Decía que la cosa es de ida y vuelta. De sus máximas nutrieron sus pensamientos políticos -nada menos- Tocqueville en Francia y aquí, entre otros, Alberdi y Sarmiento. Lo cierto es que François Guizot, solía afirmar que las instituciones son causa y a la vez, efecto. Que la sociedad las produce antes de ser, a su vez, modificada y retroalimentada por ellas. La sabia va y viene, sube de la gente a las instituciones públicas como demandas, exigencias o propuestas (a veces ordenadamente, a veces con llamas y ardores). Y luego vuelve, baja hacia el pueblo, como gestiones y políticas que, a su vez, recrean nuevas exigencias. Y así, sucesivamente. Nada concluye el día de las urnas o el del mando en la Casa de Gobierno o en la Legislatura. Arturo Jauretche decía a fines de los ’60, que "importa dónde se ponen los votos hoy, pero lo más importante es dónde estarán el día en que haya que ejecutar el programa de gobierno, cuando haya que gestionar en los hechos". Sostenía el vasco que ese juego de la demanda, la propuesta y la gestión pública, se recrea en un ida y vuelta casi permanente. Y advertía sobre las consecuencias de la soberbia y de los oídos impermeables. Sugería tener las orejas muy atentas cuando se está en las poltronas del mando (no importa si al principio o al final del mandato concedido). Y moderar las irritaciones ante los tirones de orejas que a veces vienen de abajo. Es más, decía que el buen dirigente se nutre de ellos.
Broncas y diálogos
De esto me acordé el miércoles, cuando Roberto Iglesias y algunos de sus ministros ardieron en una calentura casi frenética. Fue el día en que las comisiones del Diálogo Argentino en Mendoza (los credos religiosos y las ONG, fundamentalmente), dieron a conocer la primera parte de su análisis y sugerencias. Como antes lo habían hecho los empresarios y la dirigencia política en "la Agenda" del quincho Panella. También lo del Diálogo es análisis y propuestas sobre salud, educación, niñez y adolescencia, economía y trabajo, particularizando en la necesidad de las tantas veces proclamadas reformas política, electoral, del Estado y de la Justicia. En la "Agenda" del quincho (a la que también Iglesias le desconfió desde su origen), los empresarios y políticos particularizaron en lo económico, fiscal y las reformas pendientes. Lo del Diálogo apunta a las consecuencias sociales de la crisis, sin desatender los caminos de la economía, el trabajo y la Justicia. Ambos -sin perjuicio de los avisperos que puedan remover- constituyen una formidable radiografía de la realidad y de las demandas puntuales de la sociedad mendocina. Es más, hay coincidencias notables en la mayoría de los rubros.
Es que las tapas de los diarios priorizaron las crudas cifras de la miseria y las falencias sociales que imperan todavía en Mendoza ("El 68% de la población del Gran Mendoza recibe menos de 7,26 pesos diarios -la línea de la pobreza-; 4 de cada 5 embarazadas o niños de hasta 13 años soportan carencias altas o muy altas en el Gran Mendoza", enrostraba entre otras lacras sociales). Entonces, en el Barrio Cívico y en la UCR sobrevino un ataque de adrenalina que desbocó a varios funcionarios. "En medio de la campaña, estos tipos no pueden salir con esto, como si no hubiéramos hecho nada, como si esto fuera Biafra", bramó uno de los ministros de la mesa grande de Iglesias. Ese es el tema, en realidad: la campaña. Es decir, el problema no es lo que desnuda el documento, sino cuándo lo hace. Es que Iglesias y sus exégetas han planteado la dialéctica de campaña ante la gente, como 4 años de ordenada reconstrucción después del Apocalipsis peronista. Y entonces, estos datos de la realidad contrastan con esa línea electoral. Los de Amstutz se callaron la boca: sus anteriores conducciones no son de ninguna manera ajenas a la realidad que desnuda el informe del Diálogo. El varieté tenía algo de irónico: Iglesias -que tuvo que ponerse al hombro la campaña para empujar a Cobos- increpó al PJ echando mano a aquello tan peronista de que "la única verdad es la realidad". (¡Cosas vederes, Sancho!). Que es en definitiva lo que hizo la mesa del Diálogo: fotografiar la realidad. Probablemente, el momento elegido pueda discutirse: si mucho antes para los candidatos que armaban propuestas; si después del 26 para los elegidos que se estarán preparando para gobernar. Tal vez.
Lo cierto es que, dueño y señor del rostro oficialista, Iglesias desnudó flaquezas al saltar así, herido y quejoso, al borde del exabrupto contra el aporte de una mesa de la comunidad. A la que además fueron invitados oportunamente y que menospreciaron hace varios meses atrás (cosa que tampoco disimularon con "La Agenda"). De la misma manera los candidatos de la oposición no pueden enancarse en las conclusiones del Diálogo -crudas, hirientes para todos- ni esgrimirlas como ariete de campaña: ellos no aterrizaron ayer en esta Mendoza, que viene en caída social hace ya varias gestiones. Están implicados en esa realidad.
El mensaje de las mesas
Las dos mesas y sus informes nacieron de la profunda desconfianza y falta de credibilidad de la sociedad sobre las instituciones y la dirigencia de todos los ámbitos. Se gestaron en distintos ámbitos, pero tienen sin embargo mayoritarias coincidencias en lo institucional, en lo económico, en lo social y en los caminos políticos. Hubo, es cierto, afán de protagonismo de un par de dirigentes, tanto en la mesa del quincho como en la del Diálogo. En general hay una obvia crítica a las deformaciones de la política y al autismo de los políticos, pero ninguna de las dos mesas los niega como instrumentos de la democracia. Los dos piden mejoras y renovaciones -sobre todo en los canales de participación y en el control ciudadano- pero ambas reconocen el papel del partido político y del ejercicio representativo. La simple lectura de los dos documentos no sólo perfila un programa de proyección estratégica para Mendoza: marca también un clarísimo camino demandado a la dirigencia política, empresarial y social, con precisión a la hora de definir los problemas y los mecanismos de solución. Es más, este grado de compromiso de "las dos mesas" en Mendoza, podría ser mostrado en la vidriera nacional y mundial como un ejemplo de compromiso envidiable para cualquier dirigente con aspiraciones serias y honestas de conducir el crecimiento con justicia de su comunidad. Valor agregado local, digamos.
En la reacción de los candidatos a estas mesas, posiblemente esté la evidencia de lo que en realidad son. En la bronca, en el silencio o en la adopción sincera de estas sugerencias, hay toda una definición. Para tener en cuenta el 26, claro.
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