El colegio que donó una viuda

domingo, 19 de octubre de 2003

Salas de informática, laboratorios, talleres especializados, enormes jardines y playones para deportes. Hoy el colegio Compañía de María es una institución que imparte educación al mejor estilo XXI, pero hace un poco más de dos siglos innovaba al ser el primero y único colegio que integró a la mujer.

Corría 1780, y en Córdoba y en Buenos Aires había institutos que educaban a las niñas, pero sólo en catecismo, moral y tareas domésticas. Poco después, la Compañía aplicó un sistema de educación formal: lectura, escritura, cálculo, pintura; además de otros saberes.

Lo rico de esta historia está en la paradoja. En 1767 el virrey expulsa a los jesuitas del Río de la Plata y menos de dos décadas después acepta la creación de la Compañía de María en Mendoza, sin saber que manejaban el mismo sistema de educación y que sus religiosas también eran llamadas: las jesuitinas.

"Cristianizar al mundo", éste fue el carisma con el cual Juana de Lestonac creó la orden en Francia. Su vida -viuda, enferma y un deseo de preparar a la mujer para cambiar al mundo- coincide con la de Juana Josefa Torres de Ugalde, gracias a quien la orden llega a Mendoza.

Ella, al morir, donó todos sus bienes para que se instalara en Mendoza el Monasterio de la Buena Enseñanza. Cuatro años más tarde, en 1784, el rey Carlos III aprobaba la apertura.

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