San La Muerte, el hechicero milagroso

Su fama comenzó en Corrientes y tiene un santuario en Rivadavia. Promesas, ritos y agradecimientos en los diarios.

Edición Impresa: domingo, 28 de noviembre de 2004

Silvia Lauriente slauriente@losandes.com.Ar

Su nombre intimida, y su imagen tétrica termina por espantar al que no lo conoce. Contradiciendo su propia fisonomía, la calavera con guadaña no auspicia ritos macabros. San La Muerte, o “Sanla” como lo llaman sus devotos, es el personaje pagano más allegado al catolicismo que a las prácticas “non sanctas”.

Cuenta la tradición popular que hace unos 150 años, en los esteros correntinos del Iberá, vivía un médico brujo. Este “payé” (curandero en guaraní) fue un monje jesuita conocido por el poder de sus sanaciones. Tan efectivas eran, que aliviaba a los leprosos con oraciones y brebajes.

Su “magia” se popularizó de tal forma que el payé apenas tenía tiempo para llegar hasta la orilla del río, sentarse bajo la sombra de un árbol, meditar y juntar agua para llevar al leprosario.

En esos menesteres estaba, cuando las autoridades del pueblo junto a algunos sacerdotes cristianos lo encerraron con los leprosos acusándolo de hechicero peligroso. El monje no opuso resistencia, pero protestó ayunando de pie aferrado a una vara durante varios días.

Pasó un tiempo prolongado hasta que los carceleros lo encontraron muerto. Todavía estaba de pie como si algo milagroso lo sostuviese en esa posición. La calavera estaba enfundada en su túnica negra con las carnes consumidas mostrando la imagen de “piel y hueso”.Y fue a partir de este hecho sobrenatural que la creencia en las bondades del hechicero se propagaron postulando la fe en San La Muerte.

A cielo abierto

Si bien el santuario más importante está en Corrientes, en nuestra provincia también tiene un rinconcito para su devoción. Hace dos años inauguraron la primera gruta a cielo abierto en Rivadavia. Su dueño, Alfredo Paredes, eligió estratégicamente el predio al costado del canal Los Andes (ver aparte). En el distrito La Libertad, abundan las relaciones paisajísticas que recrean el lugar del santo pagano.

A la mansedumbre del agua que costea la imagen de San La Muerte, la completa un frondoso pimiento donde sus fieles se sientan a rezar. Ni la distribución de las plantas, ni las recomendaciones a los promesantes son azarosas, según explica Paredes, quien oficia de parapsicólogo en el Este mendocino. Con el grupo Alfa, que dirige, dispusieron por ejemplo dos higueras simétricamente podadas como portal. Pero lo que más impacta es el cartel que advierte “Se recomienda la no práctica o culto de brujerías relacionadas con daños.

“Acá se viene para pedir y agradecer. Si uno no le cumple o hace cosas de la magia negra, el santo es muy jodido”, previene Paredes. Esa suerte de corral que encierra a la estatua está revestido con banderas blancas y negras emulando el triunfo del bien sobre el mal.

Como el santo recibe los pedidos más insólitos, desde suspender un pedido de captura hasta conseguir un amor imposible; los souvenirs que le dejan son igualmente curiosos. Quienes lo asocian más con el personaje pagano que con el culto religioso, le dejan botellas de whisky para agradarlo. A la estatua también la flanquean cabellos humanos, ropitas de bebé, y envases vacíos de perfumes caros.

Colega de San Antonio

Si lo más común era pedirle a San Antonio para encontrar novio, San La Muerte no se le queda atrás en ese tipo de encargos. Sergio Orozco llegó hasta el santuario para suplicar que su ex novia vuelva a su regazo. Después de rezar noventa minutos debajo del pimiento, el tapicero juró regresar con los siete claveles rojos cuando el pedido se haga realidad. “Me avisaron que tiene poderes asombrosos y por eso vine. Voy a cumplir porque dicen que si no lo hago, se ofende y cobra con algo querido”.

Están en cambio, quienes prefieren honrarlo a través de la publicación de avisos en las páginas fúnebres de los diarios, como a San Expedito, otro santo pagano. El asunto es hacerlo famoso, a través de la difusión de sus beneficios.

Según el investigador Rubén Dri, en su libro “Símbolos y fetiches religiosos”, a San La Muerte se lo asocia en sus representaciones con el Cristo de la Paciencia. Esa imagen habría sido introducida por los jesuitas.

Pero el hermano Agustín Borzi, del Colegio Don Bosco, prefiere mantenerlo en el rubro de santos paganos: “Como hay quienes consideran que el mal mayor es la muerte, entonces confían en él para buscar una muerte mejor. Su función es la inmediatez para cumplir el pacto”.

Monje o hechicero, bondadoso o cobrador, San La Muerte es un fenómeno popular que hinca a miles de creyentes bajo el poder de su guadaña.


El más creyente de los fieles

Alfredo Paredes le prometió que si le concedía el deseo, se lo recompensaría a lo grande. El hombre es un parapsicólogo de Rivadavia y le pidió hace seis años a San La Muerte que lo ayudase a comprar una finca. Como el santito le cumplió, levantó el primer santuario a cielo abierto en el Este.

Pero ahí no terminó su muestra de agradecimiento. Paredes se convirtió en el “jefe de prensa” de la imagen. Entonces convenció a otras seis personas acerca de las bondades del gurú del Iberá. Ellos forman el Grupo Alfa, en alusión al principio de las cosas, y se encargan de “mantener armonizado el lugar”, según cuenta Paredes.

Por eso cuando encuentran fotos pinchadas con alfileres o cruces de sal “limpian” el santuario para evitar que se afinquen ahí las prácticas “non sanctas”. Y ante las dudas, Paredes insiste que la organización que “no es una secta”.

El acceso al santuario todavía es gratuito pese a que está en manos privadas. Y el último 15 de agosto, hasta el paraje llegaron 8 mil fieles para festejar el día del santito.
Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados