• Martes, 21 de marzo de 2017
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Hallaron residuos de antibióticos en salmón importado de Chile

El Instituto de Tecnología de la Fundación UADE advirtió que pueden afectar a la salud.

Télam

Una investigación del Instituto de Tecnología de la Fundación UADE determinó que el 66% de los filetes de salmón rosado importados de Chile que se comercializan en las pescaderías de la Ciudad de Buenos Aires contienen presencia de antibióticos “que pueden afectar la salud de quienes la consumen”.

El salmón rosado es uno de los pescados más consumidos y esta asociado a propiedades favorables para contrarrestar enfermedades cardiovasculares, disminuir los niveles de colesterol “malo” y normalizar los triglicéridos.

El estudio asegura que los salmones “presentan residuos de antibióticos superiores al límite permitido por el CODEX Alimentarius Internacional (Código Alimenticio) y pueden provocar consecuencias negativas en la salud de quienes los ingieran”.

La muestra se obtuvo tras relevar más de 100 productos en 38 comercios de Capital Federal y hallar que “el 66% de los casos presenta restos de flumequina y, principalmente, clorhidrato de oxitetraciclina, ambos compuestos de los antibióticos utilizados en los criaderos de salmón para contrarrestar las enfermedades que provocan sus muertes”.

En Argentina el consumo de pescado en el 2016 fue de 7,2 kilos per cápita.

El estudio asegura que el consumo no intencional de medicamentos a través de residuos presentes en los alimentos que ingerimos “puede generar una selección de bacterias resistentes a los antibióticos, que en un futuro serán más complicadas de eliminar del organismo ya que contrarrestarán los efectos de las medicinas por lo que la persona afectada sería más propensa a contraer enfermedades”.

La mayor cantidad de salmón que se consume en la Argentina “es importada fresca desde Chile cuya industria es sumamente relevante a punto tal que se ha convertido en el segundo productor mundial de este pescado, detrás de Noruega”, precisa el estudio.

En el país trasandino los peces se crían en reductos artificiales sobre el mar habilitados por el Estado y, de acuerdo al estudio, “suelen administrarles pesticidas y antibióticos, para controlar las enfermedades” .