• Jueves, 29 de septiembre de 2016
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La vendimia muda

Por Leandro Hidalgo - Sociólogo

Mendoza es un páramo de tragedia, un horror al solcito distraído de las siestas. La conmoción y el grado de shock que aquí se vive son altísimos. La violencia tiene múltiples formas, pero la última, la definitiva, es la muerte, y ya no puede taparse más, ya no se aguanta más. 

Formamos marchas, libros, denuncias, conciencia colectiva y conciencia material, pero en el trasfondo qué queda, queda la muerte. A ellas no las salva esta nota, ni la erudición en la Universidad, ni el llamado tardío que parecen empezar a sentir los medios, pero en retrospectiva, algo late más, algo se nombra más, y en un aspecto es un avance (si se me permite el término), porque se sabe que cuando las cosas se disimulan no paran de seguir naciendo. 

Hay procesos de la mudez que duran lo que duran las cosas que parecen eternas, pero en verdad, no hay naturaleza en eso, sino relaciones sociales en la historia, que como explica Bourdieu en ‘La dominación masculina’, hacen un trabajo de eternización, que incumbe a las instituciones conectadas, familia, escuela, Iglesia, Estado, deporte, medios masivos, etc. 

Cada uno de los esfuerzos que hagamos desde distintas trincheras en pos de visibilizar lo invisible (las marchas son cada vez más multitudinarias), será un espacio mayor abarcado para lograr poner en tiempo y espacio esa milenaria “eternidad”, hoy traducida al socio de los genitales, a la tortura, a los huevos, al machismo básico, al machismo cabeza, al machismo careta, al patriarcado, a la impunidad, a toda esa cáscara eternizada que forma la cosmogonía, el universo articulador sobre el cual toda esta violencia construye su propia hegemonía. 

Tenemos responsabilidad individual y social, pasa que también existe una nueva forma de dominación, que muchas veces nos impide construir una armadura en conjunto que vele por lo que precisamos con urgencia. Toda la formalidad y toda la informalidad es necesaria, todos los flancos, todo el Estado debiera intervenir (para no extenderme sobre su ausencia). Ninguna estrategia es minoritaria cuando estamos muriendo, cuando soplamos cenizas, cuando estamos contando cadáveres en la tierra muda de la vendimia y del buen vino.