El reclamo boliviano y las relaciones argentino-chilenas

Ambos países se han equivocado en el manejo de tan espinoso tema, que tiene un siglo de antigüedad. La prudencia de la prensa es indispensable.

Edición Impresa: viernes, 16 de enero de 2004
El reclamo de Bolivia de obtener una salida al mar está causando, nuevamente, impacto en las relaciones entre Argentina y Chile. En este sentido, las clases dirigentes de ambos países han cometido una serie de errores que pueden empañar las relaciones bilaterales.

Del lado argentino, la acción del presidente Néstor Kirchner, en el sentido de entrevistarse con el líder opositor boliviano, Evo Morales, responsable de movilizaciones populares de claro corte antichileno, fue una falta de prudencia y de cortesía no sólo con el presidente constitucional de Bolivia, Carlos Mesa, y con la causa de la democracia en Bolivia, sino también con Chile, dado el perfil ideológico del mencionado dirigente.

Por su parte, del lado chileno también se ha manejado mal el problema porque se enfoca exclusivamente desde el punto de vista de la legalidad, sin tener en cuenta la legitimidad. Desde el punto de vista legal, de acuerdo al Tratado de 1904, el territorio pertenece exclusivamente a Chile. Bolivia ha perdido todos sus derechos sobre el espacio que ahora reclama. Es como la Constitución Chilena de 1980: es plenamente legal.

Pero junto con la legalidad, también hay que considerar la legitimidad de una norma. Así por ejemplo, muchos dirigentes chilenos consideran que la Constitución de Pinochet tiene bolsones de ilegitimidad: senadores designados, sistema binominal y demás mecanismos que mantienen una situación de democracia tutelada en Chile. Por eso, hay una corriente de opinión en Chile, tendiente a modificar esos aspectos en la Constitución, para que la Carta Magna resulte más legítima.

En el caso de Bolivia, este país no tiene argumentos legales; pero el pueblo boliviano y muchos países de América Latina consideran que es legítimo el reclamo de una salida al mar para Bolivia. Y esto es lo que no termina de entender la clase dirigente chilena.

La propuesta del presidente argentino, de crear un "Corredor de la Paz" en la zona limítrofe entre Chile y Perú para dar, de una vez, la ansiada salida al mar para Bolivia, coincide en lo principal con la propuesta formulada por el dictador Pinochet a Bolivia en 1975. Pero, de acuerdo a los tratados vigentes entre Chile y Perú, como ese territorio antes de la Guerra del Pacífico pertenecía al Perú, Chile no puede cederlo a Bolivia sin el acuerdo de Perú. Y Perú se opuso en 1975 a que se entregara ese corredor a Bolivia.

La semana pasada, el presidente de Chile, Ricardo Lagos, volvió a reflotar, elípticamente, la propuesta de Pinochet de 1975, al señalar que el problema de la salida al mar de Bolivia dependía de Perú. Con ello puso en foco las cláusulas señaladas, y recordó que la llave que puede abrir el candado de la mediterraneidad boliviana la tiene Perú.

En estas circunstancias, la propuesta que impulsa el presidente Kirchner es, en lo sustancial, la misma que propuso Pinochet hace casi 20 años y que insinuó Lagos la semana pasada.

En este sentido, lo mejor que puede hacer el gobierno de Chile, es trabajar en esta dirección: aprovechar toda la fuerza política y el respaldo obtenido por esta causa en el escenario internacional, para exigir definiciones a Perú y resolver de una vez el problema con Bolivia.

¿Por qué le conviene a Chile ceder estas tierras a Bolivia? Por varios motivos:

1- Soluciona una reivindicación que tiende a hacerse crónica, y enrarece las relaciones de Chile con uno de sus tres vecinos.

2- Mejora sensiblemente la imagen de Chile en el escenario latinoamericano, lo cual facilitará las condiciones para realizar su potencial de liderazgo político, institucional, comercial y cultural en la región.

3- Pondría a Chile en una elevada posición de autoridad moral, para encabezar campañas por la paz mundial y la convivencia pacífica entre los países.

4- Facilita las condiciones económicas y comerciales de la I y II Regiones de Chile, cuyo desarrollo depende de las buenas relaciones que se mantienen con Bolivia. El intercambio con Bolivia es casi irrelevante para la economía chilena. Pero representa el 50% del comercio de la I Región.

Por otra parte, esta compleja situación requiere de una prudencia muy especial en los medios masivos de comunicación. Estos tienden a fortalecer los enfoques nacionalistas en el manejo de los temas internacionales. Un buen ejemplo fue el caso del Beagle, en el cual la prensa argentina hizo un tratamiento deficiente del tema. Desde que se conoció el laudo arbitral favorable a Chile (mayo 1977) hasta que el gobierno de Videla se pronunció sobre el mismo (enero 1978), la prensa argentina orquestó una campaña masiva de oposición a la aceptación del laudo. En principio, Videla se inclinaba a acatarlo, de acuerdo a la larga tradición jurídica argentina. Pero la irresponsable actitud de la prensa nacional, pésimamente mal asesorada por los "expertos" de la Academia Nacional de la Historia, redujo totalmente el margen de maniobra del gobierno y lo forzó a rechazar el laudo. El resultado fue no sólo romper una tradición de 100 años de respeto a los resultados arbitrales y el derecho internacional, sino también la creación de una atmósfera belicista tendiente a la guerra. Frustrada la guerra con Chile por la mediación papal en diciembre de 1978, estas energías se orientaron hacia el Atlántico Sur y llevaron a la Guerra de las Malvinas, con sus nefastas consecuencias.

Esperemos que ahora, la prensa de los países de la región actúe con mayor prudencia.
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