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Un punto afuera con gusto a poco

La Lepra empató con Atlético Rafaela, aunque los tres puntos estuvieron por venir a Mendoza.
Un punto afuera con gusto a poco

Hizo fuerza pero no alcanzó. Al igual que Julio Marinilli, la Lepra buscó la pelota y el triunfo... Estuvo cerca.

jueves, 01 de noviembre de 2001Estuvo lejos, llegó a estar cerca y se esfumó nuevamente. Partido mutante e indeciso, como si se hubiese pasado los noventa minutos buscando al dueño perfecto sin resultados positivos.

Y uno de esos poseedores efímeros de los tres puntos fue Independiente. La Lepra sigue con su estilo. Juega, juega y juega. Pero no siempre el resultado lo acompaña. Y, cuando parece que la mano viene dulce, se deja sorprender con pecados que no tienen perdón porque se transforman en inmediatos castigos.

Ya es una costumbre que la Lepra salga a plantear los partidos lejos de su arco y pensando en el de enfrente. Esa obsesión por la búsqueda del resultado distrajo a los que tuvieron la misión de defender y quedaron mal parados al primer traspié. Entonces Rafaela encontró una diferencia que no había trabajado pero que era bienvenida para los locales.

El 1 a 0 para los santafesinos reflejó aún más la posición tomada por cada equipo en el campo de juego. Desde el principio había sido la Lepra el equipo atacante y así continuó hasta que se fueron al descanso.

No cambió la postura Azul, aunque variaron los recursos empleados para llegar al empate. Salvo algún que otro contragolpe aislado, todo el desarrollo tuvo como protagonista a Independiente. De a poco, y a fuerza de presión, la pelota se iba acostumbrando a transitar por territorio rafaelino y a ser tratada con brutalidad por los defensores locales que, por todos los medios, intentaron alejarla del arco de Schulmeister.

Cachín se la jugó desde el banco. Sacó a Araujo y a Guerra y mandó a dos tipos con alta vocación ofensiva: Carlos Paratore y Pablo Cameroni. La respuesta a este movimiento audaz tuvo su recompensa: gol del Tanque y más de medio tiempo para buscar la victoria.

A partir de la igualdad, la Lepra le puso los tantos en claro a Rafaela: “Si acá hay un equipo pesado, que juega al fútbol y que quiere los tres puntos, ese es Independiente”.

Y la Lepra comenzó a aprovechar el amedrentamiento local. Desconcertado, Atlético no supo cómo descifrar los continuos avances azules.

En ese ámbito de confusiones y despejes apresurados, Pablo Cameroni puso una luz de claridad y encontró a un entonadísimo Daniel Giménez, que, partido tras partidos, se hace más peligroso.

Así de grande iba a ser el triunfo de Independiente. Porque había logrado dar vuelta el partido en un terreno ajeno y porque había arrastrado a Rafaela a fuerza de fútbol y personalidad.

Sin embargo, cuando parecía que sólo se trataría de aguantar el embate aéreo del conjunto de Jorge Ghiso, una sorpresa más le bajó la persiana al partido y a las ilusiones leprosas de volver a ser capo lejos del Gargantini. Sekagya le ganó a todos y le robó el triunfo a los mendocinos.

Y la bronca se sintió. Es que entre la posibilidad de tener la victoria al alcance de las manos y ver cómo era arrebatada pasaron nada más que dos minutos.

Si se hubiese tratado de un equipo mediocre, el punto se hubiera festejado. Pero esta es la Lepra; la que quiere ganar en todos lados. Yayer estuvo cerca.

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