Jorge Nazrala
viernes, 13 de septiembre de 2002

Músico for export

Hace once años este pianista y cantante mendocino, decidió viajar a Austria para continuar su especialización. Hoy, con mucha y valiosa experiencia, ya tiene ciudadanía europea y planea instalarse en Alemania para continuar trabajando.

Por Patricia Slukich pslukich@losandes.com.ar

Jorge Nazrala (37) es uno de los tantos talentos que han salido de nuestro país para nunca más volver, al menos en calidad de habitantes permanentes del territorio. Y es que la crisis, y la lejanía de nuestras tierras respecto de los centros culturalmente poderosos, son vallas que se tornan insalvables para aquellos artistas que buscan crecer en su profesión. Sin embargo, el magnetismo de las montañas y la fuerza de los afectos, en muchas ocasiones mandan. Por ello Jorge, como muchos otros artistas que se han ido a triunfar en el exterior, vuelve cada tanto a Mendoza para hacer una actuación o atenuar la nostalgia de la lejanía.

Jorge nació en San Luis, pero nuestra provincia fue su tierra adoptiva. Aquí creció y sintió la fuerza de la música en sus entrañas  cuando, un día, asistió a un concierto de Bruno Gelber (hoy su amigo).

Apenas concluyó su carrera en la Escuela Superior de Música de la Facultad de Artes de la UNCuyo, en el ‘91, decidió poner proa hacia el continente europeo y establecerse en uno de los países más fuertes, musicalmente hablando: Austria. Primero tomó clases de canto con el maestro Richard Capdevila, y luego se llenó de coraje para cruzar el océano, rendir un riguroso examen de ingreso (se presentaron 75 profesionales y sólo 4 ingresaron) en la Musikhochschule Wien (Escuela de Música de Viena) y buscar un trabajo con el que pudiera sostener esos estudios.

La suerte y, nuevamente el talento, estuvieron de su lado: ingresó (también en el ‘91) en uno de los coros más importantes de música contemporánea de aquella época: el Österreichischer Rundfunkchor (Coro de la Radio y Televisión Austríaca), con el cual trabajó hasta su disolución, en 1995. “Apenas llegué a Austria salí a buscar trabajo. Así me encontré frente a un edificio gigantesco donde me iban a hacer una audición para participar de un coro. Yo no tenía ni idea de qué coro se trataba y resultó ser el de la radio y la tv austríaca, uno de los mejores coros para música contemporánea. Creo que la inconsciencia fue lo que me hizo hacer muy bien esa audición y me tomaron. Así que apenas llegué a Viena ya tenía un excelente trabajo y además estaba en la escuela de música”.

-¿Cómo fue que se dio tu viaje a Austria?

- Yo terminé mi carrera aquí, también había estado trabajando con el Coro Universitario, que en esa época dirigía el maestro Vallesi; era jefe de cuerdas. Pero sentía que en este lugar no podía desarrollarme. Acá la lucha por el crecimiento profesional es desleal, en el sentido de que se plantea un ascenso basado en el ‘subo porque te bajo a vos’, hay mucho celo profesional; y, en el fondo, creo que en eso reside la pobreza. Yo noté que no tenía apoyo, excepto el del afecto que me brindaba mi familia. Entonces decidí irme e intentar en otro lugar. Antes de viajar a Europa, estudié tres años en Buenos Aires. Después me propuse ir a Austria. Me acuerdo que tenía 400 dólares para el pasaje y apenas unos poquitos pesos más, así que imaginate en la situación que estaba cuando llegué.

Desde aquellos lejanos tiempos hasta nuestros días, Jorge ha desarrollado una carrera sumamente interesante. Se desempeña como profesor de piano y canto y también dirige el Coro de la Escuela de Música.

“Siento que poder tocar dos instrumentos es una riqueza que me ha permitido no encasillarme”, dice refiriéndose a su profusa actividad como intérprete, tanto en el canto como en el piano. Así, desde hace un tiempo y hasta nuestros días, Jorge Nazrala ha realizado numerosos recitales en diversas ciudades de Austria, en Italia, Alemania, Francia, Strasburgo y España, junto con el coro al que perteneciera, e incursionó con éxito en el repertorio operístico, con obras como Don Giovanni, Bodas de Fígaro y El barbero de Sevilla.

También ha interpretado el piano, como solista o acompañando a cantantes, en múltiples oportunidades. “El maestro Grau solía decirme, refiriéndose a la gran cantidad de pianistas que hay en Europa, ‘vos tirás un tiro al aire en Francia y matás a un pianista -cuenta Jorge entre risas- y es cierto, en Europa la competencia en piano es atroz. Por suerte yo también practico el canto”.

Ha recibido (hace cuatro años) la ciudadanía austríaca como un gesto honorífico por su calidad de artista, ha culminado con éxito las dos maestrías que iniciara en la Escuela de Música y planea instalarse una larga temporada en Alemania, para “conseguir un contrato estable. Es la mejor manera de adquirir experiencia”, asegura.

Sin embargo, hace un tiempo, algunos nubarrones empañaron el reflejo brillante de sus éxitos, y gracias otra vez a la suerte fue un traspiés que lo sorprendió pisando la tierra de ésta, su vieja patria: una severa enfermedad lo atrapó de improviso. El saldo de aquella experiencia, fue para él un aprendizaje inconmensurable: “antes yo me creía dueño del mundo. Nada me había costado demasiado, todo lo que me había propuesto lo había conseguido: estudiar en Europa, desarrollarme allí como artista, ser valorado profesionalmente en ese lugar. Pensaba que nada me podía tocar.

“Hoy sé que soy falible, que tengo límites. Por eso, cuando pienso en nuestro país, lo veo como inmerso en un proceso parecido al que yo viví en lo personal -añade con firmeza-. La Argentina está viviendo un duelo grande, está sumida en la tristeza, como yo lo estuve en aquel momento, pero justamente fue la enfermedad la que me enseñó que luego de ese duelo viene la esperanza, por eso es que creo que siempre hay que luchar”.

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