Las difíciles condiciones climáticas de la Antártida le están dando pelea al rompehielos Almirante Irízar y al Magdalena Oldendorff. Ayer debieron detener su marcha hacia mar abierto porque el hielo les obstruyó el paso. El camino que a duras penas abre el Irízar se cierra casi de inmediato, sin darle tiempo de avanzar al buque alemán.
Ahora, las dos naves esperan en el Mar de Weddell que mejoren las condiciones climáticas y glaciológicas, y no se descarta que tengan que invernar en el lugar hasta que empiece el deshielo.
Las embarcaciones avanzaban dificultosamente, a sólo 4 kilómetros por hora. Pero ayer se detuvieron obligadas por el hielo compacto, los vientos de 140 kilómetros por hora y las tormentas de nieve. Están rodeadas por un gran desierto blanco con temperaturas de 24 grados bajo cero y una sensación térmica de 38 grados bajo cero.
"A través de los vuelos glaciológicos, realizados por los helicópteros de la Aviación Naval embarcados en el Irízar, se constató que los buques están rodeados por un campo de hielos viejos, casi sin aberturas y con témpanos de diversos tamaños”, dijo el capitán Alberto Miguel Scotto, jefe de prensa de la Armada Argentina.
La gente se prepara para venerar mañana al Patrono que, según la creencia, nos protege de los terremotos.
En Los Penitentes 600 personas esperan que mejore el tiempo. Recién el viernes podría habilitarse la ruta para los autos.