¿Los argentinos estamos preparados para salir a largo plazo de la crisis o estamos buscando una solución mágica que nos ahorre esfuerzo y sudor?
lunes, 07 de enero de 2002
Los sufrimientos son necesarios para salir de las crisis, y en el caso argentino, la enfermedad es larga y crónica. Su curación exigirá una dureza extrema, como las que padecieron Japón y Alemania.
Dos estrellas y un estrellado
El historiador Raúl Alfonso, en “El esfuerzo (milagro) alemán”, explica que la nación europea -que tras la Segunda Guerra vivía una fuerte inflación, una moneda rechazada para transacciones económicas, sin reservas de oro y divisas, plagada de corrupción y especulación, y la actividad paralizada por la incertidumbre-, salió adelante gracias a las reformas impuestas por el ministro Ludwig Erhard. Las mismas -de corte liberal-, fueron rechazadas por los partidos políticos, sindicatos y empresarios.
Se creó una nueva moneda (Deutsche Mark) con paridad 3,33 al dólar. Un nuevo sistema central bancario, para asegurar la estabilidad monetaria. Se pasó de una economía planificada a una economía de mercado para fomentar la iniciativa privada. El Estado creó un marco adecuado para que, a largo plazo, hubiera suficiente formación de capital fijo y humano, y se modernizara continuamente el aparato productivo con la consiguiente creación de puestos de trabajo. Según Raúl Alfonso, el gran subsidio recibido de Estados Unidos -el Plan Marshall- no fue el verdadero artífice de esta “estrella alemana”.
La Argentina menemista, si lo analizamos, intentó hacer lo mismo, pero se “estrelló”.
Japón se convirtió en estrella mucho más rápido que Alemania, con el mérito de transformarse en una potencia mundial sin ser un imperio militarista, como Estados Unidos. Un artículo del US News and Word Report decía: “El Japón no creó sus oportunidades: antes bien, las vio y ha sabido aprovecharlas. Japón descubrió que las superpotencias destinaban mucho ingenio en lo militar pero poco en esa iniciativa a los que debían su condición de superpotencia”.
¿Qué hizo una isla con un 14% de superficie cultivable, sin materias primas como el carbón, hierro y petróleo, con algo más de 120 millones de seres, para tener la mejor balanza comercial del mundo y ser la tercera potencia del planeta?
Con elementos históricos, culturales, sociales, culturales y políticos, combinados de una manera óptima para la economía y prosperidad del Sol Naciente, se logró un éxito en base a los siguientes elementos: un pueblo extremadamente trabajador y excelentes dirigentes empresarios. Etica japonesa: “fomentar la productividad es una manera de practicar la virtud” (Shibusawa Eiichi, fundador del Dai Ichi Bank. Cada trabajador en una empresa asumía una participación social y moral muy profunda. Las decisiones se hicieron de abajo a arriba. Los sindicatos se encargaban de unir al trabajador con su empleador. La unidad de la fuerza laboral echaba raíces en la educación escolar, donde se enseñó a poner énfasis especial en la importancia de participar con entusiasmo en los proyectos de grupo, a generar propuestas e ideas productivas, y solucionar problemas. Solidaridad, porque al tratarse de un país pequeño y sin recursos naturales, formaron una mentalidad de trabajar juntos para superar obstáculos.
El gobierno redujo impuestos para que las empresas pudieran producir y vender. La prioridad de los directivos es el personal. El enriquecimiento raramente es su objetivo: prefieren el progreso y la expansión que el provecho monetario.
El confucionismo, una de las principales creencias del Japón, tiene como base moral el valor de grupo sobre el valor individual y mantener una relación solidaria con los demás. Esto, como método de trabajo, lo aplica la empresa norteamericana General Electric, donde una de sus premisas es “el énfasis en la cooperación más que en la competencia” (William H. White).
¿Seguiremos “estrellados”?
“Si los vientos son favorables, somos Argentina potencia y tenemos destino de grandeza. Si los vientos son malos, la culpa la tuvo algún otro. La causa de nuestros males siempre está afuera: la sinarquía, el imperialismo, el colonialismo, el marxismo internacional o la conspiración judeo-masónica. Tenemos un catálogo de culpables más grueso que la guía telefónica y no elegimos un gobierno pensando en funcionarios honestos y sensatos, sino en ‘magos’ (...) que arreglan todo con un pase de manos”, afirma Marcos Aguinis.
La sentencia moral
André Gavet traza un paralelo de culpabilidad entre Argentina y el FMI, en base a la moralidad. “Una nación (Argentina) puede ocupar el primer puesto en civilización intelectual, en ciencias, literatura, arte (también deportes), y encontrarse, sin embargo, muy atrasada en civilización moral, aun en el caso de que los ciudadanos en lo individual tengan mucho de crédito moral. El mismo caso sucede con la civilización económica”.
Ruinas y herencias
El 20 de marzo de 1861 un terremoto hizo que Mendoza tocara fondo. El historiador Jorge Scalvini cuenta que “al terremoto le siguió el incendio, el pillaje, homicidios y saqueos”. Ese pasado y nuestro presente arrojan palabras “policiales” en común. De hecho, en esa Mendoza que había tocado fondo, el coronel Olascoaga tuvo que aplicar un ‘corralito’, a los pasaportes para evitar que gente de otras provincias saquearan y se llevaran nuestros bienes.
El espejo
Un italiano llamado Enrico Endrigo ingresó al foro de la página web de la CNN en español y dio su opinión sobre la actualidad del país. Una suerte de espejo que muestra lo que pocos quieren ver. “Viví muchos años en Argentina y todo lo que sucede es consecuencia de los mismos argentinos. De todos los países que viví, Argentina es el único que tiene una población incoherente y negadora. Es una población con corazón de ‘derecha’ y discurso de ‘izquierda’. Siempre le echan la culpa a los otros, sean argentinos o extranjeros. Su colectiva ansiedad por desarrollarse rápido los llevó siempre a inventar cosas inauditas e incompatibles con un sistema capitalista coherente. Desde Perón intentaron quedarse con lo mejor del capitalismo y lo mejor del comunismo. El resultado final es obvio: terminaron con lo peor de uno y del otro. Aún así, hoy muchos siguen pensando que esto es posible. Si hoy Dios bajara a la tierra y les asegurara a los argentinos que en 50 años su país se convierte en una potencia mundial, pero para lograrlo tienen que padecer sangre, sudor y lágrimas durante los primeros 15, seguramente el pueblo saldría a las calle echándolo a Dios. Porque 15 años para los argentinos no son lo mismo que para el resto del mundo”.
Los Andes On Line (www.losandes. com.ar), hizo una encuesta para ver si esta opinión tenía consenso en los mendocinos. ¿Usted cree que, en el largo plazo, los argentinos estamos preparados para salir de la crisis? No: 48,28%, Sí: 41,11% y Ns/Nc: 10,61%. Trabajo y solidaridad es la cuestión. Lo primero depende del gobierno y su política económica, para lo segundo... aprendamos de los japoneses. Mario Simonovich - msimonovich@losandes.com.ar