Editorial Sábado, 30 de septiembre de 2017 | Edición impresa

Sitios arqueológicos a resguardar

Hay lugares arqueológicos de la provincia, no debidamente protegidos con declaraciones específicas, que ofrecen muchas alternativas. Primero, las histórico-científicas y posteriormente su potencial aprovechamiento racional para el turismo y la recreación.

Por Editorial

En recientes ediciones de este diario se dio cuenta de la existencia de sitios arqueológicos de importancia para la historia del suelo que habitamos y que nos trasladan a tiempos remotos.

En un caso, es la locación conocida como Agua de la Cueva, al noroeste de Pampa de Canota, no muy lejos de la ruta provincial 13, que une Las Heras con Uspallata; la restante, situada en el distrito La Arboleda, en el Este del departamento de Tupungato. 

Sobre el asentamiento cercano a Uspallata, Horacio Chiavazza, director del Instituto de Arqueología y Etnología de la UNCuyo, ha revelado que los vestigios encontrados en esa zona tienen una antigüedad de 12.000 años, constituyéndose en uno de los dos asentamientos más antiguos del territorio hasta ahora registrados. El restante es la Gruta del Indio, en San Rafael. El especialista mencionado también citó los estudios realizados en la década del '80 por un equipo del que participaron, entre otros, Pablo Sacchero y María Elena Abraham, actual directora del Centro Científico Tecnológico-Conicet Mendoza.

El estado ideal para proteger un escenario tan valioso -donde se han encontrado restos de cazadores recolectores de hace 12.000 mil años y de otras etapas históricas que se fueron sucediendo- sería lograr la declaración de sitio arqueológico de Agua de la Cueva como patrimonio cultural de Mendoza. El basamento para hacerlo serían los datos técnicos existentes y voluntad. A favor de la iniciativa de conservación, se sabe que un paso difícil -conciliar intereses con los particulares dueños de las tierras- está fuertemente avanzado, inclusive con los titulares de la reserva Villavicencio, limítrofe con Agua de la Cueva.

Faltaría la decisión política de proteger ese campo. Bastaría primero una declaratoria de interés municipal por parte de Las Heras y, posteriormente, el caso sería elevado al Consejo Provincial del Patrimonio que, con toda seguridad, lo aprobaría rápido, debido a las convicciones de sus miembros. 

Es necesario potenciar estas acciones políticas de preservación, ya que por el lugar pasan cazadores furtivos que no medran en concretar destrozos o robos, y raidistas todo terreno. Estos últimos podrán incurrir en algún daño pero sin intención sólo por desconocer que atraviesan una zona rica arqueológicamente.

Entonces hacen falta recorridos de control preventivo por parte de guardaparques (para contrarrestar en lo que se pueda a los depredadores), la continuación del trabajo científico-técnico sobre el asentamiento y una coordinación de tareas entre el municipio de Las Heras y la Provincia (direcciones de Recursos Naturales Renovables, y de Patrimonio, etc), para ir moldeando un proyecto sustentable. 

La distribución de esfuerzos permitiría un manejo preventivo eficiente hasta diseñar políticas de acceso del público, las que dependerán de un saneamiento del sitio y una puesta en valor previa. Este proceder contribuirá a defender el sitio de potenciales daños. Otro factor positivo sería combatir la caza furtiva, que hace estragos en el ámbito de Pampa de Canota.

El plan general entonces llevaría a suponer la integración de pobladores locales de las cercanías (puestos) en tareas vinculadas al turismo de aventura (aunque esto demandaría nuevos actores e instancias institucionales organizadas desde otra perspectiva y que más tarde tendrán protagonismo).

"No obstante, en estos casos, -sostuvo el ya mencionado Chiavazza- se requiere de un proyecto integral, de modo de garantizar al menos una perspectiva de la dialéctica del patrimonio: investigar-conservar-difundir desde su sostenibilidad".