Más Deportes Lunes, 17 de julio de 2017

Luis Armendáriz: el matador inoxidable

Jugó durante 26 temporadas en primera división, siempre en Andes Talleres, adonde arribó a los 16 años.

Por Redacción LA

Se retiró a los 42 cuando ya jugaba con su hijo Marcelo. Fue campeón Sudamericano en el ‘66 en un torneo que se jugó teatro griego Frank Romero Day.

 

Escribir el nombre y apellido  “Luis Armendáriz” es mencionar el jugador de básquetbol más emblemático de todos los tiempos. Un ilustre. Un iluminado. Un hombre, que sobresalió entre tantas figuras que tuvo y tiene el básquetbol mendocino, por su humildad, modestia, sencillez, liderazgo y principalmente, por su talento demostrado durante 26 temporadas en el basquetbol de primera división.  

Es que Don Luis, jugó desde los 16 hasta los 42 años. Es más, se dio el gusto de jugar con sus hermanos mellizos Francisco y Juan José, quienes a los 12 años, le pincharon la pelota de fútbol que tenía y lo acercaron al mundo del básquetbol. 

Su mundo. Su lugar. Adiós al sueño de ser centrodelantero y goleador de Gimnasia y Esgrima. Llegó el momento de jugar al básquet. El Club Arizu fue su primera escuela. Al poco tiempo, se incorporó a Andes Talleres Sport Club, su hogar deportivo de por vida. Llegaron los innumerables títulos con Andes Talleres, la Selección Mendocina y la Selección Argentina. Luis Armendáriz se convirtió en el símbolo del básquet de la tierra del sol y del buen vino. 

 

 

Toda su vida deportiva quedó reflejada en las páginas del Diario Los Andes. En una charla exclusiva con Más Deportes, realizó un repaso de su larga y exitosa carrera deportiva.

Lo primero que recordó fueron aquellos compañeros que tuvo en cadetes menores: “Roberto López; Juan Carlos Wetach, más conocido como Panchato, Gabriel Arnosti, Alejandro Iranzo, Máximo Videla, Ramón Quiroga, Humberto ´Tito´Carra y sus hermanos Francisco José. Ese equipo era dirigido por la dupla compuesta por Alberto Palos y José Ferrer”. 

Luego, llegó el momento de nombrar a sus amigos de la institución Azulgrana, esos compañeros que convirtieron al Club Andes Talleres en un equipo imbatible, el más ganador de la historia hasta la actualidad y con el que lograron el récord de 112 partido invictos. Y 10 títulos en forma consecutiva.

Nunca superado: “Orlando Toledo, Armando Fernández, Roberto Andrade, Víctor González, Edgardo Sergio Peralta, Raúl Estalles, Raúl y Roberto Brioude, José Luis Nenna, Juan Coria, Antonio Alvaro y 'Cachita' del Río”. 

 

 

Luis Armendáriz fue convocado a la Selección Argentina en el año 1960 para disputar el Torneo Sudamericano que se disputó en la provincia de Córdoba. Un año más tarde, estuvo vistiendo la camiseta Albiceleste en el Sudamericano de 1961 en Río de Janeiro.

En el año 1966 fue el único mendocino que integró la Selección denominada “Los Cóndores” que ganó el Sudamericano en la provincia de Mendoza. Además, ese mismo año, el ídolo Azulgrana disputó el Mundial Extra que se jugó en la República de Chile. En esa oportunidad, Yugoslavia se consagró campeón y Argentina clasificó para la ronda consuelo. 

 

 

El “maestro” Luis siempre que recuerda esa Selección del año 1966, se emociona: "El nombre de los Cóndores surgió de la etapa previa, como una fuente de inspiración cuando los 12 jugadores del plantel nos habíamos concentrado y nos preparábamos en Mendoza. 

Era la combinación del imponente vuelo del cóndor en la agreste geografía de la cordillera de los Andes con la fuerza, energía y agresividad que teníamos que poner para volver a ser los mejores de Sudamérica, en una época en que Brasil resultaba invencible, ya que había ganado los últimos cuatro Sudamericanos Chile (1958); Córdoba (1960); Brasil (1961) y Perú (1963).

Ese cóndor, vestido con indumentaria deportiva, posando en una cancha de básquetbol, con una pelota bajo el brazo y el majestuoso marco de la montaña y del anfiteatro Frank Romero Day a sus espaldas, se convirtió en el símbolo del juego y del éxito que tanto anhelábamos. Fue el logro más importante en mis largos años de jugador, algo, único, conmovedor e irrepetible”. 

Su infancia  

El maestro Luis, nació el 22-10-39 en Dorrego, Guaymallén. Allí aprendió a caminar, creció y transcurrió su infancia y adolescencia. Terminó sus estudios primarios en la escuela Arístides Villanueva, luego de pasar por el tradicional Colegio Monseñor Verdaguer y Antequeda. De niño, siempre tuvo la cultura del trabajo, por esta razón siempre ayudó a sus padres con un reparto de aceite comestible que tenía el grupo familiar. Luego, aprendió el oficio de chapista que con el tiempo desarrolló durante 53 años en un taller de su propiedad. 

Su familia

Don Luis construyó una hermosa familia junto a su esposa Norma Isabel, su hijo Marcelo, quien brilló también como basquetbolista y se recibió de Ingeniero Industrial y su hija María Graciela, quien reside en España, donde se recibió de cantante lírica y actúa como soprano. Sus nietas: Agustina, Lucas y Micaela. 

 

 

¿Cómo era su juego?

Don Luis, siempre, se definió de la siguiente manera: "Me es indiferente marcar o golear. Considero tener la misma capacidad para las dos cosas. Me gusta jugar y no perder nunca. Grito, sufro, lo vivo por costumbre". Sin dudas, el estilo Armendáriz fue muy personal. Mucha fuerza para jugar. Una habilidad natural admirable. Técnicamente fue un dotado y como plus, se adaptó siempre al plan de juego o de trabajo que sus entrenadores idearon. 

 

Compañero de su hijo

El mejor jugador mendocino de todos los tiempos, jugó hasta los 42 años y en su juego despedida, en 1981, se dio el gusto de jugar con su propio hijo Marcelo. Fue el 23 de diciembre de 1981. Rival: Atenas Sport Club. Estaba en juego el título de campeón de la temporada. En esta oportunidad, el Azulgrana no logró el corte de redes, pero Don Luis, el maestro dio la gran vuelta olímpica.

 

 

La tribuna se lo pidió de pie y con aplausos. Los simpatizantes Azulgranas le entregaron una plaqueta y un ramos de flores. Fue ovacionado por todos. Propios y rivales. A su lado estaba su hijo Marcelo, que con tan sólo 15 años, ya mostraba dotes de talento. Su amigo, su compañero, su hijo, fue quien heredó la histórica número 6 Azulgrana.