San Salvador de Bahía: la suma de todos los colores

Pieles de café y cintas que cumplen deseos pintan la metrópolis de los contrastes. Sobre una de las bahías más grandes del mundo, una capital cultural fascinante ofrece mucho más de lo que imaginamos cuando pensamos en Brasil.

San Salvador de Bahía: la suma de todos los colores
San Salvador de Bahía: la suma de todos los colores

Una mujer muy negra, vestida de blanco y dorado con labios pintados de rojo rubí y amplias caderas, nos sale al encuentro en el área de arribos del aeropuerto internacional Deputado Luis Eduardo Magalhaes. Sonríe mucho. Con destreza saca cintas de colores que cuelgan de su falda y, sin decir nada, ordena: “Faca um desejo” mientras anuda la fita donde se lee Lembranca do Nosso Senhor do Bomfim da Bahía.

Me apuro a pensar el que pido siempre. “Mais um”, y ata otro nudo. “Mais um”, y un tercero. Parece que los deseos se cumplirán cuando se corte la pulsera. Llegamos, entonces, con la fuerza de la esperanza: quizás se nos conceda lo que pedimos. Se dice que ésta es una tierra de fe.

El nombre de San Salvador de Bahía de Todos los Santos homenajea a la segunda bahía más grande del mundo, que fue tomada un 1 de Noviembre, Día de Todos los Santos. Primera capital de Brasil y tercera metrópolis actual, es la ciudad más desarrollada del Nordeste. Héctor, nuestro guía uruguayo, nos cuenta que en portugués es Baía, así nomás, sin “h”.

La mixtura europea, indígena y africana, define a Bahía en su apariencia, su música, su cocina, su arquitectura y su culto. La raíz negra convierte a la capital en la ciudad más africana fuera de África. El color y el ritmo de los timbales guía los saltos de la capoeira, presentes en cada esquina (parase a observar implica estar dispuesto a desembolsar unos reales). El candomblé, culto de orixás, es una religión afrobrasileña camuflada detrás del catolicismo.

En la época de la colonia estaba prohibido, porque decían los negros no tenían alma. A partir de ello, y sin renunciar a su credo, generaron un sincretismo religioso escondiendo un orixá detrás de un santo católico, y sus fiestas paganas. En Bahía, hoy todos festejan todo y las fiestas populares o los rituales religiosos convocan multitudes de todas las clases y etnias, que se funden en cualquier celebración sin resentimientos.

La impronta católica también se mantiene viva. Las cúpulas barrocas características de su paisaje corresponden a las 365 iglesias –una para cada día del año- de la ciudad de Salvador, de diferentes hermandades: las hay jesuitas, austeras y dedicadas a traer la educación al nuevo continente, y franciscanas, como la de oro, construida como símbolo de poder, que todavía puede visitarse pagando una entrada de 5 reales. Para quienes abracen la creencia de que hay que pedir un deseo al pisar una nueva iglesia, esta es la ciudad indicada donde elevar peticiones para unas cuantas temporadas.

Todos los colores

La visita obligada es el Pelourinho. El casco histórico de estilo portugués es el mayor conjunto barroco existente fuera de Europa, y recibe su nombre de un elemento de tortura traído desde Portugal, que se usaba con criminales. En Brasil, era el poste donde azotaban esclavos. Hubo, durante mucho tiempo, un pelourinho erigido en el centro de su barrio homónimo, que fue trasladado hasta la zona de Ondina –donde está caído, como símbolo de liberación- para evitar que los turistas se fotografiaran junto a un instrumento que representó tanto dolor.

En 1995, este fue el escenario elegido por Michael Jackson para grabar su video "They don't care about us" junto al grupo local Olodum. 
El paisaje de postal se recorre a pie, y por allí circulan turistas de todo el mundo, bahianas con sus atavíos inmaculados –que viven de sonreir o cocinar o posar para las fotos de los turistas-, lugareños que escalan las calles en pendiente a paso lento y con sombrillas para protegerse del sol. Los vendedores ambulantes acosan, ofrecen regalos, mejoran sus ofertas, insisten.

El barrio de las casas de colores se descubre con el ritmo singular de la propia curiosidad, marcando las paradas donde cada caminante decide detenerse: tiendas mínimas de regalos, locales de diseño, atelieres de artistas anónimos –casi siempre con las puertas y ventanas abiertas para espiar, entrar y (ojalá) comprar-, boutiques, artesanos, puestos de agua de coco, santerías, museos. Las cintas, de nuevo, cada vez más redundantes, aparecen estampadas en pareos playeros, carteras, remeras y banderas, trenzadas en accesorios para el pelo, formando llaveros, colgando de las canastas que los artistas callejeros acercan a los turistas pidiendo dinero.

A la vuelta de cualquier esquina puede aparecer un grupo de jovencitos percusionistas. La música se acerca y se aleja, pero siempre está presente. Y se vuelve hipnótica: a nivel más o menos consciente, caminamos siguiendo el ritmo de los timbales.

Es mucho más

Las playas de arena blanca se extienden a lo largo de 50 kilómetros sobre el Océano Atlántico y forman piscinas naturales –óptimas para nadar y bucear- en la Bahía de todos los Santos. Tiene barracas, mulatas en bikini, mulatos atléticos trotando por la costa con sus iPods y palmeras, pero también tiene fuertes con nombres de santos (a los que se les imploraba protección), poemas de Castro Alves y melodías de Gal. Del otro lado, un centro financiero de edificios cromados, autopistas, favelas, el barrio de los artistas, la iglesia más grande que existe de los “pare de sufrir”. Bahía é muito mais, jura el slogan del destino. Habrá que volver a recorrer todo eso.

El aroma del aceite de dendé, que tiñe de anaranjado rabioso todos los platos de la culinaria local. La humedad en la piel, en el pelo, en la ropa. El sol caliente. Los viejos de pieles chocolate, dientes ausentes y barbas grises; las mujeres vestidas de blanco; los contrastes del Pelourinho. El sonido permanente de los tambores (creo que son los latidos de este lugar). Salvador estalla en los cinco sentidos a la vez.  
Las cintas del Bomfim se reproducen hasta el infinito, y flamean en tiendas de artesanos, puestos callejeros, anudadas en las rejas y puertas de las iglesias, repletas de favores pedidos a sus santos, y en las muñecas de todos los que caminan los adoquines del lugar. La suma de todos los colores revela que a esta ciudad vienen los que creen. O es aquí donde comienzan a creer.

Para descubrir

Dice la tradición, que para que se cumplan los deseos de las cintas de colores de Bomfim, tiene que ser regalada. Las bahianas la obsequian y posan sonrientes para la foto, pero a cambio esperan una propina.

Las veredas de piedra portuguesa de calcáreo y basalto (que identifican a Copacabana e Ipanema en Río de Janeiro), también son típicas de esta ciudad.

El Mercado Modelo, donde antiguamente se comercializaban esclavos, hoy es un polo de artesanos. Hay que avisar que uno paga en efectivo para comenzar con el regateo. Siempre consigue mejor precio.

Gostoso

Acarajé es el manjar más famoso de la cocina afro bahiana. Se trata de buñuelos fritos en aceite de dendé, con distintos rellenos, cubiertos de una salsa picante y camarones secos. Las bahianas los venden en sus tabuleiros callejeros.

No hay que dejar de probar las moquecas bahianas, un guiso de pescados y mariscos que se prepara en olla de barro con aceite de dendé, verduras, cilantro y leche de coco, acompañado de farofa y arroz blanco.

Los surfistas se alimentan a base de acaí en punto frozen (la pulpa de la fruta licuada con hielo hasta que toma la consistencia de un helado de agua).

Las coxinhas, bocaditos de pollo fritos que se venden al paso, impecables.

Qué traer a casa

Cocadas, el dulce típico bahiano. Una delicia que se vende en su versión más industrial, en cajitas con imágenes de Bahía desde R$ 25 el pack, y más caseras, envasadas al vacío en packaging más precario R$ 40 las 25 unidades de tamaño gigante. 
Cuadros y bahianas de cerámicas para decorar la casa.

Pimientas bahianas, castañas de cajú naturales sin freír, garrapiñadas de castañas de cajú.

Cuándo viajar

El Carnaval es un evento masivo que recibe turismo de todo el mundo, pero los precios crecen muchísimo.
Los guías dicen que los meses ideales son marzo y octubre.

Cómo llegar

Vuelos  desde Córdoba U$S 367+ 317 impuestos. Desde Buenos Aires U$S  523 + 367 impuestos.
Más información

- www.visitbrasil.com

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