Estilo Martes, 8 de noviembre de 2016

Penélope Cruz es la nueva reina de España

La actriz es la protagonista del nuevo film de Fernando Trueba que repasa la historia de la monarquía española.

Por Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

Hace años que Fernando Trueba no estrena: su última película fue "El artista y la modelo" (2010). Pero la racha de silencio se cortó, y a lo grande. Es que el director español se subió a la ola de la moda en torno a las monarquías y el diseño de arte vintage, para surfear sobre una historia que tiene a Penélope Cruz como reina y protagonista.

La película se llama "La reina de España" y es la continuación de una de las joyas cinematográficas más celebradas del realizador: "La niña de tus ojos" (1998). 

Es verdad que Trueba apeló a su conocimiento por los gustos de las audiencias globales, y le hincó el diente a una trama que tiene mucho de repaso visual histórico y glamoroso. Pero, claro, es un autor de fuste y por eso este film, que estrenará en Europa el 25 de noviembre, es mucho más que imágenes de ensueño y preciosismo pictórico.

 

 

"La reina de España", además de una continuación de aquella película formidable del '98, hace pie en el desembarco de Hollywood en tierra española durante el "Franquismo". Este momento histórico terminó en los '60 con el desembarco de los estudios cinematográficos de Samuel Bronston. Claro que ahí está solo la anécdota, porque tratándose de Trueba el subtexto de la trama, en esta comedia dramática, se extiende en mirada crítica y amorosa sobre el oficio del cine y la pasión por el rodaje.

Los ingredientes de la película son por demás nutritivos a la hora de pensar en "perlitas" fílmicas; Hitler, Franco, la farándula del cine y el fascismo toman la iniciativa: podrán calibrar el ideario visual. "Una gran parte de mis películas son comedias -comentó el propio director en un comunicado oficial al momento del lanzamiento del tráiler de esta secuela-. Llevaba un tiempo alejado del género. Ahora tenía una necesidad física, moral, de volver a la comedia. De volver a escuchar la risa del público, de la gente".

 

 

Decíamos: la bella Penélope es nuevamente -como en "La niña de tus ojos"- la actriz Macarena Granada. Pero esta vez vuelve a su tierra ya convertida en una estrella internacional. Ella es la que tendrá que encarnar a la reina española Isabel la Católica. Al enterarse de la llegada de Macarena, Blas Fontiveros (Antonio Resines), que no había regresado al país desde que se fuera a dirigir "La niña de tus ojos" a la Alemania nazi, decide volver y reencontrarse con viejos amigos. Esta llegada desata una serie de idas y vueltas que pondrán en problemas al rodaje de la nueva superproducción.

Una de las novedades, que a los argentinos nos interesa en especial, es que el Chino Darín se cuenta en este casting de lujo (en un papel no protagónico, por supuesto); donde además de Cruz y Resines suenan Jorge Sanz (Amantes), Santiago Segura (Torrente, el brazo tonto de la ley), Neus Asensi (Los hombres de Paco), Loles León (Átame!), Rosa María Sardá (Todo sobre mi madre) y Jesús Bonilla (La comunidad).

 

TODOS CON CORONITA
El boom monárquico, que arrancó hace ya muchos años en el cine (recordemos "Elizabeth" y su saga, por ejemplo), tiene su correlato en las plataformas digitales y en los proyectos televisivos a gran escala. "Los Tudors" y "Los Borgia" son dos ejemplos de cómo Showtime y HBO olieron con tino que la época, trabajada con calidad y puesta a funcionar en la pantalla chica con guiones adrenalínicos, era una veta muy potable para hacer dinero en la nueva fisonomía de esta industria.

 

 

Netflix por estos días, volvió a dar gestos de que los reinados lo desvelan: estrenó el viernes pasado "The crown", una elegante serie basada en la ascención y coronación de Isabel II. Aunque el desarrollo e impacto visual está garantizado con la firma de Stephen Daldry como productor, la trama peca de desvaída e inocente: deja en primer plano los devaneos emocionales de los personajes (que muy exaltados no son, recordemos que hablamos de ingleses) y las intrigas políticas -con sus consecuentes traiciones- pasan a un segundo plano totalmente lavado y sin sangre.