Rabito, con su negocio en calle Irigoyen, es uno de los personajes de la ciudad sanrafaelina.
Muy pocas personas saben su nombre verdadero. todos lo conocen como “Rabito” y en concordancia él decidió respetar esa denominación y así bautizó a su quiosco, que nació con la venta de diarios como principal apoyo. Es uno de los canillitas más antiguos de San Rafael. Precisamente cumplió 50 años desde que se inició a los 11 en San Lorenzo y Barcala con su hermano mayor.
Rabito o Francisco Tardieu, su nombre real, es poseedor de un anecdotario amplísimo que le dio el contacto con varias generaciones. “Hasta del siglo pasado”, bromeó.
En su polirrubro ubicado en Irigoyen 382, la avenida principal de la ciudad sureña, tiene una amplia exposición de fotografías con personajes. Entre ellos Menotti cuando dirigía los juveniles, Juan Manuel Fangio, Bordeau, Carlos Menem antes de ser elegido presidente, Julio Cobos, Ernesto Sanz, Vicente Russo y muchos deportistas locales.
“Jugué en Huracán al fútbol y en los clubes San Luis y Moreno al básquet. Siempre me gustó el deporte pero desde que tuve un problemita gastrointestinal me fui dejando y hoy sólo camino”, detalló.
Rabito en todo momento respondió a las preguntas y mantuvo la charla con Los Andes mientras atendía a sus clientes, que “más que clientes muchos son amigos”, confió.
“Después de la calle San Lorenzo nos fuimos a Comandante Salas e Irigoyen”, donde hoy hay un quiosco que desarrolló él y su familia y luego vendió para radicarse definitivamente en el lugar actual. “Cuando llegué aquí arriba estaba el sanatorio Mitre”, contó. Hoy es un hotel.
Es un optimista por excelencia y asegura que nunca tuvo épocas malas. “Hubo años en que había menos plata, pero igual vivimos”, sostuvo.
También incursionó en el ámbito automovilístico, al menos como curioso o aficionado. “Conocí a Domingo Marimón y a Alberto Besone que después de la Doble Caracas pusieron una tienda que llevó por muchos años ese nombre: Caracas”.
Día y noche
En todo momento aludió al apoyo de su familia y en especial de su esposa, Noemí Ester Marchán.
“Trabajé 41 años en el Correo como telegrafista y paralelamente nos turnábamos con ella para atender el quiosco. Aquí estamos desde las 6 hasta la 1.30 de la mañana. Sin su ayuda hubiese sido imposible -dijo- mantener este ritmo”.
De su unión con Noemí nacieron cuatro hijos. Carlos (40); Francisco (fallecido), Federico de 25 y Graciela. “De ella no les digo la edad porque eso es una cuestión suya”, sonrió. Pero su hija es la que ya le dio dos nietos, Hilario de 4 y Braulio de 10.
En su relato recuerda que siempre vendió Los Andes, aunque también los locales como El Comercio o el vespertino La Capital. “En esa época, hablo de los ’60, de Buenos Aires llegaba nada más que Clarín y con una semana de demora y sólo se conseguía el de los domingos”.
Lo único que preocupa un poco a este personaje sanrafaelino es la inseguridad que “crece poco a poco en esta ciudad”, se lamentó. “Por lo demás... todo está bien y seguiremos trabajando como siempre”.
En tanto sus colegas reconocen en él a una persona trabajadora y responsable. “Llueva o truene siempre está al pie del cañón”, sostienen quienes lo conocen.
El quiosco de Rabito en la actualidad es un referente geográfico del microcentro. Están los de más allá, los vecinos y quienes están antes de su local. Todo depende de dónde se pida la referencia de ubicación. Es parte de la ciudad y ya comparte un gran espacio de la historia lugareña.
Además de la concentración en varias calles por trabajos en avenida San Martín, ayer hubo un reclamo de cuidacoches.