Decidió elaborar grapa y chicha en lugar de malvender su uva

El vino de misa, el arrope de uva y otros productos pueden ser una alternativa económica. La historia del viñatero que se hizo artesano para zafar de la crisis.

Edición Impresa: martes, 19 de junio de 2001
Decidió elaborar grapa y chicha en lugar de malvender su uva

Osvaldo De Giuseppe trabaja junto a su familia en la elaboración de exquisiteces artesanales.

Por María Elena Guyet

La Paz


Osvaldo De Giuseppe, cansado de malvender su producción de uvas, decidió no llevar a la bodega los racimos que cosechó en su finca de una hectárea en el distrito Villa Antigua. Con la idea de probar suerte con algo nuevo que pudiera ser más rentable, pero sin traicionar las tradiciones familiares, desempolvó de su memoria las recetas artesanales que heredó de sus padres y abuelos y se puso a elaborar arrope de uva, chicha, grapa y vino de misa.

La empresa no fue fácil pero el paceño, con sus 59 años, decidió “reconvertir" el destino de su producción para obtener las mejores ganancias posibles de sus hoy devaluadas uvas comunes.

El agricultor también tuvo en cuenta que estos productos no se encuentran fácilmente en las góndolas de los supermercados. Para la venta directa al público, habilitó una casa que le prestaron a la vera de la ruta nacional 7, a la que llamó “El rincón de las reinas”. En este lugar, también reconstruyó parte del pasado indígena de La Paz con algunos elementos de la época y destinó un espacio con fotos de soberanas vendimiales.

“Por la poca cantidad de uva y el bajo precio que se paga, no me convenía llevarla a la bodega. En cambio, estos preparados son un atractivo para los turistas que llegan al departamento”, afirmó el paceño.

De Giuseppe, que también se desempeña como cartero y artesano en la zona, considera que la innovadora iniciativa tiene otras bondades: “Con esto, les brindo empleo a tres personas en forma temporaria y contribuyó a la promoción de La Paz”.

Este paceño de pura cepa aplica fielmente las recetas que le dejaron sus abuelos, inmigrantes italianos. Después de la elaboración, coloca el producto en frascos y botellas adquiridas para tal fin. Con pegamento escolar, adhiere las etiquetas. Y con un rudimentario tapador coloca los corchos.

De Giuseppe vende a diario su producción a turistas que pasan por su puesto y a vecinos del lugar. “Una gran parte de la uva la destiné a dulce, chicha y grapa, con una importante pérdida de agua al cocinarlos”.

En cuanto al vino, aseguró que la cantidad que puede elaborar es menor a los 5.000 litros, atento a las restricciones que impone el Instituto Nacional de Vitivinicultura.


Bondades de los productos

La chicha puede ser considerada como un pariente cercano del jugo de uva. La diferencia es la incorporación de hierbas como cedrón, menta o albahaca. La nutricionista Ana Yanelli de Araniti explicó que el néctar de uva contiene vitaminas B1 y C, potasio, hidratos, hierro, calcio y proteínas.

Los enólogos José Spisso y Daniel Fernández coincidieron en asegurar que el mercado de este producto no tiene una gran demanda, aunque aclararon que hay emprendimientos provinciales que lo comercializan.

“La grapa tiene una graduación alcohólica que oscila entre los 39° y 53°, contra los 12,5° del vino”, explicó la especialista en alimentos.

Spisso y Fernández señalaron que, en el país, la grapa fue un producto de consumo habitual en la época de la llegada de inmigrantes italianos, pero actualmente se toma poco. En Europa, especialmente en el sur italiano, se toma después de las comidas.

En cuanto al arrope, los enólogos comentaron que sólo se utiliza en la elaboración del vino oporto, al que le otorga su característico sabor amargo y color caramelo.
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