
Es sábado a la siesta. Glamour acaba de despedir a su tecladista, Sol Azcona, que se fue a estudiar a España. Están almorzando pizza con cerveza en la pieza de Ana Prieto, bajista, mientras escuchamos su demo, recientemente grabado en los estudios Fader. “En realidad, es un ensayo bien grabado. Hacía rato que queríamos hacer un registro de todos los temas”, explica Cecilia Salinas (voz) y Alicia Montón, baterista, agrega: “También para poder escuchar los temas, producirlos y, porque la tecladista se iba y queríamos tenerla”. Mariana Porta, la última en unirse a la banda después de la partida de Gissela Torino, canta sobre las canciones grabadas y apunta opiniones sobre el sonido de la guitarra en los diferentes temas a Alicia -actitud que después contagia a las demás, que parecen fascinadas con el registro de la banda-.
“Desde que empezamos, siempre nos hacen las mismas notas, las mismas preguntas: ‘¿por qué cinco chicas?¿Por qué temas en inglés? ¿Los temas los hacen ustedes, tocan todas?’ O, nos hacen ‘chascarrillos’ con la menstruación o la depilación y cosas así”, advierte Ana, como para atajar preguntas monotemáticas de entrada. Indudablemente, la música de Glamour supera la sorpresa inicial de ver a cinco mujeres tocando en Mendoza. Pero es un detalle, que a menos que nos hagamos los superados, no podemos dejar pasar. Ni siquiera lo pudimos sortear en esta entrevista como hubiéramos deseado.
Sólo un par de caras bonitas... e inconscientes
“Los temas los hacemos en tres minutos. Nos llevamos muy bien para componer”, dice Alicia. La vez que Alicia y Cecilia se conocieron estuvieron cuatro horas hablando de música, sin parar. “Nos dimos cuenta de que a la dos nos encantaban los contrastes, los cortes, los cambios. Parece cosa del destino que nos hayamos encontrado. Nos llevamos muy bien”, cuenta Ana.
Hace 2 años, Ana y Luz, compañeras de la facultad, dieron con una cantante -Cecilia- y a partir de allí, lo que empezó como uno de esos proyectos que se prometen y no llegan, comenzó a tomar forma. “Luego, el baterista que se fue nos recomendó a Alicia -cuenta Cecilia-. Me acuerdo que la llamé y le dije (pone voz seria): ‘Hola, has sido recomendada para formar una banda’” (risas).
La primera vez que tocaron, en una de sus formaciones de transición, hacía 9 días que se habían juntado. De ahí en adelante, Glamour tiene cientos de historias ligadas a este tipo de “inconsciencias”. Unos meses atrás cargaron los instrumentos y se fueron a Chile “con un casete grabado malísimo”, admiten. Allí, terminaron viviendo de los shows que conseguían. “Hicimos un tema en la playa y esa misma noche lo estrenamos", cuenta Alicia. Pero la última vez que salieron de la provincia la cosa se complicó. Tocaron en el Festival Alternativo de San Luis, con bandas como El Otro Yo y Cabezones. “Llegamos y no teníamos dónde quedarnos, qué comer, ni nada. Todo era un descontrol. Yo estaba con anginas. Cuando canté parecía Tom Waits”, recuerda Cecilia. Aunque dicen, sonaron mejor que nunca.
Glamour es una banda que se ha ido construyendo a sí misma desde el escenario, desde su particular forma de interpretar las convenciones del rock. Lo que les vale admiración y palos por igual. Muchos dicen que sus canciones suenan raras o indefinibles. Después de escucharlas con atención desde su reciente registro, es posible contradecir esto último. Es una banda de rock. Pero una banda de rock no conformista. A ver: no es lo mismo escuchar un blues hecho por Dire Straits (z z z z z z z z z z ) que por Jon Spenser Blues Explosion (¡uuuuuhhhh!) ¿Glamour suena raro o son demasiados años de acostumbrar nuestros oídos con sonidos virtuosos pero desalmados?
Ahí están las obvias comparaciones con P.J. Harvey para dar indicios de lo que está pasando aquí; o la psicodelia oscura de la escuelita Doors y la experimentación extraída de las mismas entrañas del pop inteligente (ese que tímidamente asoma sus ideales de romanticismo turbio y perdedor).
“Ahora tenemos ganas de hacer más canciones - lo que se entiende, por una estructura más tradicional, según Cecilia-. Haber grabado es un paso más. Más adelante queremos grabar un disco con un productor. Pero antes queremos buscar nuestras cosas, nuestro propio sonido”, concluye Ana.