El nivel de la Primaria es el más afectado por la violencia escolar

Los datos son de un estudio que incluyó a Mendoza y muestra cómo lo padecen los docentes.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Gisela Manoni gmanoni@losandes.com.ar

“¿Qué me va a hacer?”-desafió un alumno de cuarto año a la docente Vanesa P- “Usted me toca y yo le pongo una denuncia”. En un colegio de ciudad, un niño gritó a la maestra que le corregía: “Mi papá dice que usted no sabe nada”. Días atrás, en Maipú, una madre golpeó a la directora cuando le informaba que su hija de EGB3 había quedado libre. Estas situaciones -que ocurren a diario en las escuelas de Mendoza- explican por qué la mayoría de los educadores siente que ha perdido autoridad y el peor panorama se vive en los cursos inferiores.

Quienes monitorean permanentemente el clima escolar dan cuenta de que la EGB1 y 2 se ha convertido en el nivel de mayor conflictividad. Mientras que sólo el 2 por ciento de los profesores de Polimodal siente que la vida en su colegio es difícil o muy difícil; esa sensación gana en el 30% de los maestros de primero a séptimo año. Respecto a los hechos de violencia, el 7% de la EGB3 dice que son muchos, frente a un 50% que lo certifica en el nivel primario.

Si bien la realidad cambia según la franja etaria del alumnado, casi todos los docentes encuestados reconocen vivir situaciones de violencia en el aula. El 80% asegura que éstas afectan negativamente en su salud y siete de cada diez opina que las medidas disciplinarias actuales son insuficientes. Los datos surgen de investigaciones realizadas en el seno del observatorio de la convivencia escolar, que funciona en la Universidad Católica Argentina, y que abarcan Mendoza y otras cinco provincias argentinas.

“Lo que ocurre en la educación tiene una relación muy directa con la pérdida de autoridad de los padres. Las psicologías de décadas pasadas plantearon el relajamiento de los límites. Estos son considerados una mala palabra y el límite tiene un valor formativo, no frustrante. Todo límite da identidad, seguridad, una referencia”, explica el psicopedagogo Alejandro Castro Santander, responsable del único observatorio de este tipo en el país.

El investigador grafica con lo que pasa en España, donde crecen las denuncias judiciales de padres contra hijos y los maestros han encarado varios paros para reclamar por agresiones de sus alumnos.

María de los Ángeles Arancibia -profesora de EGB3- sostiene que el rol docente está desvalorizado: “No recibimos el apoyo de la institución ni de la sociedad”, agrega. Para Carolina Pécora, gran parte de la culpa corresponde a los padres, que “vienen a cuestionar las notas de sus hijos e, incluso, a exigir que las cambien”. “Los directivos generalmente se ponen de tu lado, pero ellos también deben proteger al colegio y preocuparse por cubrirse legalmente”, señala esta docente de Maipú.

Encuestados también los directores, manifiestan las mismas preocupaciones: el 100% es consciente de que ocurren hechos de violencia en su colegio y el 65%, que los hay de tipo físico, verbal y psicológico. La diferencia está en que, para las autoridades escolares, las medidas disciplinarias actuales sí son suficientes (73%).

“Se cuestiona al docente, pero nosotros estamos en el aula y, para evaluar, tenemos en cuenta otros factores, no sólo la nota de un examen”, opina el profesor Paulo González, quien considera que “los conflictos disminuyen cuando todos los miembros de la comunidad pactan previamente acuerdos básicos de convivencia”.

Normas de convivencia

Desde la Dirección General de Escuelas, ratifican esta idea. “En el 87% de los colegios que labraron normas institucionales en Mendoza (60% de la totalidad), mejoró el clima y disminuyeron los conflictos a la mitad”, señala María del Carmen Sánchez, titular del área de Convivencia Escolar de la DGE.

En cuanto a la relación padres y maestros, las estadísticas oficiales no muestran un aumento de casos conflictivos en los últimos años; Sánchez señaló que los docentes demandan cada vez más capacitación para saber cómo manejarse frente al avance de los progenitores. En el SUTE, por ejemplo, reciben a razón de ocho consultas semanales por estas agresiones.

Cuando Castro Santander adaptó a Mendoza y Buenos Aires el cuestionario que sirve a nivel internacional para medir el clima escolar, resaltó que los docentes de EGB 1 y 2 son los más preocupados por la violencia. Sin embargo, los casos de robos, extorsiones y la mala relación entre profesores y alumnos, son más denunciados por quienes enseñan en EGB3. “Los maestros están desmotivados y sólo pueden canalizarlo en el círculo de la queja”, acota el especialista, quien considera que los bajos sueldos de la docencia agravan este escenario.

No hay dudas de que hay una fractura entre la familia y la escuela. El 90% de los docentes primarios aseguran que los padres se comprometen menos o mucho menos que antes en la educación de sus hijos. “Antes no se cuestionaba la calidad del saber del maestro; hoy muchos padres profesionales lo hacen y delante de sus hijos. Además, la escuela compite con otras entidades que imparten conocimiento (TV, computadora, etc) y muchas veces de manera más divertida”.

Y continuó: “La neurociencia ha demostrado que los niños aprenden hoy de manera diferente, lo cual no quiere decir que sea malo, sino que la escuela debe acompañar ese cambio”, explica Castro Santander. El especialista ve un gran desfasaje: “tenemos escuelas del siglo XIX, con docentes capacitados en el siglo XX y niños del siglo XXI”.

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