A 33 años del trágico aluvión

La crecida de los canales, por la lluvia y la rotura del dique Frías, ocasionó un aluvión que dejó un saldo de 21 muertos y pérdidas materiales por 5 mil millones de pesos. Los mendocinos vivieron horas de angustia y desesperación.

Edición Impresa: sábado, 04 de enero de 2003

Por Luis A. Fermosel Fotos: Archivo Los Andes

Era una tarde tranquila de 4 de enero. En aquella época no existían los shoppings, por lo que la gente se preparaba para “venir” al centro. Pero el calor sofocante propio de la época y la humedad surgida de cuatro días de lluvias demoraron las salidas. Los nubarrones, negros, estaban hacia el lado de la “boca del río” y, como decían los viejos de antaño, ello preanunciaba una tormenta de proporciones. Había llovido ese día en la zona del pedemonte y el agua bajaba desde los cerros hacia los vertederos naturales hasta detenerse en los diques de contención que rodean la ciudad.

La naturaleza pudo más que los cálculos más finos de los ingenieros y el dique Frías, ubicado en Godoy Cruz, comenzó a desbordarse hasta que se rompió, provocando que el agua bajara con fuerza inusitada hacia la ciudad.

La imagen posterior quedará grabada para siempre en muchos de los que hoy peinan canas. La calle San Martín quedó desbordada por un torrente de agua y lodo de casi un metro de alto, que arrastraba todo lo que encontraba a su paso. Mesas, sillas, automóviles y muchos transeúntes desprevenidos y sorprendidos eran llevados como papeles por la corriente. Algunos lograron salvarse tomándose de un árbol o de los semáforos que por entonces se ubicaban en el centro de la arteria (donde anteriormente estaban las garitas de tránsito) o eran socorridos por gente desde los edificios. Otros no corrieron la misma suerte y pasaron a engrosar la lista de 21 (19 en el Gran Mendoza, uno de San Martín y otra de San Rafael) víctimas fatales.

Fue el 4 de enero de 1970 y por esas extrañas casualidades ese aluvión –uno de los más grandes que afectó a Mendoza- pudo ser visto por miles de mendocinos. En aquel entonces no existía la televisión por cable y la gente centraba su atención en los canales 7 y 9. Canal 7, precisamente, tenía sus estudios en la intersección de San Martín y Garibaldi y los camarógrafos -a través de las ventanas- pudieron captar nítidamente la angustia de quienes desde los edificios veían crecer el agua en la calle y la desesperación de los automovilistas por abandonar sus rodados y buscar una tabla de salvación.

Muchos más, aquellos que viajaban desde el Este, el Norte y el Sur, tuvieron la suerte de no poder llegar a la ciudad. El puente Olive, que conectaba con Luján por calle Cervantes (todavía no existía el Acceso Sur) había sido arrastrado por el agua; los que vinculaban con Guaymallén estaban en pie pero el agua había desbordado el Cacique Guaymallén y los dejaba intransitables. Lo mismo ocurría con todos aquellos que unían a la ciudad con Las Heras como consecuencia de la crecida del zanjón de Los Ciruelos.

La tragedia

La tragedia comenzó poco antes de las 18. El agua que bajó desde el dique colapsó el zanjón Frías. Se rompieron las lozas de los costados y los socavones en la tierra de los márgenes arrastraron viviendas y todo lo que encontraran en las cercanías. Como toda la red hídrica estaba colapsada, el agua y el lodo buscaron otra salida. Y la encontraron en calle San Martín.

La crónica de Los Andes es dramática. “Un furioso torrente de agua marrón descendió de los cerros, colmó la capacidad de los zanjones y desbocó por todas las calles de la ciudad”, decía. Más adelante señalaba que “casi a las 18.15 vimos bajar, rugiente, el agua por la avenida San Martín. El primer frente comenzó a llevarse sillas y mesas ubicadas en las veredas. Poco después aumentó considerablemente el caudal de la crecida y los automóviles estacionados comenzaron a flotar. Primero se movió un coche chico y seguidamente los más grandes. La avenida San Martín se llenó de chapas que crujían”, decía el periodista.

La crónica continuaba indicando que un Citroën estacionado frente al City Bank “con una familia en su interior (inclusive una criatura de meses) fue arrastrado por el agua. Afortunadamente 20 metros antes de llegar a Sarmiento chocó contra un árbol y fue encerrado por otros vehículos. Los serenos de una obra en construcción ayudaron a la familia a descender”. Inclusive en la puerta de Los Andes se formó una cadena humana para rescatar a otra mujer que estaba en una situación desesperante.

“Contra un árbol de la vereda del Automóvil Club chocó el cuerpo de una mujer de edad. Inconsciente, fue recogida y trasladada hasta el hall de un edificio donde vive un médico que le prestó las primeras atenciones”.

Hubo caos y desesperación durante la más de media hora que duró la pesadilla. Cuando pasó, las escenas eran propias de una guerra. “Aparecieron los camiones de bomberos y las ambulancias que, con sus sirenas e insistentes toques de bocinas, aumentaban la imagen de la desgracia”, decía la crónica.

Las pérdidas habían sido cuantiosas (calculadas en 5.000 millones de pesos de aquella época) y las informaciones posteriores fueron más dramáticas aún. El agua había arrastrado viviendas en los barrios aledaños al zanjón de Los Ciruelos, arrancó la pasarela ubicada a la altura de calle Cipolletti y se llevó columnas de cemento. El puente “recientemente habilitado” sobre el zanjón Frías, en Paso de los Andes y Moreno, en Godoy Cruz, había sido batido violentamente por las aguas. En el barrio Cívico, el agua inundó los sótanos de la Casa de Gobierno, mientras los jardines estaban cubiertos de agua, tambores de gasoil, postes, cajones, muebles, ropas y raíces. En la Cuarta Sección, las calles Coronel Díaz, Montecaseros e Ituzaingó se habían convertido en verdaderos ríos, mientras Las Heras vivía horas de angustia, especialmente en los barrios Independencia y Espejo.

El aluvión tuvo repercusión internacional. El presidente Juan Carlos Onganía viajó a Mendoza para interiorizarse de la situación y se reunió con el gobernador José Eugenio Blanco, mientras desde Chile llegó ayuda por vía aérea.

Mendoza, una zona sísmica, había vivido otra jornada trágica, pero no por un terremoto...
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