El arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia, presidió anoche la ceremonia de consagración.
La parroquia Asunción de la Virgen, en el barrio Ejército de los Andes, en el corazón de Dorrego de Guaymallén, tenía un destino muy cercano a la demolición al descubrirse en 2001 graves fallas estructurales. Pero, la decisión de los sacerdotes asignados al templo y la ayuda comunitaria de las barriadas de las inmediaciones, permitió remodelar y reconstruir el edificio, convertido ahora en un espacio moderno y con capacidad para 300 personas sentadas.
Ayer, en un oficio religioso fue celebrada la recuperación del inmueble y además se procedió a otro episodio de gran valor para la historia del lugar: la parroquia fue consagrada por el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia, en el marco de una gran celebración popular, a la que asistieron cientos de personas que rebasaron la capacidad del templo y muchos siguieron las alternativas de la ceremonia desde la calle, a través de una gran pantalla.
Y la consagración fue posible dado que la parroquia logró reunir las características arquitectónicas, ornamentales y litúrgicas que se requieren para estos casos y que son aprobadas por una comisión de Liturgia, que supervisa el propio arzobispo.
La ceremonia que otorga ese rango se consigue además depositando restos de religiosos venerados, en este caso un español y un italiano (ver recuadro aparte).
La parroquia, que enfrenta sobre la calle Dorrego a la escuela Rafael Obligado, es un punto de referencia para muchos habitantes del barrio que la cobija, el Ejército de los Andes, pero también atrae a fieles de las cercanas barriadas de Bancarios, Previsión Social, Universitario, 22 de Diciembre, 6 de Noviembre, Bombal, Policial y Alto Dorrego.
Muchos, en esos lugares, atribuyen este renacer edilicio de la parroquia a la voluntad y capacidad de hacer del actual cura párroco, Ricardo Quercetti, que fue dando los pasos para armonizar un proyecto y los medios para materializarlo, cuyo resultado es “un edificio de líneas esbeltas y modernas, pero también acogedor”, como lo definió la vecina Marta Duda, docente de Historia.
La obra, en la que se invirtieron $ 250.000, se pudo hacer merced a donaciones anónimas de empresarios (80%), aportes comunitarios (10%) y recursos propios (10%). Se realizó en siete meses, conducida por el arquitecto Alejandro D’Amanzo.
Historia del lugar
La piedra fundamental se puso en 1954, cuando el barrio se llamaba Juan Domingo Perón, un conglomerado de pocas casas, rodeado de campos incultos y viñas como recordó Ana María Sentinelli (88).
La parroquia fue creada en 1964, por los misioneros scalabrinianos, que en 1982 entregaron el templo a la Arquidiócesis de Mendoza, siendo su primer padre diocesano el recordado Jorge Gatto, fallecido hace algunos años.
Con el paso del tiempo, la edificación empezó a evidenciar deterioros serios, situación que eclosionó cuando Quercetti asumió la conducción y se puso en marcha un plan para recuperar el edificio, ahora dominado por un Cristo tallado en madera, del artista Otto Kopp.
Otra docente, Lilia Luna (60), sostuvo que varias generaciones fueron creciendo con la referencia de la sede, desde donde siempre se ejerció ayuda organizada en alimentos, ropa y hasta mobiliario para las familias pobres de la jurisdicción.
Hoy la comunidad se reunirá en una cena a la canasta, en el salón Francisco Sentinelli.
Es la segunda temporada de “gran poda”. Se dio a conocer un cronograma de trabajo.