• Martes, 11 de abril de 2017
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Cómo resolver la cuestión del empleo

Porque la economía hacia la que vamos es una economía de innovación y cambio permanentes, una política focalizada en la creación de nuevos empleos -y no en la protección de los que se han hecho insustentables- es lo más apropiado para combatir la desocupación.

Por Fernando Iglesias - Periodista. Especial para  Los Andes

 

El relato lo conocemos todos: desde que el neoliberalismo volvió al poder en la Argentina está en marcha una campaña para destruir el trabajo argentino y la industria nacional. Una avalancha de importaciones se abate sobre ellos y miles de obreros son arrojados a la calle cada día. No hay militante de La Cámpora que no tenga un primo que votó a Macri y se quedó sin trabajo. De manera que es hora de acabar con el gobierno de Macri-gato y volver a los gloriosos tiempos en que el compañero Moreno, pistola en mano, defendía el empleo nacional y popular. 

El relato lo conocemos todos pero tiene un defecto: no se basa en la realidad sino en ejemplos sacados de contexto, en primerísimos planos del drama de gente que perdió el trabajo; como sucede en toda economía, y siempre sucederá. Ahora bien, es cierto que perder el trabajo puede ser un drama. Tan cierto como que el desempeño de un gobierno en términos de empleo no puede medirse por casos aislados ni por el número de empleos perdidos, solamente; sino por el balance entre empleos perdidos y empleos generados, que es otra cosa. 

En Europa, por ejemplo, debido a las muchas leyes que defienden los empleos existentes penalizando los despidos, el número total de despedidos es más bajo que en los Estados Unidos pero la desocupación es el doble (10% contra 5%, aproximadamente). No es un dato menor, ya que toda ley de protección del empleo existente obstaculiza la creación de nuevos empleos porque aumenta el riesgo empresarial de contratar. Por eso, y porque la economía hacia la que vamos es una economía de innovación y cambio permanentes, una política focalizada en la creación de nuevos empleos -y no en la protección de los que se han hecho insustentables- es lo más apropiado para combatir la desocupación. 

Se trata exactamente de lo contrario de leyes como la de “Emergencia laboral” que el núcleo populista-industrialista sancionó el año pasado y encontró en su camino el veto presidencial. ¿Cuál ha sido el resultado de aquel veto? ¿Ha generado más desempleo o más trabajo? Son preguntas que ya podemos responder. 

Comencemos por decir que los sensibles sociales que sancionaron la “Ley de emergencia laboral” y giran hoy por las pantallas de la TV nacional lagrimeando su solidaridad ostentan las peores performances de la Historia nacional. En el balance entre pérdida y generación de empleos, los números no le cierran a la muchachada nac&pop. Correlacionando población y tasa de empleo (INDEC) se observa que la mayor pérdida en un año se registró bajo un gobierno peronista: 413.057 puestos (1995). Y la segunda, también: 274.763 (2002). Y la tercera, también: 259.166 (2014). Menem, Duhalde y Cristina destruyeron en un solo año más empleos cada uno que el horrendo 2001 neoliberal de la Alianza. Ver para creer. 

Del peronismo -y no de la Alianza- es también el récord histórico de desocupación (21.5% en mayo 2002). Del peronismo es también el segundo récord histórico (18.4% en mayo 1995). Más significativo  aún es el hecho de que antes del advenimiento de este último cuarto de siglo de hegemonía peronista la desocupación en Argentina jamás haya llegado a los dos dígitos. Se llegó a un máximo del 7.6% en plena hiperinflación. 

De manera que habría que corregir la afirmación de que el peronismo creó una fábrica de pobres en el conurbano. Lo que creó en 24 años de gobierno sobre 26 fue un infierno de desempleo y marginalidad. A pesar de la mentira repetida en miles de cadenas nacionales de los “cinco o sei millone, masomeno” de empleos creados durante la década saKeada, la tasa de empleo del propio INDEK demuestra que solo se crearon tres millones de empleos, de los cuales más de un millón en un Estado sobrecargado y deficitario. Son datos preocupantes cuando se considera que la población nacional aumentó casi seis millones de habitantes en ese mismo período. 

El resultado es colapso que Cristina nos legó: más de cuarenta y tres millones de habitantes, de los cuales dos tercios en edad laboral (unos 28 millones) y menos de 18 millones de puestos de trabajo; es decir: diez millones de personas en edad laboral que no trabajaban. Y eso, dando por buenos los datos del INDEK y computando como empleos reales a los miles y miles de subsidios a la desocupación encubiertos que provee el Estado nacional. 

Veamos la objeción: bajo el Gobierno de Cambiemos, la situación empeoró. Pero, ¿es cierto? En primer lugar, dejar afuera la campaña “volvieron las importaciones” es fácil: durante los doce años de gobierno de los que no querían importar ni un clavo, las exportaciones se duplicaron (de 25.649 a 56.788 millones de dólares) mientras que las importaciones se sextuplicaron (de 8.988 a 59.756 millones de dólares). Así, el saldo de la balanza comercial pasó de un superávit de us$16.661 millones en 2002 a un déficit de us$2.968 en 2015. En cambio, en el terrible 2016 noventista de Cambiemos volvimos a tener superávit (us$2.128 millones) debido, principalmente, a una reducción de las importaciones: de us$59.756 millones en 2015 a us$55.610 millones en 2016. Una disminución del siete por ciento y no el aumento del que se queja el populismo jurásico que destruyó todo lo que tocó, incluyendo la industria nacional. 

Comparemos ahora la catastrófica situación laboral que llora el peronismo con el último informe del Ministerio de Trabajo: “En diciembre de 2016 se contabilizaron 12,1 millones de trabajadores registrados en el total país. Este número implica un crecimiento de 0,7% con respecto a la cantidad de ocupados formales que había en diciembre de 2015 (alrededor de 81.000 trabajadores más)”. No es mucho, pero de la ola masiva de despidos tampoco hay noticias. 

¿Qué pasó durante el año? Según el mismo informe: “Luego de la contracción verificada en los meses de noviembre de 2015 y enero de 2016 (63.000 trabajadores menos), el trabajo registrado muestra un comportamiento entre estable y levemente expansivo. Entre febrero y diciembre de 2016, 107.000 trabajadores se incorporaron a la economía formal (un crecimiento acumulado del 0,9%)”. Resumo: a pesar del costo de salir de un default de 15 años y del cepo cambiario, y de empezar la corrección del desastre tarifario, todas ellas medidas con inevitable impacto negativo en el consumo, los datos muestran que durante 2016 hubo un aumento de los puestos de trabajo formales.

Pequeño, pero real. 

¿Un fenómeno que dejó afuera a los trabajadores informales? Para saberlo, basta consultar la Tasa de Empleo de la Encuesta Permanente de hogares del INDEC, que señala la cantidad de trabajadores formales e informales como porcentaje de la población total. Y bien, en diciembre de 2015 la cifra era del 41.5%, y para octubre 2016, a fines del tercer trimestre y con la recuperación apenas iniciada, del 42.1%.

Aplicadas ambas cifras a los 43 millones de habitantes de la Argentina, su variación señala un aumento de aproximadamente 258.000 puestos de trabajo en nueve meses, los de la política ajustista de destrucción del empleo y la industria nacional…

La conclusión se hace sola. O el Relato sobre el avance de las importaciones, la destrucción de la industria y la expulsión de trabajadores es falso, o está en marcha una política de manipulación de los datos del INDEC tan siniestra como la que puso en marcha el kirchnerismo en 2007 para convencernos de que no había inflación, se podía comer con seis pesos y la pobreza era menor que en Alemania…  Basta recordar quiénes eran ministros, diputados y jefes de gabinete entonces, cuando vaciaron el INDEC, y de qué partido son hoy miembros, para evitar darle al peronismo tradicional o reciclado la oportunidad de lograr su cuarto récord nacional de pérdida de empleos. 

Dato mata relato. De allí la desesperación de quienes sienten que la última oportunidad de volver al poder se les escapa porque el segundo semestre parece estar llegando finalmente, de verdad.