Nota del 9 febrero de 1990.
El jueves 8 de febrero de 1990 la Ciudad amaneció conmocionada por una noticia. Una mujer de 80 años había aparecido muerta en la cama de su casa de Martín Zapata y Martínez de Rozas de la Quinta Sección. Los asesinos la habían torturado para sacarle joyas, antigüedades, artículos del hogar y 150 mil australes, una cifra considerable para aquellos años en los que el menemismo gateaba.
Los policías de la época dieron con el cuerpo de Ana María Fernández de Alonso, abandonado de un modo poco usual en el ámbito del crimen: sus asesinos la habían atado de pies y manos a los extremos de la cama matrimonial y después la habían asfixiado con una bolsa de residuos con la que le envolvieron su cabeza llena de canas.
En su momento el caso acaparó la atención de la opinión pública porque se trataba de una mujer conocida de la Quinta Sección. Por eso, los efectivos de aquellos años lo tomaron con especial atención y al cabo de unos días había tres personas identificadas y vinculadas con el homicidio: Nidia Peña (22), Ariel Moyano (23) y Oscar Molina (24). Los dos primeros fueron atrapados días más tarde.
Molina escapó al cerco policial y recién fue recapturado hace días en Guaymallén, a más de doce años de cometido el homicidio. El caso no prescribió. (ver aparte)
El asesinato de la anciana, tal como lo bautizó la prensa de entonces, fue a juicio oral y público dos años más tarde, a mediados de 1992.
Pero a la cita con la Justicia sólo asistieron Peña y Moyano. Para entonces, Molina, el prófugo, se encontraba en el partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires, donde se desempeñaba como operario de una empresa que fabrica repuestos de autos.
Durante el juicio por homicidio agravado seguido de robo, Moyano fue condenado a diez años de prisión, y los jueces fueron benevolentes con la chica ya que la sobreseyeron de los cargos.
Al parecer, ella no intervino directamente en el homicidio de Ana María Fernández de Alonso aquel día de febrero de 1990. El beneficio de la duda hizo el resto.
El caso se perdió tapado por otros sucesos que ganaban las portadas de los periódicos de la época. Sólo se quedó con un condenado (Moyano), una sobreseída (Peña) y un prófugo (Molina, quien para entonces ya había formado una familia en la zona norte del partido de La Matanza.
Pero se reabre ahora con la aprehensión de Molina, quien puede ir a juicio oral por el caso que ahora lleva el juzgado de la magistrada Iris Guarna.
En tanto, Ariel Moyano, el único condenado por el hecho, se fugó de la cárcel de Mendoza en 1996 después de que fuera pasado a la fase de confianza.Desde entonces, continúa como prófugo.
La captura
La cacería del hombre, que ahora tiene 36 años y que era buscado desde hace doce acusado de ser uno de los autores del homicidio de la mujer, se llevó a cabo días atrás por gente del Personal de Observación de la Subjefatura Centro de la policía local, con sede en la seccional Primera del Centro.
Oscar Molina fue visto en varios de los llamados clubes del trueque que se llevan a cabo en distintos colegios del departamento de Guaymallén.
Algunos policías que no se olvidaron del caso, tenían el dato de que Molina estaba en Mendoza y que en breve retornaría a La Matanza.
Hace cuatro días, en la escuela Córdoba, que queda en Cañadita Alegre y Bandera de los Andes, lo vieron.
Molina se subía a una Trafic con la intención -tal vez- de movilizarse a otro club del trueque. Antes de llegar a su destino, el hombre fue aprehendido por policías de civil, que tuvieron bastante trabajo para apresarlo porque estaba claro que Molina -después de doce años de huir- no se entregaría mansamente.
Los efectivos se identificaron como policías y le dijeron que quedaba detenido por el homicidio de la mujer de Martínez de Rozas y Martín Zapata. Molina fue derivado a la seccional 3ra. y se sabe que a partir de ayer está en Contraventores a la espera de verse con la jueza Guarna de Romano por ese asesinato de hace más de doce años.
Ocurrió ayer a las 6 de la mañana en Luján de Cuyo. Un R19 y una camioneta chocaron de frente. Murieron los dos ocupantes del vehículo menor.