El matrimonio gay desvela a los norteamericanos

La televisión, la Iglesia Episcopal, algunas escuelas y hasta una famosa cadena de supermercados, se muestran cada vez más tolerantes con el mundo gay. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses -incluido el presidente Bush- se opone a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Cómo incide la condena del Papa. Por Marina Walker

domingo, 17 de agosto de 2003

Por Marina Walker Desde Estados Unidos

Uno de los programas más populares de la televisión norteamericana, "Queer eye for the straight guy", es un talk show en el que hombres gay dan consejos a sus pares heterosexuales sobre cómo mejorar el look para tener una mejor performance en la conquista amorosa. La Iglesia Episcopal (protestante) acaba de aceptar que sus obispos sean homosexuales. El gigante Wal-Mart -el mayor empleador privado de EEUU- extendió su política antidiscriminatoria a los empleados gay. Y en New York ya funciona una escuela secundaria para chicos homosexuales, bisexuales y travestis: la flamante Harvey Milk High School.

Con estos datos cualquiera podría pensar que el tema gay está más que digerido en el país del Norte. Sin embargo la homosexualidad es hoy el centro de un debate feroz que promete instalarse de lleno en la contienda electoral que se aproxima: la legalización o no del matrimonio entre personas del mismo sexo.

La republicana Marilyn Musgrave prendió la llama en junio cuando propuso en el Congreso una enmienda a la Constitución que diga: "El matrimonio en EEUU consiste únicamente en la unión entre un hombre y una mujer".

Hace pocos días el presidente Bush tomó la posta y dijo en una conferencia de prensa que cree en "la santidad del matrimonio (entre un hombre y una mujer)", y agregó que "es necesario codificar esto de alguna manera".

Contra los pronósticos que uno podría arriesgar, una encuesta reciente de Gallup publicada por USA Today y CNN revela que el 52 por ciento de los norteamericanos se opone a la legalización del casamiento homosexual. Según los especialistas, la tolerancia de los estadounidenses en distintos aspectos -minorías raciales y sexuales, credos religiosos, discapacitados-ha crecido notablemente con cada generación desde los años '50. Aún así, el matrimonio es visto aún como un rito religioso, y la mitad más uno de los ciudadanos no quiere que se produzcan cambios sustanciales en esta institución.

Sin embargo, el restante 40 por ciento de la gente cree que la legalización del matrimonio homosexual -que ya existe en Canadá y Bélgica, entre otros países- ayudará al reconocimiento de derechos civiles de que hoy gozan las parejas heterosexuales, como obra social, herencia, bienes familiares, e incluso custodia de menores.

En cualquier caso, la pelea promete ser dura y los votantes pedirán definiciones a sus candidatos antes de las elecciones. Algunos analistas políticos ya adelantan que el tema estará a la altura del debate por la economía o la guerra en Irak. La mayoría de los popes demócratas, por su parte, aceptan las uniones civiles entre homosexuales, como las que hoy se permiten en el estado de Vermont, pero no el matrimonio gay. Correrse de esta postura podría significarles la pérdida de votos del ala conservadora del partido.

"Tal vez deberíamos sentir pena por el presidente Bush, atrapado como está en su mundo ultra-masculino de los años '50, mientras su país se vuelve homosexual y metrosexual (hombres heterosexuales con gustos femeninos, como las cremas faciales)", escribió días atrás la influyente columnista del New York Times y ganadora de un premio Pulitzer, Maureen Dowd.

No obstante, Bush parece no inmutarse demasiado. En tiempos electorales, el hecho de que más de la mitad de los votantes norteamericanos sean cristianos y católicos, es un dato que pesa a la hora de elegir qué decir y qué callar. Por otro lado, el Papa Juan Pablo II ya advirtió a los fieles de su iglesia que apoyar el matrimonio homosexual es “una grave inmoralidad”.

Para los homosexuales la legalización del matrimonio gay es una simple cuestión de igualdad de derechos. “Nunca he escuchado a nadie explicar por qué el casamiento gay significa una amenaza para el matrimonio tradicional”, dice Peter Dobrin, crítico de música de Filadelfia, quien vive en pareja con un productor de televisión desde hace 17 años. Ambos acaban de adoptar un bebé vietnamita. “Más bien parece que el matrimonio tradicional está haciendo por sí mismo un muy buen trabajo de autodestrucción, sin la ayuda de los gays”, disparó.

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