Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:53 hs
A los 77 años, la reconocida locutora mendocina sigue al frente de un programa radial. La vigencia de una de las pocas humoristas que hizo historia en el dial local. Anécdotas.
domingo, 29 de mayo de 2005
Por alguna razón, es imposible tratarla de usted. Milka Durán -léase Sara Ofelia Carmona, tal es su verdadero nombre- no espera que ruede el grabador para soltar sus recuerdos sin pausa. Eso sí, cada tanto opone algún silencio o una carcajada ruidosa. Siempre los ojos bien abiertos, como si investigara con la mirada. “Nunca tuve la vocación de la radio. Mi mamá era empleada doméstica y nos mantenía a mi hermana y a mí: yo sólo quería ganar plata para que mi mamá no trabajara más. A los 11 me nombraron locutora estable de una radio y le dije: ‘Ahora me encargo yo de sostener la casa’. Desde entonces no paré más”.
-¿De qué te valés para hacer humor?
-Me surge espontáneamente. Ver y asociar, ésa es la verdadera función del cómico. En mí, lo descubrió Jorge Sosa hace más de 20 años; estaba en Nihuil y era locutora de turno. Me dijo: “Por qué esas cosas que decís fuera de micrófono no las decís al aire”. Con ese equipo de trabajo le sacamos el acartonamiento a la radio. Podíamos decir: “Qué flojos que estamos hoy, escuche LV 10”, mientras trabajábamos en LV 6. Terminamos con la rigidez de la radio.
-En tantos años, ¿qué fue lo peor que recibiste del público mendocino?
-Nada, mi relación con el público siempre fue feliz. Sí recuerdo las anécdotas cuando salíamos de gira con el radioteatro. En todas, no podía faltar “la madre”, “el muchacho bueno”, la “damita” y el “traidor”. Recuerdo una escena en la que el traidor le pegaba talerazos a la madre en el escenario... Entonces se subieron dos o tres: “¡Qué te creés, que le vas a pegar a tu madre!”, decían furiosos.
-¿Qué te faltó hacer en radio?
-He hecho de todo menos cantar. Y eso que fui cantante de tangos. Actuaba en un lugar que se llamaba Recreo, al aire libre, donde se sentaba la familia a tomar sangría, el licor de los mendocinos. Tenía 17 años. Pero en radio nunca se me ocurrió.
Días difíciles
“No uso lentes, tengo buena salud, y la misma voz de cuando tenía 11”, presenta credenciales. Milka rumbeó por todas las AM de Mendoza, sin embargo sus últimas dos “casas” son las más recordadas: después de 43 años de hacer micrófonos en Nihuil, se cruzó de vereda a LV 10, donde estuvo otros 6. A los 77 se animó a iniciar otro ciclo; desde comienzos de mayo participa en el programa La Oreja (conducido por Lucía Gallardo, de 8 a 12) en LV 8 Libertador. “A todos lados voy con mi único hijo, Gustavo. Él sabe tanto de radio como yo. Y siempre lo he llevado conmigo. Cuando no estaba en casa, la empleada tenía la consigna de poner la radio para que él supiera dónde estaba su madre. Fue difícil...”.
Sin aplacar la sonrisa, Milka asegura que iniciarse en la locución no fue más sencillo que sostenerse. “Antes trabajar en la radio era bastante fulero por lo que te decían la familia y los vecinos... ¡Era como estar en un cabaret! Por eso me cambié el nombre y me puse Milka Durán”, dice Sara Ofelia.
-¿Te lo hacían sentir en el barrio?
-¡Sí! “Aquella es una loca, quién sabe qué ha hecho para estar donde está”, decían. Y creían que los hombres eran todos cafishios. Y nada que ver, por supuesto.
-¿Cuál es la clave para mantenerte vigente?
-Es un don que Dios me dio, tengo buena salud, conservo la voz y las mismas ganas. De hecho, soy la única “sobreviviente” de mi generación.
-Si te ofrecen la programación de una radio hoy, ¿qué le sumarías?
-Le agregaría calor humano. Hay muchas grabaciones y mucha tecnología, pero nos olvidamos de que el oyente es el 90% de una transmisión radial. Debemos pensar que siempre hay que instruir a la gente.
Ping pong en el dial
El auditorio de LV8 Libertador está vacío en esta fría mañana. Detrás de las anécdotas de Milka, el salón comienza a poblarse con músicos de orquestas estables, artistas “caracterizados” del radioteatro, locutores de voces engoladas. “Hice muchas cosas en Libertador; recuerdo Buen Día Mendoza, conducido por Servando Juárez. Acá hacíamos presentaciones en vivo -señala-. Cuando empecé en la radio, y hasta los 60s, los músicos eran estables de la radio y tenían sus sueldos.”
-¿Cuál fue el mejor programa en el que estuviste?
-”Hola País”. Tuvimos una época muy linda, con un equipo de 15 personas hermosísimo.
-¿El mejor compañero?
-No es uno solo. Podría nombrar a Santos Humberto Giunta, Jorge Rivas Paz, Edgardo Palet, Mamaní Modal... Grandes personas que ya no están. Nunca me he peleado con nadie, siempre cuento hasta diez antes de saltar. No todo es atropellar. Comprendí que si grito es porque no tengo razón. Por eso mis compañeros me quieren. No distingo entre LV 8, LV 10, Nihuil; somos todos una familia...
-¿El mejor radioteatro?
-“Amancay”, que se emitía por Aconcagua. Tenía 17 años y hacía de bruja. Era la historia de un amor y de una chica que vivió intensamente. Al final, en el lugar donde se muere la protagonista nace la flor del Amancay. ¡Eso lo hacíamos en escena y a la gente le encantaba!
-¿Qué se perdió con la debacle del radioteatro?
-Muchas fuentes de trabajo. Cada noche era una presentación distinta; era como estar en el teatro. Económicamente costaba mucho, pero se sostenía con las grandes tiendas populares (El Guipur, A la Ciudad de Buenos Aires, etcétera). Aprendí mucho con Mary Lewis, que era de Buenos Aires. También con Mario Gabarrón (español) y Ricardo Galachi, con quien hicimos El Quijote hablado en castellano antiguo, algo muy difícil de lograr y que gustó muchísimo.
El frío salón de la calle Rioja vuelve a despoblarse. Milka agradece y se excusa señalando el estudio: “¡Llevamos media hora! Ya me deben estar extrañando…” Parte apurada. Se está por encender, una vez más, la luz roja.
Con libro propio
"Hablando de la Milka, un retrato humano y profesional de Milka Durán", es el libro realizado por Manolo Giménez, Leonardo Martí y Nilda Jiménez que acaba de aparecer en las librerías de Mendoza.
“Que nos pongan al día”
Milka está más allá del bien y del mal. Por eso, días atrás se animó a contar en Radio Nihuil una vieja anécdota que involucraba a José Luis Manzano (uno de los hombres fuertes del multimedio Uno). “Manzano, usted que es amigo de los jefes. ¿Por qué no les dice que nos pongan al día con los sueldos? ¡Estamos al salto por un billete!”, recordó ante el azorado staff de “Hola País”, que no tardó en pedir la pausa. “¡No sabía que era un directivo! Soy una persona franca y por eso a veces meto la de andar. Prefiero eso a la falsedad”, comenta.
Furcio histórico
No hay entrevista a locutora de fuste que no tenga su apartado dedicado a los furcios. Aquí está:
“En una presentación en un auditorio, paso un aviso de una casa de ropas. Y en vez de decir ‘pulóveres de pura lana’, dije muy suelta y clarito: ‘Señoras, pulóveres de puta lana’”. La carcajada es la misma de ayer.
Leonardo Rearte lrearte@losandes.com.ar