Hace poco más de un año, el 12 de agosto de 2000, el submarino nuclear ruso K-141 Kursk se hundía con 118 marineros a bordo en el mar de Barents en medio de un ejercicio de entrenamiento. Desde el pasado mes de julio, dos empresas holandesas contratadas por el gobierno de Vladimir Putin, Mammoet y Smit International, aceleran los preparativos para rescatar del fondo del Océano Ártico esa tumba de 24.000 toneladas. Por Carlos Alvarez Teijeiro
Tres soldados judíos murieron durante un asalto palestino a un asentamiento en el sur de la Franja de Gaza.