Salvar las distancias

Las leyes existen, y los derechos y obligaciones que de ella emanan también. No obstante, si no se los usa, estos deberes y derechos van siendo remplazados por el predominio tolerado de lo ilegal. Por Enrique Valiente Noailles

Edición Impresa: domingo, 26 de noviembre de 2006
¿Hacen falta en la Argentina más leyes y reglas de convivencia, o son suficientes las que tenemos pero no alcanzan a tener pleno ejercicio? ¿Hace falta agregar códigos o salvar la distancia entre ellos y su aplicación? Pero la misma pregunta es también válida con relación a los derechos: ¿hacen falta más derechos o salvar la distancia entre ellos y su ejercicio?

El caso de la UBA es paradigmático: al deber vacío de respetar la democracia universitaria se le agrega el derecho también semivacío de los estudiantes de votar, dado que sólo el 17,6% de los matriculados lo hace.

En un ejemplo que podría ser un símbolo de otras situaciones, la sobreparticipación violatoria de algunos se suma a la infraparticipación de una mayoría que no ejerce sus derechos, para configurar un cóctel de masivo deterioro de la convivencia (tal vez se revierta en algo la situación a partir de la reciente reacción de los alumnos que entienden que la UBA también les pertenece.)

La violencia y la arbitrariedad no pueden nunca ser avalados como lenguaje ni como método de resolución de conflictos, pero su ejercicio en la Argentina tiene un costo casi nulo. Nuestra sociedad tiene previstos los códigos que la protegen de la arbitrariedad y la violencia, pero les falta ser ejercidos. Se ve en muchos casos, como el de los cortes de ruta en Gualeguaychú, que avasallan el derecho básico a la libre circulación. ¿Cómo no van a quejarse los uruguayos por los cortes de ruta? Lo sorprendente no es que se quejen ellos, sino que no nos quejemos nosotros.

Como un músculo que no se ejercita, o como una bomba que funciona en el vacío, lo que no se usa se insensibiliza o se atrofia. Un derecho no ejercido es el del acceso a la información pública: más allá de la ley que se dejó morir de inanición el año pasado en el Senado, el decreto vigente para el Poder Ejecutivo tampoco casi se usa.

Un estudio reciente muestra que solamente hay en la Argentina algo más de una consulta diaria, predominantemente de ONGs, cuando en los Estados Unidos hubo en 2004 más de cuatro millones de consultas.

Y otro derecho no ejercido -y auto restringido- es el de la libertad de expresión.

En suma, nuestros derechos y deberes existen hasta cierto punto como una capacidad instalada que no se utiliza.

Queda siempre la pregunta de si es la parte llena o la vacía la que imprime dirección a nuestro destino.
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