Sergio Bruni parece querer olvidar las recientes desinteligencias en ameno diálogo con Bondino.
El primer anuncio de Miguel Bondino como ministro de Seguridad pareció satisfacer un reclamo vecinal y del justicialismo. Ni bien terminó el acto de asunción en el edificio de Salta y Huergo, de Godoy Cruz, avisó que comenzará con los contactos para traer a la Gendarmería y “ubicarla en algunos barrios”. Así la primera aparición del jefe de la Seguridad logró atraer la atención ya que el patrullaje de la fuerza federal es uno de los reclamos que resurge con cada brote de delincuencia urbana.
“Tengo previsto reunirme urgente con fuerzas como Gendarmería y Policía Federal para poder ubicarlos en algunos barrios. La idea es hacer todo lo que esté a mi alcance, es decir, veremos que esté en algunos barrios, en algunos accesos o puntos estratégicos”, sintetizó sin dar detalles el ministro. Todo en un ambiente denso por los comentarios cruzados entre los funcionarios salientes y los integrantes del nuevo gabinete formado por Julio Cobos.
Antes, exactamente a la 9.24, se escuchó la voz amplificada de Bondino: “¡Me hago cargo señor Gobernador!”. Las formaciones policiales rodearon a Julio Cobos y al exultante Bondino. El nuevo ministro tomó la posta del acto y le tomó juramento a sus colaboradores Omar Pérez Botti, como subsecretario de Seguridad, y Raúl Levrino en Relaciones con la Comunidad.
También declaró fidelidad el comisario Héctor Quiroga en la Dirección de Seguridad, que concentrará todo el poder policial administrativo y operativo de la fuerza, una de las medidas “contrarreformistas” impulsadas por Cobos (ver página 3).
Una buena cantidad de dirigentes radicales se presentaron en la asunción de Bondino. En ese contexto se notó que la tensión aumentó desde que el Gobierno entró en crisis a causa del asesinato de Susana Cruz, en la Quinta Sección.
El nuevo esquema de Seguridad dejó varios heridos entre las filas radicales. Gabriel Conte, que dejó Relaciones con la Comunidad, se mostró significativamente lacónico cuando le preguntaron sobre los cambios implementados por el jefe del Ejecutivo en el área. “Sobre eso no opino”, dijo el consultor en temas de desarme ciudadano.
Otro que mostró llamativa sinceridad a la hora de abandonar su cargo en la conducción de Seguridad fue el siempre polémico Mario Campos. El ex funcionario ratificó que planteó sus diferencias con el Gobernador y eso le valió su ida del ministerio. “Yo le dije al Gobernador que era un error poner a un jefe de policía al frente. Y aunque la última palabra la tiene él, se lo tuve que decir porque es una cuestión ideológica mía. No es conveniente por las internas que se pueden producir dentro de la Policía. Ojalá que tenga suerte, es lo único que puedo decir. Ahora me vuelvo a mi casa”, monologó Campos ante Los Andes.
Pero, quizá, la salida pública más esperada era la del senador radical Sergio Bruni. Por su peso político propio y por ser uno de los emblemáticos de la reforma de 1998, el legislador se mantuvo en silencio hasta ahora. Planteo sus diferencias conceptuales, pero mostrándose disciplinado ante la figura gubernamental (ver aparte).
El pragmatismo cobista
Dice Cobos que “el plan de Seguridad es operativo” y para refutar las críticas conceptuales señala que “se podrían escribir muchas páginas”. Pero prefiere concentrarse “en la fuerza y la prevención”. También reclamó que debe haber “una mayor coordinación con la Justicia”, ya que fiscales y jueces mezquinan las órdenes de allanamiento.
Sobre la política pragmática de Cobos, sus cuestionadores recordaron con ironía sus propios dichos, por los que Bondino salió eyectado de la Inspección General de Seguridad, en diciembre de 2003. “El gobernador electo dijo que pretende que el control del accionar policial sea más ágil y menos mediático”, decían las crónicas de esa época.
Es en la zona de la estación del ex Ferrocarril Belgrano. También criticaron a la comuna.
Funcionarios plenipotenciarios trabajan a pleno, pero se estima que la última palabra la tendrán los presidentes.