Pese a las críticas de los demás países del Mercosur, el acercamiento comercial entre Estados Unidos y Uruguay es cada día mayor. Un analista explica y defiende esta política. Por Por Juan Cruz Díaz - Analista internacional, abogado y master en relaciones económicas internacionales. Nueva York, EEUU
martes, 31 de octubre de 2006
En noviembre entrará en vigor el Tratado de Promoción y Protección de Inversiones (TPPI) firmado por Uruguay y Estados Unidos en el marco de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata el año pasado. Esto se da en un momento en que nuestro vecino país está teniendo un importante crecimiento genuino en la inversión, que en relación al PBI llegaría al 16% en 2006. Con más de 80 compañías norteamericanas operando en Uruguay, este es un hecho muy importante para la región.
En materia comercial, hace pocas semanas Uruguay reafirmó su camino hacia una relación comercial bilateral más profunda con los Estados Unidos iniciando un proceso hacia la conclusión de un Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones (TIFA, por sus siglas en inglés) que se anexará al TPPI.
Para el gobierno uruguayo, la materialización de un mejor acceso a los grandes mercados del mundo se ha convertido en una cuestión de Estado.
Debido a las complejidades políticas existentes tanto en Uruguay como en Estados Unidos, el gobierno del presidente Tabaré Vázquez descartó la vía rápida de un Tratado de Libre Comercio (TLC), y comenzó el proceso de negociaciones para el TIFA que puede durar entre ocho meses y un año.
Este proceso es visto con recelo en el Mercosur, especialmente por la Argentina y el Brasil. Sin embargo, para Uruguay es fundamental consolidar su relación comercial con Estados Unidos, su principal cliente.
El volumen de intercambio bilateral entre Uruguay y Estados Unidos supera los mil millones de dólares por año. Mediante el TIFA, Uruguay espera aumentar las exportaciones de carnes, lanas, cereales, software y servicios, entre otros. El anuncio del camino del TIFA -en contraste con un TLC- descomprime un poco la tensión existente en el Mercosur.
El TIFA es un mecanismo de consulta que establece un compromiso político y legal para negociar a través de un Consejo de Comercio e Inversiones. La idea de estos acuerdos es lograr un mayor entendimiento mutuo, identificar y eliminar los obstáculos existentes para avanzar más en materia comercial y de inversiones.
Algunos ven al TIFA como un retroceso en las negociaciones de Uruguay con Estados Unidos, y entienden que el gobierno cedió de más ante presiones políticas de sectores de la coalición gobernante. Creo que esa es una opinión apresurada. Uruguay ha avanzado significativamente -tanto en el debate público como en hechos concretos- en las discusiones sobre la relación comercial bilateral. Eso es lo que debemos destacar. El ministro de Economía de Uruguay, Danilo Astori, ha dicho que el TIFA implica iniciar un trabajo largo y prudente tendiente a aprovechar al máximo las oportunidades para su país. Es una política elogiable, ya que las decisiones aceleradas y abruptas no son las más aconsejables en estos casos.
Uruguay está buscando activamente nuevas alternativas para una mayor inserción internacional que beneficie a todo su pueblo. Para ello deben ampliarse los horizontes y mirar también hacia China e India, además de seguir impulsando un Mercosur más efectivo.
El gobierno de Uruguay ha tomado una buena decisión al considerar el tema un asunto de Estado y elegir un camino prudente, pragmático y con una dirección positiva.
El presidente Vázquez lo dijo claramente, los acuerdos comerciales “no son ni un atajo al Paraíso ni un camino al Infierno, son tan sólo un recurso, un instrumento para acceder a mercados grandes, dinámicos y exigentes”.