Mi hijo será... cómo influimos en la vocación de nuestros jóvenes

La elección de una profesión es todo un desafío para los jóvenes que quieren seguir estudiando. Y si a esto le sumamos la influencia familiar y social, la presión se hace cada vez más fuerte.

Mi hijo será... cómo influimos en la vocación de nuestros jóvenes
Mi hijo será... cómo influimos en la vocación de nuestros jóvenes

Como escribiera Miguel Mateos en los ‘90: “nene, nene, qué vas a hacer, cuando seas grande”. El momento de escoger una profesión nos llega a todos. Antes, después; llega. Y necesita de jóvenes seguros y asertivos para tomar la decisión exacta y desarrollarse con felicidad.

Pero los jóvenes no están solos, sus padres los acompañan y éstos quieren lo mejor para ellos. A veces es tanto su amor que pueden confundir el momento de elección profesional, decidiendo por sus hijos.

Cuando somos niños, es común imitar las actividades que desempeñan las personas que viven en nuestro entorno social cercano. Mamá es maestra, jugamos a ser maestros. Papá es médico, jugamos a ser médicos. A partir del segundo año de vida, el niño/a comienza a imitar su entorno familiar más próximo.

Empieza a jugar a “Ser”. Pero eso no es un indicio para determinar que el niño, porque juega a ser médico, lo será en su adultez. Esa decisión depende de muchos aspectos y los padres tienen un rol fundamental, pero no decisorio.

Ximena Olivares, psicóloga infantil, comenta al respecto que en la niñez, es probable que al pequeño le guste una profesión o una actividad, pero esta es una decisión momentánea. Puede llegar a la adolescencia, al punto de la adultez y ya no mantener el deseo de su infancia y es que existen aspectos familiares y sociales que influyen en esa elección final. Mientras más jóvenes somos, más difícil nos resulta tomar decisiones y esto genera ansiedad.

El joven necesita acompañamiento, debe sentir el apoyo de su familia y es aquí cuando los padres tienen un papel importante en la vida de sus hijos. Es que deben guiar la elección, no imponerla.

Por un lado, suele ocurrir que hay padres que depositan en sus hijos deseos propios: que estudie una carrera que le garantice solvencia económica o continuar con el legado familiar; el abuelo abogado, el padre abogado, ¿cómo el nene no va  a ser abogado? Otra situación es cuando lo que está en juego es el prestigio familiar, dado por un apellido reconocido por cumplir un rol social: continuar con una empresa familiar, por ejemplo. Y una última situación es cuando los padres proyectan en sus hijos sus deseos frustrados, cuando no pudieron concretar un estudio e influencian al hijo para que lo haga.

Aquellos padres que han tenido buenas experiencias en su etapa facultativa son más propensos a influenciar a sus hijos en la elección profesional. Mientras que, aquellos padres que han sido exigidos, les darán más libertad a sus hijos en la elección a través de la confianza en la toma de decisiones. En este caso, estos padres tienen que saber que tampoco es bueno darles libertad por demás, ya que esto repercutirá en la decisión de los futuros profesionales, escogiendo quizás al azar sin realmente haberlo analizado con profundidad, agrega Olivares.

La sociedad también aporta su grano de arena

La elección profesional también tiene un tinte social. Es que: ¿está socialmente aceptado realizar una u otra actividad laboral? Cuántas jóvenes se habrán enamorado alguna vez de un músico y han tenido que escuchar a sus padres diciéndoles: “un músico, pero ¿qué hace?”, “ese es un vago, todo el día con la guitarrita”.

Como plantea Paola Depetris, profesora en Filosofía, “en estos tiempos, la sociedad se inclina a reducir el ‘ascenso social’ al ‘ascenso económico’ y a la adquisición del capital que garantice insertarse en una sociedad regida por las lógicas del consumo y del mercado”, desde estas distinciones, agrega que “los estudiantes que consigan culminar sus trayectorias escolares exitosamente (que dista bastante de la mayoría de los jóvenes), se inclinan a continuar estudios que acrediten una salida laboral (técnica en su gran mayoría) y que garanticen su inserción en el mundo del trabajo y de la vida”; pero esto: ¿los hace felices? La elección profesional también tiene un precio social.

Continuando con el aporte de la profesional docente, los medios masivos de comunicación juegan un rol decisivo en la legitimación de los valores de una época. Desde estas matrices socioculturales y económicas, los jóvenes están determinados a optar por aquello que mejor los coloque en una sociedad donde el ascenso social no responde a matrices de democratización de la cultura, sino de la masificación y el consumo.

Los jóvenes no pueden decidir por sí solos su futuro profesional

Todos sabemos que la elección de la profesión es una de las decisiones más importantes que tomamos. Y a veces los jóvenes se muestran desorientados frente a esta elección. Comienzan una carrera, la dejan y comienzan otra. Esta conducta responde a que aún no han desarrollado un proceso adecuado de elección. No cabe duda de que, para los chicos, es un momento de confusión y miedos y es el momento indicado para sentir el apoyo de los padres. Que sean imparciales y busquen, a la par, la mejor opción, aquella profesión que haga felices a sus hijos, porque si presionan la elección, difícilmente los jóvenes tengan una adultez feliz.

Pasar tiempo con los hijos permite conocerlos para reconocer sus habilidades y actitudes. Y, para lograrlo, la comunicación en el seno familiar es muy importante. Los papás que propician la autoconfianza, la autogestión y la independencia, crearán hijos seguros de sí mismos y felices con sus elecciones profesionales. Lo ideal es acompañar al hijo, darle libertad pero estructurándolo para que no se sienta solo e inseguro. Al respecto la socióloga Claudia Gamboa afirma que la influencia, tanto del contexto social, económico, cultural y principalmente familiar son indispensables a la hora de esa decisión.

Eso no quiere decir exactamente que los padres tengan que imponer a sus hijos tal o cual profesión a seguir, el sujeto en decisión tiene que decidir y encontrar el camino por sí solo. De lo contrario, llevaría a frustraciones personales y sociales que lo dificultarán aún más. Que cada sujeto tenga la posibilidad de buscar sus propios caminos. En esta búsqueda el propio sujeto encontrará su futuro personal, profesional y laboral.

Aspectos que influyen en la elección profesional

Existen factores internos y externos que participan en la elección profesional. Dentro de los llamados factores internos hay que destacar que la formación profesional parte de sueños y anhelos que se miden a nivel muy personal, “lo que siempre soñé ser”. Considerar, también, los intereses del joven, sus habilidades y actitudes.

Que reconozca sinceramente qué cualidades lo hacen fuerte y dónde están sus debilidades. Sus gustos y deseos más profundos. Escoger carreras que se acomoden a su perfil y empezar a hacer un trabajo minucioso de investigación de cada una: conocer perfiles profesionales, objetivos, escenarios laborales, planes de estudio, duración total de cursado.

Existen motivaciones socioculturales que llevan a estudiar una carrera y son las principales motivaciones a la hora de la elección, ya que el estar insertos en un país, una región, una provincia, una sociedad, una comunidad, en un nivel educativo primario y secundario, un barrio, una familia concretos con costumbres, valores, tradiciones específicas nos marcan en el momento de una decisión tan importante, destaca Gamboa.

Estos son los factores sociales: el lugar donde el joven quiere desarrollar sus estudios, las costumbres y tradiciones de dicho lugar, la oferta educativa que exista en su zona de residencia, las posibilidades económicas de la familia para poder costear los estudios, las demandas del mercado laboral en cuanto a la profesión escogida por el adolescente, los deseos profesionales que caractericen a la familia.

Si lo pensamos de este modo, elegir una profesión ya es un trabajo. Escoger correctamente con el apoyo familiar y el asesoramiento académico, es el inicio de un nuevo camino; y para ello los jóvenes deben decidir desde su convicción y no bajo presión.

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