Luchar contra las dificultades de los alumnos aporta más de lo que cuesta

La conclusión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos se basa en los resultados de la encuesta Pisa.

Luchar contra los malos resultados escolares, que conciernen al 28 por ciento de los alumnos de quince años, es costoso pero rentable a largo plazo, estimó un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que insta a los Estados a seguir esa vía.

Más de una cuarta parte de los alumnos de quince años tienen malas notas en matemáticas, en comprensión de la escritura y/o en ciencias, según Pisa, la investigación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, cuya última edición data de 2012.

Los datos recabados ese año sirvieron de base para este nuevo informe.

El estudio concierne a 13 millones de alumnos con malos resultados al menos en una asignatura en 64 países. En algunos de estos, la proporción sobrepasa el 50 por ciento.

Los malos resultados escolares “tienen consecuencias a largo plazo” con “alto riesgo” de abandono escolar de esos jóvenes y un crecimiento económico inferior. Algunos países se encuentran incluso en un “estado de recesión permanente”, advierte el informe.

Los beneficios de la lucha contra ese fenómeno “superan de lejos los costos de la mejora”, estima la organización.

Si de aquí a 2030 cada alumno de quince años lograra “adquirir un bagaje mínimo de competencias fundamentales” en literatura y matemáticas en los países de alto ingreso de la OCDE, los beneficios a largo plazo para la economía de dichos países podrían alcanzar “aproximadamente 1,5 veces sus PBI actuales”, afirma la organización.

Entre 2003 y 2012, la OCDE censó nueve países que lograron reducir su proporción de alumnos con malos resultados en matemáticas: Alemania, Brasil, Rusia, Italia, México, Polonia, Portugal, Túnez y Turquía.

Como entre ellos no hay gran cosa en común, la organización llega a la conclusión de que “todos los países pueden mejorar los resultados de sus alumnos” si deciden que es una “prioridad de su política educativa” y le asignan recursos suplementarios.

Habría que “implicar a los padres y a las colectividades locales, alentar a los alumnos a aprovechar las posibilidades de educación que se les ofrecen, identificar a los alumnos con malos resultados y aportar un apoyo” a los alumnos, a los establecimientos y a las familias.

La OCDE aboga asimismo en favor de “programas específicos para los alumnos inmigrados, que hablen una lengua minoritaria o que vivan en zona rural; luchar contra los estereotipos de género, reducir las desigualdades de acceso a la educación” y “limitar el recurso a la selección de los alumnos”.

Factores de riesgo

Varios factores pueden contribuir a que los alumnos tengan malos resultados: la probabilidad de estar en esa situación es 2,5 veces mayor para los jóvenes procedentes de la inmigración y que no hablan en la casa la misma lengua que en la escuela.

El riesgo es también mayor cuando se vive en el campo o en una familia monoparental.

Cuando se acumulan varios factores de riesgo, la posibilidad de tener malos resultados en matemáticas culmina en 76 por ciento para una niña procedente de la inmigración, que habla en casa otra lengua que en la escuela, que vive en una familia monoparental y en zona rural.

No solamente los factores de riesgo son más numerosos para los alumnos de sectores sociales desfavorecidos sino que, además, estos “tienen una incidencia más fuerte en sus resultados”.

Como media, más de un tercio de la diferencia de resultados en matemáticas entre alumnos es atribuible a diferencias entre los establecimientos escolares.

Finalmente, los alumnos con malas calificaciones faltan más a los cursos que los otros, tienen menos perseverancia y menos confianza en sí mismos, lo que no es sorprendente.

En cambio, lo que sí sorprende es que a menudo esos alumnos “consagran un tiempo equivalente a ciertas actividades” vinculadas con las matemáticas, como la programación informática o el ajedrez.

Suman otra responsabilidad a la escuela

Como si fuera poca toda la responsabilidad que la escuela tiene, el senador provincial Gustavo Arenas es autor de una iniciativa que obliga a los colegios mendocinos, mediante talleres específicos, a dictar Educación Vial.

Para ello, el proyecto de ley establece que la DGE asigne “efectivamente las horas cátedra durante las que será impartida”.

La iniciativa -dice la gacetilla- tiende a que la educación vial sea dictada en forma taxativa, ya que actualmente (si bien está incluida en las currículas) continúa enmarcada como una temática transversal que puede ser vista como un contenido de las demás materias, por lo que su dictado depende del criterio de cada establecimiento.

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