Política Viernes, 17 de febrero de 2017 | Edición impresa

Una torpeza tras otra

Al parecer el gobierno de Mauricio Macri cree que se puede pedir perdón infinitamente sin caer en el abuso de ese recurso.

 

Marcelo Zentil - Editor de la Sección Política

¿Cuántas veces se puede pedir perdón sin caer en el abuso de ese recurso? ¿Una? ¿Dos? ¿Tres...? Al parecer, el gobierno de Mauricio Macri cree que infinitamente. Si no fuera así, ajustaría el proceso de toma de decisiones en temas que cualquiera sabe de antemano conflictivos, dolorosos y fácilmente reprochables.

En los apenas 47 días que van de 2017,  Macri ya debió dar marcha atrás con tres decisiones sensibles tomadas, firmadas y alguna hasta publicada en el Boletín Oficial: el feriado del 24 de marzo, el acuerdo con la empresa de su familia y los cambios en el cálculo de aumento a los jubilados. 

Así, los argentinos pasamos de un gobierno que no admitió ni el más burdo de sus muchos errores a otro que se arrepiente a cada paso.

Las tres decisiones luego revertidas de 2017 parecen expresar, más que un error, el pensamiento oficial. Pero claramente no representan el pensamiento ni siquiera de la mayoría de sus votantes. Por eso, la obligada corrección. El problema es que así no hay rumbo que se mantenga estable, sino sólo volantazos.

En la política argentina, hay mandamientos que deben respetarse si se quiere salir indemne: los jubilados nunca deben ser perjudicados, la lucha por los derechos humanos nunca debe claudicar y los negocios de familia nunca deben favorecerse; son sólo algunos.

Si el Presidente no alcanza a comprenderlos, por su escasa formación política o por su  origen social, alguien a su lado debería darse cuenta y anticiparle los temporales que pueden venir.

El problema, como admiten en el propio oficialismo nacional, es que en la Casa Rosada faltan dirigentes con perfil político, que olfateen las posibles crisis y las eviten. 

Llegado este punto, las miradas apuntan al trío “intocable” de Macri: Marcos Peña y sus dos segundos, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Éstos últimos parecen limitarse, por su pasado empresario, a lo económico. Mientras que el jefe de Gabinete dicen que está más preocupado por la comunicación y las redes sociales.  

Claro que ni la gestión comunicacional ni la económica pueden ser exitosas cuando el Gobierno comete un error político tras otro y horada así su capital más importante: el apoyo popular.