• Miércoles, 12 de julio de 2017
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Unicef asegura que hay una baja participación social de los adolescentes

Se trata de uno de los derechos que el organismo internacional busca garantizar. Desde distintos ámbitos, los jóvenes cuentan su experiencia en nuestra provincia.

Carla Romanello - cromanello@losandes.com.ar

“El derecho a la partición de los adolescentes está consagrado en la Constitución Argentina, en la Ley de Protección Integral así como en el amplio plexo normativo del país”, asegura el informe de Unicef titulado “Para cada adolescente una oportunidad” de 2017. Allí se establecen 8 derechos que se les deben garantizar a los chicos de entre 10 y 18 años, entre los que se destaca el “Derecho a la Participación”. 

Según la organización internacional, Argentina es una sociedad altamente movilizada, sin embargo la participación de los adolescentes en las organizaciones sociales o políticas es baja. Remarca que el país tiene un desafío, no solo para convocar a la mayoría de los jóvenes que aún no ejerce este derecho, sino también para sostener la práctica de participación en el tiempo.

Aunque a veces se encuentran con algunas trabas, en nuestra provincia son muchos los adolescentes involucrados en organizaciones tanto políticas como sociales. Consultados por este diario seis jóvenes comentaron sus motivaciones para participar y cómo ven el interés en sus pares.

Pablo Calcagno (16) es presidente del centro de estudiantes de su colegio, José Vicente Zapata. “Desde el centro buscamos mejorar la escuela y ver las necesidades de los chicos”, contó el alumno para quién no hay mejor manera de buscar soluciones que en conjunto.

“Hacemos reuniones con todos los chicos de primero hasta quinto y tratamos de que ellos nos ayuden”, aseguró. Dentro de su ámbito él nota mucho interés de sus pares en formar parte de distintas agrupaciones para lograr resultados positivos.

“En algunas oportunidades han venido chicos de otras escuelas que quieren formar sus centros de estudiantes para ver cómo funciona el nuestro y otras veces hacemos intercambios con otros establecimiento para comparar las actividades y ayudarnos entre todos”, recordó.

Para él es fundamental que la participación de los adolescentes sea un derecho que se promocione. “Porque cada uno tiene una idea un pensamiento diferente del otro y teniendo muchas cabezas es mejor. No es lo mismo que piensen 2 ó 3 a que piensen 10”, remarcó.

Chiara Giuberti (17) se involucró en la comunidad a través de un proyecto escolar. “Tenemos una materia que se llama Proyecto Sociocomunitario y con un grupo de 5 compañeras estamos buscando diferentes lugares para poder ir y colaborar”, detalló la estudiante del colegio ICEI. Su objetivo es, por un lado, brindarle sus tiempo a personas que lo necesiten y por el otro, llevarles donaciones.

“Nos han enseñado las formas de llevar formalmente un proyecto”, recalcó. En un futuro de hecho a ella le gustaría tener su propia organización social junto a sus amigas.

“Sería una meta muy linda porque aunque todas tenemos pensado estudiar, nos permitiría seguir ayudando a la sociedad”. Si bien ella ve a todos sus compañeros muy entusiasmados a raíz de este impulso del colegio, reconoce que muchos chicos de su edad sólo se interesan por sí mismos. “En general son muy egoístas, solo piensan en disfrutar el momento y salir”, dijo y remarcó que esta iniciativa de Unicef puede ayudar a cambiar la mentalidad de los chicos. 

 

 

Martina Grosso (15) asiste a la Iglesia Ministerio Cristo La Esperanza desde hace 10 años. Allí tomó clases sobre la Biblia y ahora colabora en las escuelas bíblicas de diferente manera. “Ayudamos en el barrio Gomensoro de Guaymallén, estamos con niños a partir de los 4 a los 12 años a quienes les hablamos de la palabra de Dios”, explicó y comentó que también trabajó en el barrio La Favorita de Capital.

“Estar allí me ha permitido ver otra realidad que en la vida diaria no solemos tener presente”. Lo que a ella la motiva a seguir es haber visto testimonios de personas que han podido cambiar su vida por acercarse a Dios.

Según su experiencia, a los jóvenes que no son de la iglesia les cuesta un poco más hacer algo por los demás. “Me ha pasado de dejar algunas cosas por la iglesia porque sé que vale la pena, pero a otros chicos se les hace más difícil porque vienen de otra realidad”, dijo.

Para ella es fundamental que se fomente la participación de los adolescentes, siempre y cuando lo hagan con responsabilidad necesaria lo que requiere cierta madurez.

Matías Reyes (17) tiene vocación solidaria desde chico, ya que su papá participaba de una fundación. “Él falleció me lo dejó como un legado, así que todos los días del niño organizamos con mis amigos del barrio una colecta para poder llevar cosas a distintos comedores”, relató. Como esta acción para él, es solo “un granito de arena”, le gustaría formar parte de alguna organización para hacer cosas más grandes.

“Intenté colaborar como voluntario en algunas ONG pero la mayoría te piden que tengas 18 años por temas legales”, explicó. De todas formas él está esperando cumplir los años para sumarse. “Me parece buenísimo que como jóvenes podamos participar de actividades positivas para la sociedad, porque nos motiva a dejar de pensar en otras cosas, que no nos hacen tan bien”, deslizó.

 

 

Julieta Páez (18) milita en La Cámpora desde que tiene 16 años. “Me sumé cuando me di cuenta de la importancia de la política y vi las transformaciones que habían hecho Néstor y Cristina”. Ella se sintió inmediatamente bienvenida en este espacio porque está conformado casi exclusivamente por jóvenes. “Tenemos compañeros desde 14 y 15 años, así que todos nos entendemos muy bien”, remarcó. Hace dos años a ella le tocó votar por primera vez, con la modificación de la ley electoral que permitió el voto a los 16.

“Fue una experiencia muy buena porque además pude fiscalizar mesas”, recordó. La mayoría de los jóvenes que ella conoce están interesados en la política. 

Hace un año y medio Javier Ozán (18) comenzó a militar en la Juventud Radical. “Mi papá militaba en la UCR y me hizo mucha hincapié en el tema”, recordó. Él asegura que en ese espacio aprende mucho. “Mi idea de grande es dedicarme a la política por lo que valoro mucho la formación”, destacó. Allí comparte con chicos de su edad. "La mayoría tienen arriba de 18 años, pero también hay chicos de 16 y 17”.

Afirmó que muchos ven a la política como algo malo. “Siempre se le echa la culpa a la política, pero una vez que se meten y se empiezan a informar, les gusta. Es un mundo muy extenso y complejo que de alguna u otra forma te atrapa”, manifestó.

Para la psicóloga y psicopedagoga Nancy Caballero, que la participación de los adolescentes sea considerada como un derecho es muy positivo. “La solidaridad y el sentido de la justicia son propios de los adolescentes, todo lo que tenga que ver con estos aspecto los moviliza mucho”.

Lo que ella ha observado es que necesitan incentivo y de la motivación de un adulto. "Lo que no vemos a nivel general es la iniciativa de arrancar, pero sí en el caso de los colegios cuando tienen centros de estudiantes, parroquias, grupo juveniles, entre otro tipo de estructura”, expuso. En este sentido aseguró que es fundamental que esa estructura no los defraude. "Cuando se sienten utilizados se vuelven escépticos y pierden todo tipo de pasión", indicó.

Para Caballero si los chicos se enfocasen en trabajar por el otro, habría menor incidencia de otro tipo de desafíos que ponen en riesgo su vida.  Para ella esto hay que fomentarlo: “No sólo como un derecho de los adolescentes, sino como una obligación de los adultos de motivarlos y darles espacios”, cerró.

 

Por una oportunidad 

Para Unicef, fomentar entornos protectores debe ser la estrategia central de las políticas públicas destinadas a adolescentes. Por esta razón elaboraron el informe “Para cada adolescente una oportunidad”,  con datos sobre chicos que van de los 10 a los 18 años.

Además establecieron una serie de 8 derechos que deben garantizarse. El objetivo de la organización internacional es trabajar junto a los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado, las familias y cuidadores, las comunidades, otras contrapartes y aliados clave para promover políticas públicas que contribuyan al desarrollo integral de los y las adolescentes en Argentina.