• Jueves, 16 de mayo de 2013
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Súper alimentos, ¿el secreto de los hombres de acero?

¿Qué comían los guerreros griegos? ¿Cómo obtenían la fuerza bruta los romanos? ¿Cuál era el secreto de los aztecas? ¿Y el de los espartanos?

Celeste Polidori - Especial para Estilo
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Ellos lo resistían todo, frío extremo, calor abrasador, días de caminatas y de cargar pesadas armas, luchas, heridas, escaladas y bajadas. Los guerreros fueron una suerte de súper hombres capaces de tolerar lo que pocos soportarían en la actualidad. ¿Sus secretos? La comida y alimentación fue uno de los factores fundamentales para aumentar la resistencia y su poder. Así los aztecas se caracterizaron por alimentarse con la semilla de chía, los gladiadores aprovecharon los poderes de la cebada, los espartanos comían -pero poco-, los beduinos utilizaron los beneficios de los dátiles y los vikingos hicieron uso de las coles y el arenque.

Chía, poder de Quetzalcóatl. Esta famosa semilla está de moda en la actualidad, no es para poco, se trata de una súper semilla que contiene un 100 por ciento más de potasio que las bananas, 100 por ciento más de fibra que cualquier otro cereal, dos veces más hierro que la espinaca, 8 veces más fósforo que la leche más completa y 7 veces más omega 3 que un pescado como el salmón rosado o blanco, se detalla en un informe de Men’s Health. Además de Vitamina E, y minerales, que previenen la osteoporosis.

A esta semilla se le suma una que supieron cultivar y aprovechar los incas: la quinua. Este grano es el cereal más completo de su especie y contiene todas las proteínas. Para darse una idea del poder de este alimento sólo hay que saber que la NASA lo estudió y lo utiliza como alimento de los astronautas.

Hay más, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas declaró que esta simple semilla contiene un balance de proteínas y nutrientes parecido al alimento perfecto o ideal para el ser humano. Supera a cualquier otro en su especie.

Cebada, músculos de titán. Los gladiadores romanos sí que debían prepararse. Después de todo ellos se enfrentaban contra bestias, y más, en las arenas. En principio lo hacían para honrar a sus muertos, luego con la llegada del Imperio Romano esta actividad se convirtió en un espectáculo. ¿Quiénes peleaban? Esclavos, ladrones o gladiadores (estos últimos recibían un sueldo).

Para poder resistir y proteger su cuerpo se alimentaban a base de cebada y otras legumbres, lo que les permitía obtener una gran masa muscular: los ayudaba a engordar; de esta manera podían sobrevivir a las heridas punzantes.

Del norte al mar. Los vikingos eran también hombres caracterizados por su fuerza, sus guerras y sus expediciones en el agua y en la tierra. ¿Cómo soportaban semejante vida? A base de arenque y de coles. Estos dos alimentos mejoran la masa muscular, además las coles contienen mucho calcio, hierro y potasio.

Los arenques pueden ser difíciles de conseguir en Mendoza, sin embargo en los supermercados hay un alimento bastante parecido en su composición: las sardinas. Es que los pescados eran justamente la base principal de la dieta de estos bárbaros guerreros. Y las carnes rojas o blancas se consumían pero en segundo lugar. A toda esta dieta se le sumaba el pan de centeno y los frutos rojos que conseguían gracias a las cosechas en los bosques de las diferentes comarcas.

Espartanos, los terroríficos hombres de hierro. Sobre estos hombres hay muchos mitos, uno cuenta que 300 espartanos tomaron el Imperio Persa y mataron solos a miles de enemigos. Una fuerza terrible que no se podía detener con nada.

La dieta de estos guerreros se basaba en una clara premisa: comer, pero no hasta reventar. Ellos siempre se alimentaban a base de proteínas pero intentaban quedarse con un poco de hambre. Los alimentos de su dieta eran: aceitunas verdes y negras, aceite de oliva, higos, uvas, manzanas, paltas, vegetales verdes, huevos, pavos, pescados, pan de grano entero y arroz. El pan se ingería sólo en la mañana y la idea de los espartanos era comer cada tres horas.

Calor extremo y desierto, la resistencia al límite. ¿Cómo sobrevivían y sobreviven los beduinos a las exigencias del desierto? Este pueblo nómade logró controlar uno de los sitios más inhóspitos del mundo: los mares de arena. Allí llegaron y se quedaron. ¿Cómo lo soportan? Para comenzar con la ropa que se colocan que tapa todo su cuerpo, y que los ayuda a calmar las inclemencias del sol.

Su dieta debe ayudarlos a mantenerse hidratados. Así los beduinos se dedican al ganado y se alimentan con los productos que los animales les brindan. El yogurt es uno de los principales, junto a la leche y a una manteca llamada ghee. Quizá el secreto de su resistencia se encuentre en los lácteos o en los dátiles que consiguen en los oasis del desierto.

Ciertamente se trata de casos donde el cuerpo responde ante exigencias extremas gracias al entrenamiento, a las costumbres, a los estímulos, a las ideas y a estos interesantes alimentos fundamentales para cualquier dieta.