Experto en cabelleras

Roberto Schelfthout empezó hace 25 años en el oficio de cortar, teñir, peinar y, sobre todo, saber escuchar.

Edición Impresa: miércoles, 25 de agosto de 2004
Experto en cabelleras

Roberto Schelfthout, en su peluquería de Palmares, por donde pasó hasta Mauricio Macri.

Por Silvia Lauriente Foto: Orlando Pelichotti

A los doce fue empaquetador del Metro. Después vendió cerámica, levantó quiniela, fue mozo, trabajó en una playa de estacionamiento y en un sauna. Ahí descubrió que tenía habilidad con las manos. Confiado en su espíritu emprendedor, se decidió a desenredar los misterios de la peluquería. A 25 años de aquellos inicios, hoy Roberto Schelfthout tiene como clientas a las “top models” de los mendocinos.

En su salón de Palmares atendió a Grisel Pérez Ponce (la ganadora del Súper M), Agustina Córdova (la hija mayor de “La niñera”) y Carina Monteleone (cuerpo y rostro de Eva Miller). Pero no solamente las chicas de la pasarela eligieron a Schelfthout para que les “cambiase la cabeza”.

“Un día entró Mauricio Macri y me pidió que le cortara el pelo”, cuenta con naturalidad el estilista. El presidente de Boca Juniors se sentó sin prolegómenos en uno de los sillones junto al resto de la gente. Mientras indicaba el look que pretendía, se ocupó de tranquilizar las tijeras charlando sobre fútbol con el peluquero, que hoy festejará su día.

Por suerte no le tocó al empresario del jet-set padecer los percances del peinador. Cuenta Roberto que a lo largo de su carrera, lo peor que le pasó fue quemar dos veces el cabello. Una vez, alisando una melena y otra haciendo una permanente. El resultado del incidente fue que ninguna de las dos mujeres volvió a visitar al peinador.

-¿Qué es lo más raro que le han pedido en la peluquería?

- (Sonríe conteniendo la anécdota) Una vez entró una mujer y me pidió que le tiñera el pubis. Era una brasileña de 28 años que había llegado con una pareja de hombres que se depilaron con cera.

-¿Y la tintura.., la hizo?

-¡No! Porque no sabía cómo podía reaccionar esa zona con los productos químicos.

Con la clienta frente al espejo, la tarea del peluquero se emparenta con la de un confesor, un psicólogo o un asesor.

“Si tenés el pelo largo y entrás diciendo ´quiero cortármelo porque me cansé´, entonces venís segura ante el cambio. Pero si decís -quiero cortármelo porque después me va a crecer- ya estás dudando de la acción. Hay que escuchar lo que nos dicen y soltarles palabras para lograr la conexión. Eso es lo lindo de esta profesión”, asegura Schelfthout.

Rubias argentinas

Él disfruta de esa creatividad que logra con el peine como si se tratase de agitar una varita mágica. Por eso también reniega del clásico gusto nacional por “querer ser rubias” a toda costa. Para ponerlo en imágenes explica que en un aeropuerto internacional las cabelleras blondas delatan a las argentinas.

“Las mujeres europeas se entregan al coiffeur”, dice recordando los tres años que trabajó en Italia. Del otro lado del Atlántico, cuando entran a un salón es para producir una transformación que no pase desapercibida. Pasar del negro a un rojo intenso, o de tener cabello largo a usarlo a rapar la nuca.

Vacilantes, muchas señoras le piden ver en la computadora cómo quedarán con tal o cual peinado, pero como las imágenes son limitadas en variedad de estilos, él prefiere desechar ese método del antes y el después.

-De sus colegas locales, nacionales y extranjeros, ¿a quiénes toma como referentes?

-En la provincia admiro a Carlos Spigolón. Es un maestro, además me enseñó el oficio sin retaceos. Del país, a Andrea y de los internacionales a Jack de Saint, Aldo Coppola y Antoni Máscolo. Hay muchos buenos.

De ellos destaca la destreza con que combinan tonos y generan estilos. Si el peluquero pudiese elegir las cabezas para peinar en el festejo de su día, no se esfuerza demasiado en pensar. “Barbara Streisand y Carolina de Mónaco”, las dos por portar personalidades definidas.


Exclusivas para chicos

Si en la propia casa no es sencillo lavarle la cabeza a un niño, mucho menos es llevarlo hasta la peluquería. Algunos artilugios, tretas y estrategias que usan las mamás para convencerlos de las bondades de tener el cabello corto y limpio, es llevarlos a los salones que tienen juegos como distractivos.

Ese es el caso de Tijerita’s Kid o de El Peluquerito. En ambos locales los chicos se suben a una moto o al auto de la Barbie y se olvidan de la cercanía de las tijeras. “Hay papás que nos piden cosas insólitas. Como uno que quiso que lo rapásemos y le dejásemos una colita como la que usa un jugador de fútbol”, contó Claudia Perejamo, de Tijerita’s Kid.

La peinadora dice que los más difíciles de atender son los niños que rondan el año o año y medio. “Los tranquilizamos dándoles juguetes, contemplamos sus tiempos, hasta que podemos cortarles el pelo”.

En los locales del Shopping y de Jumbo, una computadora con jueguitos y el Play Station, amenizan la espera de los chiquitos. “Para las nenas se usará el cabello rebajado y las trenzas. Los varones lo llevan parado y con gel”, anticipa.


Con la moda en la cabeza

Teen agers: ”lo más” para ellas son los cortos. Se dejan las iluminaciones para pasar a los reflejos.

De 20 a 30: cortos bien definidos. Para las melenas largas desmechados en forma de gajos. Los flequillos largos vuelven con fuerza.

De 30 a 40: teñidos desgastados, las raíces se deja notar en los primeros 5 cm. Es el look de Shakira o Jennifer López.

Europeas: vuelven a los ondulados por permanente pero con rulos más sueltos que en los ‘80.

Para hombres: despeinados casuales, tinturas que cubren canas.
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