¿Quién fue el responsable del desastre ferroviario de Alpatacal?

La empresa que trasladaba a los cadetes chilenos sostuvo que el siniestro fue por la niebla reinante. El juez Guiñazú dictaminó que la responsabilidad fue de la empresa.

Edición Impresa: martes, 07 de junio de 2005
¿Quién fue el responsable del desastre ferroviario de Alpatacal?

El fogonero Luis Bordín, que murió en el accidente, el 4º parado de izquierda a derecha.

Por Carlos O. Campana y Jorge O. Campana

El accidente fue provocado por la niebla

A fines de junio de 1927, el gobierno de Chile, con motivo de la celebración del 9 de julio y la inauguración del monumento al general Bartolomé Mitre, envió una delegación hacia la Capital Federal.

Desde el país trasandino partieron 269 cadetes de la Escuela Militar “Libertador Bernardo O’Higgins”.Luego de cruzar la cordillera en el trasandino realizaron una combinación con un tren de la línea Buenos Aires al Pacífico, especialmente preparado para este contingente.

El último tren

El tren especial partió de Mendoza pasada la medianoche. Estaba constituido por dos locomotoras con los números 1.407 y 1.516 conducidas por los maquinistas Avelino Bavio y José Guzzo, acompañados por los fogoneros Bordin y Quintana. Llevaban además un vagón jaula con caballos, 1 furgón, 1 coche de primera clase, 2 coches comedor y 10 coches dormitorio.

El accidente

En el camino, una espesa niebla comenzó a bajar muy cerca de la zona de la estación Alpatacal, el maquinista percibió esto y comenzó a disminuir la velocidad. Mientras tanto la mayoría de los pasajeros dormía.

Muy cerca de la estación se encontraba el tren llamado Internacional, que venía desde Buenos Aires y estaba detenido a unos 100 metros a la espera del cambio de vía. El maquinista Bavio, vio muy tarde la otra locomotora que estaba en frente suyo e intentó frenar, pero ambos trenes impactaron violentamente.

Ni bien se produjo el choque, las calderas de las locomotoras explotaron e inmediatamente los vagones se prendieron fuego. Nadie podía entender lo que estaba sucediendo, varios de los que estaban durmiendo fueron alcanzados por las llamas sin poder salir de las literas. Otros, en cambio, saltaron hacia las vías. En estos minutos se pensó que el tren se había detenido bruscamente por algún obstáculo en el camino, todos se quedaron quietos y sin atinar a nada, una voz desgarradora anunció la catástrofe. Un camarero gritó “¡mi hijo se está quemando!”, entonces los cadetes se vistieron rápidamente, bajaron de los vagones traseros y se dieron cuenta de la triste realidad. Cuerpos calcinados, gritos de jóvenes adolescentes y hechos de heroísmo ocurrieron en pocos minutos. Los cadetes que se salvaron fueron los que venían en los vagones traseros. De los 15 vagones que llevaba el tren 9 quedaron destruidos. El convoy medía unos 280 metros y quedó reducido solamente a 60 metros.

El saldo de ese accidente fue de 30 muertos, de los cuales varios fueron de la empresa ferroviaria, como Tomás Bunting, Avelino Bavio, José Guzzo, Luis Bordín, Domingo V. Dodda y Victor Locoriondo. Algunos cuerpos no pudieron ser identificados porque quedaron carbonizados.

Los heridos volvieron a Mendoza, en otro tren, para ser atendidos.


La misión debe ser cumplida

Después del accidente los cadetes chilenos recibieron la orden de marchar hacia Buenos Aires. Desde Mendoza partió otro tren y finalmente los militares participaron de los festejos por el 9 de Julio. Estos fueron recibidos como héroes. En Mendoza el 9 de julio se declaró luto provincial y no se realizó el acto programado para ese día.


El informe oficial

El ferrocarril Buenos Aires al Pacífico emitió un informe que daba cuenta de los acontecimientos que esclareció toda duda sobre el accidente.

El tren que conducía a la Escuela Militar chilena, estaba a cargo de Bavio y José Guzzo dos maquinistas con muchos años y gran experiencia en la conducción de locomotoras. Además se encontraba el inspector de máquinas con 22 años en la empresa. Éste fue cuidadosamente elegido para realizar ese viaje, dado las características especiales del servicio. También los acompañantes llamados foguistas, les faltaban poco tiempo para ser maquinistas.

El tren corría a una velocidad de 60 kilómetros por hora, velocidad que no excedía el reglamento en ese tramo. Una espesa niebla que bajó rápidamente impidió al maquinista, no percibir las señales puestas en las vías por el personal de la estación Alpatacal, que colocó los petardos a distancia conveniente. La causa del accidente fue la espesa niebla que allí reinaba.

El error fue del tren que llevaba a los cadetes chilenos

El día 6 de julio de 1927 partió desde la estación de tren de Santiago de Chile, una delegación de la Escuela Militar de Chile. Los militares habían sido invitados por el gobierno argentino a la celebración por los actos del día de la independencia y a la inauguración del monumento al general Bartolomé Mitre. Nadie pensó que este viaje terminaría en una catástrofe que enlutaría a los dos países hermanos.

Se inicia el viaje

Desde la estación terminal de tren de Santiago partió en el tren de la línea BAP la delegación de la Escuela Militar de Chile, compuesta por su jefe, el coronel J. M. Barceló, el mayor Héctor García, el ayudante capitán Carlos Meirelles y otros oficiales, entre ellos el director general de bandas Juan Casanova Vicuña. Además viajaban 200 cadetes y la banda del Regimiento Nº 10 de infantería “Lautaro”. Padres y familiares de los militares saludaron desde el andén y minutos después el convoy partió hacia Mendoza. Durante varias horas y tras pasar el macizo andino, el tren que conducía a los cadetes llegó a las 23.45 a la estación mendocina.

El último lunch

Al llegar a la estación la delegación fue recibida por el gobernador de la provincia, doctor Alejandro Orfila, el senador electo Carlos W. Lencinas, el jefe militar del destacamento “Cuyo”, coronel Ergasto Saforcada, funcionarios y público en general, quienes les dieron una calurosa bienvenida. La banda militar de Chile, ejecutó algunas marchas y fueron recibidas por la banda del regimiento 16 de infantería, que se unió al son de diana. Al bajar de los vagones y dejar sus armas, los cadetes pasaron a la sala central de la estación, adornada con banderas argentinas y chilenas. Allí se les informó que tomarían un breve lunch. En el centro había una extensa mesa muy bien servida. Asistió gran cantidad de público femenino. Luego del champán la Escuela Militar chilena dio triple hurras a la República Argentina, al ejército y al pueblo de Mendoza, que fueron contestados con vivas por el público.

El accidente

Después de este magnífico agasajo, los militares regresaron al tren, que estaba listo para viajar rumbo a Buenos Aires. A la 0.55 del 7 de julio, los cadetes partieron. Para muchos de ellos serían las últimas horas de su vida.

El convoy de los cadetes iba a una velocidad de 100 kilómetros por hora. En la estación Alpatacal estaba parado el tren del litoral que llegaba a Mendoza a las 4.50 horas. El encargado puso la señal de peligro para detener el tren especial y dar paso al que venía de Buenos Aires. Al ignorar estas señales, el maquinista del tren embistió a la otra locomotora, produciéndose un terrible espectáculo. Las locomotoras explotaron y se incendiaron los vagones. Fallecieron 30 personas entre militares y civiles. Cientos quedaron heridos.

Las verdaderas

causas de la tragedia

El juez federal doctor Guiñazú, opinó que el accidente se produjo por la excesiva velocidad que llevaba el convoy en que viajaban los cadetes chilenos, esto no dio tiempo al maquinista para frenar. Lo demuestra el hecho de que no fueron respetadas las señales y los petardos que explotaron, como tampoco la luz del farol de mano que agitó el auxiliar de la estación. Los cambios eran automáticos y funcionaban en sentido contrario, es decir, que habiendo entrado el tren en el radio de la estación, después del semáforo, la señal opuesta indicaba “peligro”; por consiguiente, como el tren del litoral se hallaba a doscientos metros de la estación, hacia adentro del semáforo, lógicamente la señal contraria debía estar indicando peligro.

El accidente no afectó a los coches de pasajeros del tren que esperaba, porque al chocar las máquinas, la de aquél quedó atravesada en la vía, sirviendo de barrera a los coches que se precipitaban unos sobre otros.

Al contemplar la masa amorfa de los materiales y los restos humanos se pudo entender la magnitud del siniestro. A la hora de producirse el accidente, muchos testigos afirmaron que no había niebla. Este demostró la negligencia del maquinista del convoy que iba hacia Buenos Aires.

La niebla no causó el accidente

Por muchos años se discutió sobre la responsabilidad del accidente a los cadetes chilenos en la localidad de Alpatacal, hecho que ocurrió en la madrugada del 7 de julio de 1927.

En una excelente nota publicada en el diario Los Andes y realizada por Pablo Icardi, en 2003 se entrevista a uno de los pocos sobrevivientes que vivió muy de cerca esta tragedia. El señor Ambrosio Di Paola, era un joven de 17 años que trabajaba en comunicaciones del ferrocarril BAP. Éste comentó lo siguiente: “La operadora dijo que había un llamado de Alpatacal para los jefes y ahí se informó de todo lo que estaba pasando. Decían que había una densa neblina y que el maquinista que venía en el tren de los cadetes no se enteró de que el “Internacional” estaba parado en la misma vía. Todo era fuego”.

La mayoría señala a la niebla como la causa principal del accidente, pero quedó totalmente descartada. Muchos de los testigos aseguraron que en la estación y alrededores de Alpatacal, el cielo estaba despejado. La compañía de ferrocarril resaltó que la locomotora llevaba una velocidad de 60 kilómetros por hora, ya que no se podía exceder del reglamento, y de la experiencia que tenían sus maquinistas y fogoneros.

Existe otra hipótesis del accidente: que los mecanismos de prevención fueron puestos por los encargados de la estación Alpatacal, pero que no funcionaron adecuadamente, como tampoco las señales luminosas de aviso y las pirotécnicas.

Lo cierto es que el juez federal que entendía en la causa, el doctor Guiñazú, comprobó que el convoy que llevaba a los cadetes chilenos, viajaba a una velocidad mayor a los 100 kilómetros por hora. El personal de la estación realizó los procedimiento correctos de advertencia y que el maquinista no advirtió ni las señales de tránsito, ni las de emergencia.

El dictamen del juez responsabilizó a empresa BAP por este accidente.
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