Estilo Miércoles, 9 de agosto de 2017 | Edición impresa

La vida en soledad: ¿una elección creciente?

Para muchos es algo impensado, mientras que otros la convierten en su realidad cotidiana, como una elección placentera. Las razones por las que una mujer, o un hombre, deciden transitar su vida entera en soledad son múltiples; pero lo cierto es que esta e

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

“Nadie es una isla por completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente...”. Este es un fragmento de un texto de John Donne, el más importante poeta metafísico inglés de las épocas de la reina Isabel I, el rey Jacobo I y su hijo Carlos I. 

La frase, aunque sacada de su contexto literario, parece en esencia contener significados que aplican a la actualidad, ya que aún en la elección de vivir solos, sin pareja ni hijos, los individuos interactúan socialmente con amigos, familia y conocidos. Ese entorno hace a su felicidad. 

Pero la tendencia a configurar de este modo el núcleo íntimo -prescindiendo de hijos y pareja- parece crecer en nuestras sociedades contemporáneas. 

Tal elección puede deberse a diferentes causas. Según explica el licenciado Daniel Venturini (psicólogo del Hospital Dr.Carlos Pereyra, y docente de la Universidad del Aconcagua): “Esta inclinación de las personas por vivir solas ha crecido bastante porque han cambiado mucho los valores y premisas dominantes actuales, respecto a momentos históricos anteriores”.

Si bien hay muchos avances más que positivos (sobre todo respecto a los derechos de las mujeres) desde hace unos cuantos años estamos viviendo también el mayor predominio de individualismo que se ha visto en la historia de la humanidad. Hoy los seres humanos buscamos muchas veces la realización personal por encima de otras cosas. 

En el pasado, especialmente las mujeres postergaban muchos proyectos personales en función del hogar, la casa, el proyecto de familia... Objetivos que estaban por encima de un montón de aspectos, en función de los cuales dejaban de lado sus sueños respecto a profesiones o trabajos. Preferían en general ser madres. En cambio hoy tienen la posibilidad de elegir (o no) esa alternativa, y dedicarse a una carrera profesional o trabajo.

- ¿Incluso posterga la maternidad?

- Tal cual, o ve que tener hijos implica una cantidad de tiempo y energía durante toda la vida, que le va impedir estudiar, trabajar, viajar... Es decir, que va en contra de lo que desea. Es algo normal que le sucede a muchas mujeres y que las lleva a desear vivir solas.

 Esto que sucede en torno a los hijos también pasa en torno a una pareja. La mujer, al estar antes más relegada, hoy dispone de su propio destino como quiere. Por eso muchas veces, si estar con un hombre implica postergar o ceder cosas, no está dispuesta a hacerlo. Al hombre le pasa igual.

Hoy la gente vive sola porque es la mejor forma de no tener “ataduras o compromisos” que impidan o dificulten esos proyectos de realización personal.

- ¿Es lo mismo vivir solo que en soledad?

- No, no es lo mismo. Porque hay personas que viven solas, pero no se sienten solas: tienen amigos, pareja con casa afuera, proyectos, vida social... En síntesis es una elección. En cambio una persona que está sola, como producto de la imposibilidad de estar con alguien, sí vive o experimenta la soledad. Es decir, vivir en soledad es cuando la situación no se elige, sino que parte de una dificultad para poder estar con alguien. 
Sin embargo, el vivir con alguien no significa ‘no sentirse solo’. Hay mucha gente que vive en pareja, tiene hijos, y aún así se perciben aislados, al de no sentirse escuchados, valorados, considerados, o tenidos en cuenta por ese contexto familiar... El tema es mucho más complejo que vivir (o no) solo, físicamente.

 

A menos que uno sea un náufrago, o un ermitaño, siempre se está en relación: ya sea para buscar medicinas, provisiones o asistencia”, dice el psicólogo Mario Lamagrande.

 

- ¿En qué sentido?

- Se emparenta con que si es algo elegido (o no), si forma o no parte de un proyecto, si las personas se sienten queridas y escuchadas por el entorno cercano, o si pasa totalmente lo opuesto. 

- ¿Dónde está puesto el valor hoy?

- Antes el valor estaba puesto en la estabilidad; como lo era el jubilarse, luego de toda una vida de trabajo en un mismo sitio. O incluso casarse para toda la vida; aunque fueran infelices. 
Hoy el valor no está puesto en la estabilidad, sino en el cambio, en el progreso, y en los logros.

Muchas veces esa posibilidad de cambio permanente, si no se está en pareja o se tiene hijos, es sencilla porque nadie la obstaculiza, al no tener una estructura familiar de la que se forma parte. Da una facilidad de movimientos que no tiene que ver con el sentimiento de soledad.

Los inconvenientes que se observan en este tipo de modelos es que se ha ido perdiendo un poco de compromiso y solidaridad; en el sentido de que el individualismo exacerbado ha generado una cuota importante de desapego afectivo, y una mirada más pragmática.


El hombre, un ser permeado por las relaciones 

Según apunta el psicólogo Mario Lamagrande: “A menos que uno sea un náufrago, o un ermitaño, siempre se está en relación: ya sea para buscar medicinas, provisiones o asistencia. Aún tomando la decisión de alejarse, esta situación se decide en relación a sus semejantes. Uno se define a sí mismo de acuerdo a este contexto”.

- ¿Hay un incremento de personas que desean vivir solas?

- Obviamente tomar esta resolución implica, para el individuo, el hecho de decidir pasar el tiempo consigo mismo; que requiere templanza y una decisión firme, al igual que optar por estar en pareja o construir una familia.
Siempre hay una historia, un bagaje genético y aprendizajes que condicionan la resolución.

- ¿Qué experiencia se ve desde el consultorio?

- Como terapeuta no ha sido un motivo de consulta. Por el contrario sí lo ha sido el temor a la soledad. En los casos de la elección de vivir solos que he podido ver, detrás de los mismos hubo un camino de autorrealización, una búsqueda trascendental.