Policiales Domingo, 22 de enero de 2017 | Edición impresa

Luciano Cabral: entre la gloria del fútbol y la sombra de una cárcel

El deportista está preso en San Rafael por un homicidio. En días se puede definir su prisión preventiva o si vuelve a las canchas. Perfil de un chico humilde que tocó el cielo con las manos y hoy depende de sus abogados.

Por Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

Por estos días de tremendo calor, el joven y talentoso futbolista Luciano Cabral (21) debería estar entrenándose en su club, el Atlético Paranaense de Brasil, país en el que vive como lo hacen los futbolistas exitosos: lleno de lujos; o debería estar estudiando su mentado pase a la Universidad Chile por 3 millones de dólares. 

Pero nada de eso sucede. Luciano por estos días está en un pabellón de la cárcel de Encausados de San Rafael, donde -como en toda prisión- el calor de esta época parece recrudecer. 

Está preso porque lo acusan del homicidio del joven Joan Villegas (27), ocurrido el 1 de enero de este año en General Alvear. Junto con Luciano hay cuatro sospechosos más, entre ellos su padre José (42), su amigo Alex Olguín (18) y dos menores: uno de 17 años y un nene de 13. 
 
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Luciano Cabral nació en Alvear el 26 abril de 1995 en una familia humilde del humilde barrio Pacífico. Fue criado por su padre, un albañil de nacionalidad chilena, quien de inmediato notó en su único hijo varón potencialidades futbolísticas. 

El nene jugó en Pacífico de ese departamento y luego fue a la CAI de Comodoro Rivadavia, pasó a River (donde fue compañero de inferiores de Gio Simeone) y más tarde recaló en Argentinos Junior (donde jugó con Riquelme).

En el ínterin, se nacionalizó chileno y lo convocaron para el campeonato Sub-20 de Uruguay, donde se lució para Chile. En julio del año pasado fue cedido a préstamo al Atlético Paranaense de Brasil por 350 mil dólares. 

Iba a Alvear cada vez que podía a ver a su padre, el albañil que nunca dejó de vivir en la humildad del barrio Pacífico.
 
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Joan Villegas tenía 27 años y también sabía de la vida complicada. El joven nació en un barrio cercano al de Luciano. Fue criado por su madre María Angeles (su padre vive en España) y nunca se fue de Alvear. En marzo de 2008, después de una pelea a la salida de un boliche, cometió un asesinato.

"Yo misma lo entregué a la Justicia", dice su madre a la hora de recordar el hecho. En el juicio, Joan fue condenado a 10 años de prisión y lo enviaron a la cárcel de Encausados. Salió en 2016 después de cumplir 8 años de su pena. "Y salió convertido en un referente social; tenía una murga y ayudaba a los chicos en problemas, que en Alvear hay varios", sigue su madre.
 

 

El futbolista Cabral llegó a su barrio natal el pasado 22 de diciembre a pasar las fiestas de fin de año con su familia, tal como hacía cada vez que podía. En uno de esos viajes, cuando el chico que se había nacionalizado chileno y jugaba en la Sub 20 de ese país, la política se acordó de él y el Concejo Deliberante lo condecoró como "deportista destacado".

"Alvear es chico, y un caso como el de Luciano genera, sí o sí, envidia en muchos. Hay quienes no le ‘perdonan’ que sea un triunfador", cuenta uno de sus abogados a la hora de explicar lo que pasó la mañana del 1 de enero.

Ese día, a las 8, Joan Villegas -que según su madre no había salido la noche anterior- llegó en su moto hasta el barrio Circunvalación y alguien le pidió que lo llevara a comprar algo.

De acuerdo con lo que hay en el expediente a partir de testimonios, en ese sitio Villegas se encontró con algunos de los Cabral, "con los que se tenían bronca desde hacía tiempo", indica una fuente judicial consultada por este diario.

A Villegas lo corrieron hasta que en Calle 5 y Chacabuco lo atraparon. Entre al menos cinco personas lo golpearon brutalmente y uno de los agresores lo remató de la peor manera: tomó un pedazo de cordón de la calle y se lo arrojó en la cabeza. Villegas, que estaba en el piso, no se levantó más: murió en el acto.

 
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A las pocas horas, un juez subrogante mandó a detener a las personas que algunos testigos señalaron como intervinientes en la pelea. Al mediodía de la primera jornada del año, Cabral padre, Alex Olguín, un menor de 17 años y un nene de 13 quedaban detenidos por el hecho.

Luciano se presentó dos días más tarde y también quedó preso. La fiscal del caso, Ivana Verdum, los imputó a los mayores de  "homicidio agravado con la participación de menores".

Los cinco fueron a distintos sitios de encierro y el futbolista quedó en Investigaciones de Alvear hasta que se viera qué pasaba con su prisión preventiva.
 
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Gustavo Nedir, abogado de cuatro de los cinco detenidos (todos menos el nene de 13 años), presentó un escrito en el que pedía la libertad de sus defendidos.

La semana pasada, la fiscal Verdum solicitó una prórroga de 10 días para recolectar más elementos probatorios y ver si pide o no la prisión preventiva de los sospechosos "ya que se trata de un caso complejo", tal como dijeron desde su fiscalía. 

Ese día, Luciano dio un paso más al abismo: lo mandaron al penal de San Rafael. Verdum puede pedir o no la preventiva ya que cuenta con diez días más de prórroga en caso en que lo considere necesario.

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Para la madre de la víctima, los detenidos son los que mataron a su hijo. "Y está bien que estén presos por eso: dos de ellos -por los menores- eran ayudados por Joan y ahora le hicieron esto", se lamentaba la mujer.

Para el abogado de los presos, "no hay elementos que pongan a mis defendidos en el lugar del suceso, y lo vamos a demostrar. De hecho vamos a pedir que Luciano declare -todos se han abstenido de hacerlo- para que cuente que no tiene nada que ver con el crimen".

En Alvear algunos especulan con la posibilidad de que su padre asuma la autoría del hecho y de ese modo liberar a su hijo: la estrella de fútbol  que lo puede llevar a la salvación. 

El abogado Gustavo Nedic es optimista con respecto al futuro de sus clientes. En cuando al caso específico de Luciano sentenció: "No lo pueden condenar por el hecho de que sea famoso".

Entretanto, el futbolista espera que las horas pasen a la sombra de su celda en la cárcel de San Rafael. Dicen que el joven, que hace las veces de enganche asistidor en el campo de juego, "está entero y confiado", como cuando salía a la cancha y convertía y hacía convertir goles.