• Viernes, 17 de julio de 2015
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La conservación de los bosques naturales

En el marco de la ley de ordenamiento territorial se han fijado objetivos para mantener los bosques nativos. Una forma de conservar la biodiversidad y de fortalecer los valores culturales.

Editorial

Mendoza tenía muchas deudas pendientes que, afortunadamente, han comenzado a repararse. Nos referimos a la necesidad de establecer un ordenamiento territorial, absolutamente necesario en una provincia cuyo 97% de superficie es desértica, con sólo 3% que realmente puede ser explotada, y que creció descontroladamente.

Los “antecedentes” históricos determinan que Mendoza creció a la vera de sus principales ríos. Se conformaron así los oasis Norte, junto al río Mendoza; el Centro y el Valle de Uco, junto al Tunuyán y el Sur con el Atuel, aunque la mayor cantidad de población se concentró en el primero y se prolongó en la extensión del Tunuyán, en la zona Este.

Eran épocas en las que sobraba el agua y la población estaba más preocupada por las posibles inundaciones de la época estival que de la escasez de agua para riego o para consumo. Advertidos de que la situación estaba cambiando y con visión de futuro, en su momento se impulsó la construcción de grandes diques con una doble finalidad: reservorio de agua y generación de energía.

En los últimos años, con la Espada de Damocles -el calentamiento global- pendiente sobre la cabeza de los mendocinos, ha comenzado a generarse una cultura en defensa del agua, aunque se da en menor medida en el caso de quienes habitan los centros poblados, cuyos habitantes continúan al frente del consumo per cápita y por habitante.

Sin embargo, no se trata sólo del cuidado del agua si uno quiere pensar en el futuro de la provincia. Es por ese motivo que cobra importancia la conformación de la denominada Agencia Provincial de Ordenamiento Territorial, que depende del Ministerio de Tierras, Ambiente y Recursos Naturales, en el que están trabajando en forma conjunta entidades con una importante trayectoria, como el INTA, la Dirección de Ganadería, la Universidad Nacional de Cuyo, la Secretaría de Agricultura Familiar, el Ianigla, el Iadiza, el Departamento General de Irrigación, quienes están trabajando también en el denominado Programa de Bosques Nativos, en la intención de mantener su conservación.

Para tener una idea de la importancia de esa conservación, sólo podríamos remitirnos a lo que sucedió en nuestro país en oportunidad de la construcción de las redes ferroviarias.

Para la fabricación de los durmientes se erradicaron miles de hectáreas de bosques nativos de quebracho y algarrobo. Según afirman los técnicos en la materia, esa erradicación generó también que se modificara el clima y así entonces muchas regiones fueron ganadas por el desierto.

Un estudio realizado en 2010 permitió establecer que la provincia aún cuenta con zonas boscosas, pese a que la industrialización del siglo pasado arrasó con buena parte del algarrobo, agregando que, frente al franco proceso de deterioro del suelo, el objetivo es conservar, proteger y multiplicar los ejemplares típicos.

Indicaba que las especies casi extinguidas por la mano del hombre son un componente clave del medio local y que la existencia del algarrobo permite que aves y animales autóctonos puedan sobrevivir al clima agreste. Destacaba que las reservas Telteca y Ñacuñán, así como la desembocadura del río Atuel y el borde del río Salado, constituyen las áreas que requieren mayor protección, mientras sobre los departamentos del Este se extiende la franja de mayor potencial agrícola y donde es posible la explotación forestal.

A los efectos de adaptarse a lo estipulado por la ley nacional 26.331 de protección de bosques nativos y su biodiversidad, Mendoza presentó seis proyectos, de los cuales cinco fueron aceptados y comenzaron a concretarse gracias a un aporte proveniente del Banco Mundial. La provincia, por su parte, debía aportar recursos humanos y materiales para llegar a cada uno de los lugares a proteger.

En ese esquema, resulta fundamental la tarea que se desarrolla para el mantenimiento de los bosques naturales en la ley de ordenamiento territorial y uso del suelo, que ha clasificado a los bosques en tres categorías: nivel muy alto de conservación (no se puede cambiar otro uso del suelo); sector de mediano nivel de conservación (no se permite el desmonte) y el de bajo nivel de conservación, que puede transformarse parcial o totalmente. Es una forma natural de mantener la biodiversidad y de defensa de los valores culturales locales.