• Jueves, 4 de abril de 2002
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A 30 años del Mendozazo

“La represión del levantamiento popular del 4 de abril de 1972 fue una jugada de parte del Ejército que se oponía a la apertura democrática que preparaba el presidente de facto, Alejandro A. Lanusse.”

Por Carina Sacchero
Cuando uno vive una crisis político-económico-social como la que estamos atravesando se siente deprimido. Cree que el país nunca ha estado en tan malas condiciones, y que la salida está muy lejos o es improbable. Sin embargo, la historia argentina nos muestra que el país ha pasado por muchos momentos difíciles, de crisis institucional y que se pudieron superar con esfuerzo y con tiempo. Tal es el caso del Mendozazo.

Corría 1972, bajo el gobierno de facto del general Alejandro Agustín Lanusse. Hacía seis años que se sufría el yugo de los gobiernos militares, la falta de derechos y garantías de los ciudadanos, la intervención de provincias y municipios, la anulación de Legislaturas y Concejos Deliberantes, la intervención de universidades y sindicatos, la restricción a la libertad de expresión, el estado de sitio casi permanente. A eso se le sumaba el aumento de la inflación y el desempleo, el alza de los productos de la canasta familiar y de los impuestos y servicios públicos, el atraso en el pago de los sueldos de maestros y estatales, etc., etc.

El malestar se generalizó rápidamente debido a la falta de respuestas a estos problemas por parte del gobernador interventor de la Provincia, el demócrata Francisco Gabrielli. Desde las uniones vecinales y los sectores más desprotegidos económicamente se comenzó a organizar una protesta por el alza de la luz. La CGT quiso encabezar o dirigir el descontento de la gente y decretó un paro de dos horas para el 4 de abril y una movilización a la explanada de la Casa de Gobierno, con el fin de presentar un petitorio a las autoridades provinciales.

Ese mismo día el gremio del magisterio se concentraba en la puerta de su sindicato para acoplarse a la movilización. Las maestras conversaban entre sí cuando llegó una autoridad policial que ordenó el desalojo del lugar. Casi inmediatamente apareció un carro hidrante que comenzó a expulsar agua coloreada de azul. Unas maestras cayeron al piso por la fuerza del agua y otras lograron refugiarse en las casas vecinas. A continuación, la policía montada terminó por amedrentar a las maestras, que huyeron aterrorizadas.

Sin embargo, este episodio no interrumpió la marcha de los demás sindicatos, uniones vecinales, comerciantes, estatales, jubilados y gente descontenta que se dirigió a la Casa de Gobierno. Allí se cantó el Himno Nacional, algunos estribillos en contra del gobierno y se escucharon discursos de distintos representantes gremiales. En el momento que un grupo de dirigentes de la CGT se aprestaba a entrar con el objeto de presentar el petitorio al gobernador, se cerraron las puertas y ventanas y comenzó la represión policial.

Los manifestantes, en un primer momento, corrieron para refugiarse detrás de la arboleda y edificios circundantes. Pero, superada la sorpresa, comenzaron la ofensiva con piedras, dando vueltas los autos estacionados en las cercanías y prendiéndoles fuego. La confusión aumentó. Los ánimos estaban totalmente enardecidos. A las 14 entraron en acción fuerzas de Gendarmería y del Ejército y se declaró el estado de sitio.

Los manifestantes, por ese entonces se habían dirigido al centro de la ciudad, donde continuaron con los destrozos de vidrieras de los comercios. Esto fue aprovechado, también, para el pillaje y robo. Los enfrentamientos y detenciones se generalizaron. Pero hacia el anochecer la ciudad había recobrado una tranquilidad relativa. El saldo de esa jornada violenta fue de un muerto, decenas de heridos y muchas pérdidas materiales. Pero el Mendozazo no terminó el 4 de abril, los disturbios continuaron los días subsiguientes, sobre todo en los departamentos aledaños a la ciudad, registrándose dos fallecidos más. Por su parte, el gobernador Gabrielli renunció y fue reemplazado, luego de un interregno militar (a cargo del general Gómez Centurión), por otro interventor demócrata, Félix Gibbs.

Un análisis profundo sobre este tema nos hizo encontrar una serie de móviles o causas que lo provocaron hasta este momento desconocidos. Evidentemente el Mendozazo fue producto de una provocación por parte de las fuerzas policiales, primero, y de Gendarmería y el Ejército, luego, hacia la gente descontenta.

El ataque a las maestras no tiene explicación lógica. El gremio docente estaba formado, en su mayor parte, por mujeres cultas. Se caracterizaba por ser una agrupación pacífica, no revoltosa ni inmiscuida en la lucha política. ¿Qué peligro representaba? A nuestro, sólo que era un gremio muy numeroso que se sumaba a una manifestación multitudinaria, y eso era una combinación explosiva.

La represión se extendió también a aquellos que estaban en la Casa de Gobierno. Según los relatos de los que participaron, la gente no llevaba armas e incluso habían ido familias enteras, con ancianos y niños. Recuerdan que fue la Policía la que comenzó a disparar. A ella se sumaron otras fuerzas de represión cuando la gente, enardecida, les hizo frente. Dichas fuerzas habían sido trasladadas desde Córdoba el día anterior, es decir estaba premeditada y organizada la provocación y la posterior represión.

¿Quién y por qué motivo reprimió a los manifestantes? El ingeniero Gabrielli, el día previo al Mendozazo, tuvo la visita del general Luis Gómez Centurión, a cargo de la VIII Brigada de Montaña. El general quiso convencerlo de organizar la represión porque sospechaba la participación de activistas de izquierda. Gabrielli desautorizó la idea, pero como el general obtuvo la autorización del III Cuerpo de Ejército para que la Policía y la seguridad de la provincia quedaran bajo su mando, el gobernador renunció en la noche del 3 de abril, aunque recién le fue aceptada al otro día. Por lo tanto, el responsable directo de los sucesos de represión sería el general Luis Gómez Centurión.

¿Cuáles fueron los verdaderos motivos de tal decisión? La presencia de personas con ideologías políticas de izquierda ( nombre genérico para englobar a comunistas, marxistas, socialistas y a todo aquel que se opusiera al gobierno militar) era habitual, pues esas ideas se habían difundido en las décadas del ‘ 60 y ‘ 70. Eso no era motivo suficiente.

Nuestra investigación nos llevó a pensar en una "jugada" por parte de los generales Luis Gómez Centurión (de Mendoza) y Alcides López Aufranc (general del III Cuerpo de Ejército con sede en Córdoba). Ambos disentían con la apertura política que preparaba el presidente Lanusse y con el próximo llamado a elecciones democráticas proyectado para 1973.

Gómez Centurión y López Aufranc querían evitar que el gobierno pasara a manos de civiles. Querían terminar con la denominada "Revolución Argentina " que había comenzado Juan Carlos Onganía en 1966. Querían medir fuerzas y adhesiones militares para derrocar a Lanusse y reemplazarlo por otro militar que compartiera estas ideas. Pero las cosas no salieron como las planearon porque desde ningún otro punto del país hubo adhesión al levantamiento.

¿Por qué se eligió la provincia de Mendoza, que se caracterizaba por ser tranquila y pacífica? Justamente ese era el desafío. Sublevar a la provincia rural, que no tenía un cuerpo obrero e industrial importante, ni un estudiantado revoltoso, como sucedía en Córdoba o Rosario. El desafío era mostrar que si el descontento con Lanusse había llegado a la Mendoza pacífica, había que cambiar de política y de presidente.

Gómez Centurión tuvo que volver a los cuarteles sin haber logrado su objetivo y Lanusse continuó con su proyecto de retornar al orden constitucional. Las elecciones generales que se efectuaron en 1973 consagraron la fórmula peronista integrada por Héctor J. Cámpora-Vicente Solano Lima.

Se cumplen 30 años de aquel suceso. El Mendozazo fue considerado como la culminación de un momento de crisis tan profundo “que no se podría superar”, porque “la Argentina había tocado fondo”. La historia se encargaría de mostrar que no era así.