Con 49 obras seleccionadas

Entregaron los premios del Experimento 2004

El tema propuesto era “El agua”. Hubo dos premios en dinero y seis menciones.

martes, 14 de diciembre de 2004

A diferencia de ediciones anteriores, el Experimento 2004 contó con un primer premio de $ 3.000 y uno segundo de $ 2.000, otorgados por la entidad auspiciante, Hinisa-Hidisa S.A, ya que el tema propuesto fue "El Agua". Quienes obtuvieron mención honorífica serán recompensados con una muestra en el ECA para el año que viene.

De 59 propuestas fueron seleccionadas 49 y la instalación "De inventarios", de Elba Coria, Magdalena Monte, Tery Ponce y Marta Terraf ganó el primero, mientras que el segundo fue para "El barrio de San José a las cinco; memoria, sublimación, riesgo", de José Luis Molina.

Las menciones honoríficas correspondieron a "Agua: ¿vida o mercancía?", de Sergio Rosas; "Una sábana para la Difunta Correa", de Leonor Ortubia y Carmen Ramírez y "Amas de agua", de Pilar Bosia Acevedo. Las restantes menciones se dieron a "Sin título" de Ramiro Quesada, "Construcción cultural" de Mariana Giordanengo y Bustos van Vracen, "Sin título" de Patricia Benito Quintanilla y "Orígenes, de Verónica Aguirre y Andrea Barrera Mathus.

La propuesta que presentó "De inventarios" está basada en la idea de 'volver a las fuentes', obra de visión ecologista plasmada en una larga tira en zigzag que se prolongaba fuera del museo. El mismo grupo presentó "Cedazos, cribas, cernidores", módulos suspendidos que idealizan la naturaleza evanescente del agua, que atrapada en ellos crea una sensación de ingravidez. Aunque plásticamente es más interesante que el trabajo premiado, ya lo ha hecho y repetido Gyula Kosice.

El trabajo de Molina pone de manifiesto la capacidad creativa de este notable artista plástico, que aquí objetivó, con fuerte abstracción, el recuerdo de una inundación vivida en la niñez, resignificando el protagonismo del agua con valores estéticos que exceden la interpretación anecdótica.

Con el trabajo de Sergio Rosas se tuvo en cuenta el valor que el artista le asignó al agua, que no tiene precio, como la vida misma y que, sin embargo, se la cotiza como cualquier mercancía. Los elementos elegidos y la disposición le otorgaron a su instalación un toque de recinto sagrado, que ganó el favor de quienes lo premiaron.

Integraron el jurado Eneida Rosso, Inés Rotella, Oscar Zalazar, Hugo Masoero y Daniel Ponce.

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