esta tierra de sufrimiento y postergación futbolera sube a la Primera división.
Nunca más nos olvidaremos de esta noche. Del gol de Villar, de los del Tanque, de la sangre de Poy, quien literalmente se vino del quirófano a la cancha rompiendo un récord médico tal vez mundial. De las increíbles atajadas de Torrico, los huevos de Duarte, de la Gacela Negra Mosquera y todos. Con el Cachorro Abaurre en el banco, pero protagonista como el que más.
Y llegó nomás la hora de nuestro Expreso. El que llegó hace 12 años a esta B Nacional y ahora se despide para no volver, como deseamos todos.
Porque acá no estuvieron solos los tombinos. Acá estuvieron todos. Nadie quiere despertar, nadie podrá dormir. Ninguno puede envidiar. Saltamos, reímos, cantamos por vos, Expreso. Porque los números manejan al mundo y te dan la razón: sos el mejor equipo que haya defendido la camiseta provincial.
Y llegaste conteniendo el aliento, empujando cada pelota hacia el arco rival con el soplo de 40 mil almas. La fiesta de todos, el pueblo, su equipo y la provincia. Godoy Cruz campeón, el Expreso de todos, desde ahora y para siempre, será recordado como el de la gran hazaña.
Enorme equipo este de Juan Manuel Llop. El de las carencias, el de la humildad, el del respeto por el juego.
Para pertenecer, faltaba la última estación. Había que voltear un gigante como Chicago. El Torito que devolvió golpe por golpe hasta el final. Sin querer, aportando para llevar este inolvidable encuentro a meterse en la leyenda.
En 120 minutos, apenas pudieron respetarse las estrategias.
La historia que comenzó Villar clavando su latigazo bajo, abría un guión cinematográfico al que le quedaba lo mejor. La sucesión de imágenes no permite diferenciar entre dominado y dominador. A esa altura, nadie apostaba un peso a que se definiera en los 90. La combinación perfecta del ataque del Torito nos mandó al alargue.
La maldita prórroga llegó. Nadie lo deseaba pero arribó con el Torito en alza y el Tomba en andas de sus dudas.
Ninguno como el Expreso para testificar que lo que cuesta, vale. Nunca retrocedió. Se recostó en Torrico para esperar su momento. Sabía que esta era su noche y nadie podía robársela.
Hasta aquí llegaste Torito. Hasta que el Tanque se despertó de su siesta y no perdonó, para meterse en la historia, para no desaprovechar esas, las últimas dos bochas que serán, para siempre, las de Primera. Hugo Fuentes - hfuentes@losandes.com.ar