El sábado a las 16 falleció en el Hospital Notti Cecilia Algarilla, la nena que recibió un piedrazo el 21 de este mes mientras viajaba en un colectivo de la línea 260.
Cecilia iba sentada en la falda de su hermana Maira, de 16 años, junto con su tía Viviana Miranda y dos primitas, una de ellas un bebé. Volvían de festejar el cumpleaños número nueve de Cecilia cuando alrededor de las 23, al llegar al cruce de Famatina y Bandera de los Andes de Rodeo de la Cruz, una piedra entró rompiendo la ventanilla y le provocó traumatismo de cráneo y la pérdida de un ojo.
La policía cree que la piedra salió de las manos de algunos de los muchos menores que a esa hora se dedican a apedrear las unidades que pasan por la zona. Pero hasta el momento la investigación acerca de qué sucedió aquella noche no ha arrojado ningún resultado.
“La habíamos llevado a los jueguitos” contaba ayer su hermana, quien ahora va a tener que recibir tratamiento psicológico porque se siente culpable por no haber podido hacer nada para evitar que la piedra golpeara a Cecilia.
Maira Algarilla cayó al suelo sin poder levantarse mientras Cecilia desmayada no paraba de perder sangre. Sin embargo, a pesar de que estaban muy cerca del chofer y el resto de los pasajeros gritaban que se detuviera, el conductor siguió su recorrido.
Finalmente, Moira bajó con un señor que la ayudó a levantar a su hermanita en una clínica privada que se estaba cerrada. Igualmente, allí había un patrullero al que se subieron y luego cambiaron por otro más rápido, que los transportó el Notti donde Cecilia permaneció en terapia intensiva hasta que murió el sábado pasado.
“Sólo queremos que esto no vuelva a suceder y que ese chofer no salga más a la calle” comenta aturdida Norma, la mamá de Cecilia.
No es la primera vez que este tipo de incidentes ocurre en la calle Bandera de Los Andes, sobre todo en el trayecto desde Tirasso a Famatina. Se trata de una zona muy oscura en la que algunos deciden ‘divertirse’ arrojando piedras a los colectivos. De hecho, un sobrino de la familia ya había vivido un episodio similar, con la diferencia de que él vio venir la piedra a tiempo de agacharse y esquivarla.
Por otra parte, el colectivero en cuestión continuó con su recorrido habitual luego de dejarlas en el patrullero y la empresa de la línea 260 no se ha comunicado con la familia para saber qué sucedió con la nena.
Sin embargo, a pesar del dolor, Raúl y Norma Algarilla decidieron donar los órganos de su hija, que ya tenía muerte cerebral.
Cuando una doctora les preguntó si eran donadores, los papás lo discutieron y decidieron que “Así ella va a estar viva en algún otro chico”.
Ocurrió ayer a las 22 en un estudio jurídico de la calle Chubut. El hombre se resistió y le dieron un tiro por la espalda.