Sociedad Lunes, 24 de marzo de 2014 | Edición impresa

Rocas que muestran cómo vivían los antiguos habitantes

Investigadores explican que la piedra obsidiana era un elemento muy preciado y las poblaciones lo utilizaban como herramienta y como objeto de comercio.

Por Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

Un equipo internacional de arqueólogos y otros especialistas  analizan cómo eran y qué hacían los habitantes del territorio mendocino y de Chile, hace unos 9.000 años, a través del estudio de las fuentes volcánicas que utilizaban los primitivos habitantes de estas tierras.

Se trata de un estudio, que ya lleva 14 años, sobre el pasado americano, que hasta no hace mucho tiempo permanecía un poco olvidado.

Cómo eran las sociedades de entonces, por qué cambiaron y cómo se adecuaron a los cambios climáticos, son algunas de las incógnitas en vías de ser establecidas.

El operativo es una unión de esfuerzos del Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Cuyo, el Conicet, la Facultad de Filosofía y Letras y las universidades norteamericanas.

Los involucrados en la pesquisa científica se dedican a identificar distintos tipos de obsidianas, que son rocas volcánicas que hay en muy pocos lugares de la provincia, y rastrean cómo las utilizaban poblaciones de la época prehispánica, hace aproximadamente 9.000 ó 10.000 años .

El campo de acción del rastrillaje de la preciada roca es muy vasto, al punto que cubre desde el norte de Mendoza hacia el sur provincial, tomando zonas montañosas  o llanas del territorio. Pero, las fuentes principales del material identificado como obsidiana, están desde la Laguna del Diamante (San Carlos ) hasta el norte de Neuquén.

Se trata de un material de excelente calidad para tallar, y por eso, como revelaron los investigadores, era un elemento muy preciado en el pasado, y las poblaciones locales lo utilizaron no solo para hacer puntas de flechas, sino también como objeto de comercio.

La licenciada en Historia Valeria Cortegoso (ex directora de Patrimonio) explicó que, entre otras herramientas, se valen de una máquina conocida como espectrómetro portátil, que sirve para clasificar los materiales que se extraen del terreno, por medio de la técnica de la fluorescencia de rayos x.

"En la máquina -indicó Valeria- se colocan piezas pequeñas, como puntas de proyectiles, artefactos o restos de tallas, hechos por poblaciones autóctonas que vivieron en Mendoza en los últimos 9 o 10.000 años, que explotaban como materia prima las fuentes volcánicas de la cordillera para hacer toda su tecnología, basada casi exclusivamente en la piedra".

Lo que hace el espectrómetro es caracterizar químicamente cada uno de los suelos, generalmente volcánicos, que contienen las fuentes de obsidianas.

Por eso, y como explicó el arqueólogo Víctor Durán, "con estos aportes hemos determinado desde que época se explotaban cada una de las zonas volcánicas de la cordillera, de qué lado de la cordillera se hizo más uso de esas fuentes, y qué distancias se cubrían en el traslado de esos instrumentos de piedra".

Por otra parte, la técnica utilizada permite determinar en qué distancias se movían esos antiguos cazadores de la zona y cuáles eran las redes comerciales en las que estaban insertas esas materias primas. En un caso, el equipo de investigación pudo analizar una punta de proyectil que apareció en el extremo norte de Mendoza, en el límite con San Juan, pero provenía de Malargüe.

"Esto quiere decir -indicó el arqueólogo Martín Giesso- que esa punta 'viajo' al norte desde Malargüe, pero previamente la gente sacó la roca de allí, y luego apareció en un sitio muy distante. Estamos frente a poblaciones que negociaban  bienes a través de una red comercial con poblaciones que estaban en el medio, o que moraban en Chile".

Los trabajos posteriores a esos análisis, dilucidarán cómo se trasladaban las cosas en la prehistoria regional, y a través de qué medios, si era accediendo en forma directa, o comerciando los bienes a través de diferentes poblaciones.

Finalmente, Durán, quien es miembro del Instituto de Ciencias Básicas de la UNCuyo, explicó que   estos estudios están anclados en la ciencia conocida como Paleoecología Humana.
 
"El objetivo, como investigadores del Estado, es buscar información sobre las sociedades del pasado, porque no podemos proyectarnos al futuro si no conocemos bien nuestro pretérito, y no nuestros antecedentes europeos, de lo que hablamos es de nuestro pasado americano, ya que tenemos 10.000 años de prehistoria americana".

El grupo que realiza el trabajo está compuesto por Víctor Durán, arqueólogo; Valeria Cortegoso, investigadora del Conicet; Martín Giesso, arqueólogo argentino, basado en la Universidad del Noreste de Illinois, y Ramiro Barberena, arqueólogo del Conicet.
 
El quinto integrante del grupo es el norteamericano Michael Glascock, físico, de la Universidad de Missouri, científico muy reconocido a nivel mundial. También los resultados se cruzan con exploraciones que realizan sus colegas  chilenos, lo que otorga al estudio condición de binacional.