• Sábado, 4 de abril de 2015
  • Edición impresa

La infancia como personaje

Editada originalmente en Francia, “Té de nuez”, la novela gráfica de Lucas Nine, llega a las librerías argentinas.

Nancy Giampaolo - Especial para cultura

ublicado por Común, la editorial de Liniers y Angie Del Campo, el nuevo libro de Lucas Nine está protagonizado por un bebé inquietante, que viste frac y galera. En su encuentro con Cultura, el dibujante habló sobre la construcción de su particular universo ficcional y del diálogo que establece con las tradiciones de la narrativa visual argentina. Además, ensalzó a varios dibujantes mendocinos y manifestó su deseo de poder ilustrar alguna vez Zama, la gran novela de Antonio Di Benedetto. 

-¿De qué se trata “Té de nuez” y cuál fue su derrotero?

-“Té de nuez” es una historieta que gira en torno al mundo de la infancia y se publicó en capítulos en la revista Fierro entre 2007 y 2009. Salió como libro en Francia en 2012, y ahora la editará Común en español, en una versión en la que modifiqué varias cosas. 

El protagonista es Timoteo, un bebé sombrío que usa galera y frac, y cabalga entre los senos de su asistente: una monumental ama de leche llamada Mamelón. Él es agente del Ministerio de Asuntos Infantiles y su misión es verificar que una cantidad engorrosa de normas y disposiciones relacionadas al mundo de la infancia se cumplan. Reglamentaciones sobre el comportamiento de diversos personajes infantiles (Manuelita la Tortuga, pongamos por caso), la correcta hora para tomar la leche, cosas por el estilo. Los personajes se mueven en un mundo bastante surrealista.

-El pretexto de la infancia en un trabajo para adultos…

-Sí. “Té de nuez” trabaja con un montón de recuerdos de mi infancia, pero se trata de una historieta para adultos por su enfoque, el tipo de humor, los componentes eróticos, etcétera. En Argentina, el libro ilustrado para adultos es una novedad exótica. La historieta para adultos floreció en las revistas de Editorial Columba, en Skorpio o en Fierro y murió con el formato (la única que queda es Fierro). En Europa o Estados Unidos la historieta para adultos se refugió en los libros, pero aquí se trata de un camino que apenas se ha empezado a recorrer.

Las editoriales tradicionales argentinas consideran al libro ilustrado (de cualquier tipo) como algo exclusivamente infantil. En este terreno, existe un campo enorme que está sin explorar, y no sólo por la historieta (o “novela gráfica”, como también se la llama, en parte para ayudar a construir ese mercado, y en parte porque algunos ejemplos realmente apelan a una nueva forma de entrecruzamiento entre texto e imágenes). Creo que hay miles de posibilidades de libros visuales para adultos. La historieta es apenas una de esas posibilidades. Ya hubo en el pasado una tradición de libros adultos visuales. Por ejemplo, el Martín Fierro conoció ediciones ilustradas por Alonso, Castagnino, Zavattaro o Salinas. Pero, por alguna razón misteriosa, se condensó en ese libro la única posibilidad de ilustrar un texto literario, cuando en realidad la literatura que permite este tipo de abordaje es enorme. Qué no daría por ilustrar el Zama de Di Benedetto, por poner un ejemplo.

-El protagonista es, en resumidas cuentas, un bebé en un mundo de adultos…

-El eje de “Té de nuez” está puesto en contar la historia desde el punto de vista del bebé que la protagoniza, en poner la cámara a su altura. En el libro, Timoteo pasa un poco a ser el adulto, y las relaciones que establece con los demás elementos de la infancia cobran un sentido nuevo con este cambio de perspectiva. El mundo se transforma en un espacio amenazador, misterioso, arbitrario, al que creemos dominar y que nos da vuelta de un momento para otro... todo esto está bastante lejos de la relación plácida que solemos pensar tienen los niños con el mundo. Sobre este cambio de perspectivas, esta valoración dramática de un mundo al que suponemos pequeño, legible y controlado, está construido el libro. Por ejemplo, en uno de sus capítulos, Timoteo debe descubrir a un misterioso asesino que golpea durante el trayecto del “Trencito de la Alegría”, mientras lucha contra su admiración ilimitada por la Pantera Rosa, que forma parte del pasaje. Por supuesto, para Timoteo se trata de “la” Pantera Rosa y jamás podría concebir la posibilidad de un señor disfrazado.

-¿Cuáles son las diferencias entre la edición francesa y la de acá?

-La edición francesa del libro se aparta bastante de lo publicado en Fierro porque rehice en parte la historieta, sobre todo en sus primeros capítulos. Al comienzo, estaba experimentando con los personajes (esa es la ventaja del formato revista y de las entregas autoconclusivas). Hacia el final tenía mucho más claro para donde quería ir o cómo funcionaba el dibujo; pero eso me obligó a volver sobre lo ya hecho. 

Al mismo tiempo, la edición incluye mucho material que nunca fue publicado en Fierro, como una gran cantidad de pequeñas falsas publicidades (vendiendo al personaje como si fuera un muñeco de pañolenci), o algún cuentito tomado de las páginas de un supuesto "Suplemento Literario" editado por Timoteo.  La idea de este tipo de juegos es recuperar algo de la sensación provocada por aquellos grandes personajes que recordamos borrosamente haber seguido en nuestra infancia (Patoruzú, Tintín, Astérix), y de los que solemos redescubrir de tanto en tanto algún resto de su paso por este mundo: un álbum de figuritas, un muñeco sin cabeza, algunas páginas arrancadas de un libro; los restos de una civilización acabada.  En este caso, por supuesto, el personaje es nuestra propia infancia. Para la versión francesa hubo que traducir algunas evocaciones argentinas a modelos similares que pueda manejar un lector francés (por ejemplo, ¿cuál es el “Margarito Tereré” francés?), con lo cual se complicó un poco la cosa. En la edición argentina, esas referencias originales están recobradas. 

-Quizás seas más conocido como un historietista pero también sos ilustrador…

-Mucho de mi trabajo como ilustrador se dio en medios muy diferentes: desde diarios y revistas hasta libros. En cada uno de estos terrenos, la ilustración tiene necesidades distintas. Esto puede traer aparejado para el dibujante algún grado de esquizofrenia constructiva, digamos, pero al mismo tiempo es una ayuda contra cierto tipo de hiperespecialización que puede convertir a los ilustradores en productores de embutidos: repetidores de un mismo tipo de recurso estilístico, de yeites, de codificaciones conceptuales que terminan por perder todo sentido. Eso es lo que suele ocurrir cuando los especialistas en un campo determinado trabajan exclusivamente sobre el marco delimitado por otros especialistas similares, sin cruzarse con otras disciplinas y teniendo como único objetivo el de la funcionalidad. El resultado es como esas familias reales que degeneraban a fuerza de casarse entre ellos.  

-¿Cómo ves el mercado de la ilustración editorial hoy?

-En este momento noto que la ilustración editorial tiene una tendencia muy marcada hacia el diseño gráfico. El diseño siempre formó parte de la buena ilustración, pero ahora (y esto es muy visible en mucha gráfica producida en Buenos Aires) el diseño gráfico se convirtió directamente en el sustituto de la ilustración editorial, de una manera demasiado sistemática como para resultar producto de la reflexión de tal o cual director de arte. Por supuesto, los que se utilizan son los manierismos, el aspecto externo. El dibujo que se vea como tal es casi una mala palabra en muchos lados. Esto es algo que por suerte no noto que ocurra con los ilustradores mendocinos: Casciani o Pavezka (por poner algún ejemplo) son dibujantes antes que otra cosa. El dibujante cordobés Santiago Mansilla es otro ejemplo. Es más interesante mirar un suplemento literario ilustrado por ellos que otro lleno de correctas piezas de diseño.