Sup. Cultura Sábado, 30 de mayo de 2015 | Edición impresa

Entrevista a Perla Suez: la ficción en busca del origen

La escritora cordobesa, ganadora del Premio Nacional de Novela, acaba de publicar su nuevo libro, “El país del diablo”; un western en clave mapuche. Aquí, nos explica la rareza de esa alquimia creativa y echa luz sobre la persistencia de su obra.

Por Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

Nació en Córdoba pero se crió entre las calles mansas de un pueblito rojo entrerriano: Basavilbaso. Eran otros tiempos, otros pulsos cotidianos y otras formas de descubrir la vida. 

Y, para Perla Suez, el mundo se escudriñaba por la cerradura del consultorio médico de su padre. Paradita en una silla, que ahora es tesoro heredado por la nieta, ella desentrañaba los misterios de la muerte con su ojo azorado, pegado a la mirilla.

Después tomaba su bicicleta e iba de corrida, pedaleando, hasta el cine del pueblo para constatar las vivencias y dejarlas impregnadas en sus retinas; o pasaba las horas, panza arriba, leyendo y releyendo los libros de su casa.

Tal vez esa índole de audaz inocencia que le concedió la infancia sea la que moviliza a Perla a empecinarse en el origen. “Para mí la narrativa es un terreno de exploración, una tierra donde puedo escarbar y encontrar lo que no me contaron”, dice ahora, al otro lado del teléfono que conecta su Córdoba presente con nosotros. Habla mucho, rápido, casi sin pausa: tiene la necesidad de contar.

Así es como nos explica de qué va su nueva novela, “El país del diablo”, lanzada por Edhasa; que también se ha volcado a reeditar su trilogía sobre la inmigración con “Letargo”, “El arresto” y “Complot”.

-¿Cómo surgió en vos la idea narrativa de esta nueva novela? 

-La ficción siempre manda y va construyendo las tramas, a medida que vas trabajando. Venía de historias ancladas en los inmigrantes, con fuerte tono autobiográfico, y no quería repetirme pero sí contar una historia fuerte. En esta novela hice un cambio rotundo.

Arremetí, después de documentarme muchísimo en torno a la vida de los mapuches, los araucanos: todo eso que no me contaron en la escuela. Empecé a revisar a Mircea Eliade; a descubrir cómo estos pueblos, que venían de Asia en busca de supervivencia, llegaron a estas tierras. Estaba buscando la génesis, el origen, para desde ahí rastrear la memoria y no el olvido.

Pero, ¿cuál es el comienzo de la historia de Argentina?: ¿la de mi familia?, ¿de donde viene nuestra condición humana? ¿Por qué no pudimos aceptar la convivencia con estas culturas? ¿Por qué hubo que eliminarlas? Todo eso me pregunté, todo eso me ayudó a mover esos huesos simbólicos, para ver dónde estoy parada.

-¿Y por qué un aire de western para contarlo?

-Me guió la idea del tránsito, del escape. Me puse a pensar en mi historia de niña y en la que mis abuelos me contaron sobre cómo los judíos escaparon de Egipto para ser libres.

En este libro el desierto manda y es también protagonista. No es el Sahara sino un desierto fértil, inserto en otro paisaje, pero encontré que allí había una conexión. Así es como abrazo, desde lo ficcional, otro modo de contar. El cine ha sido una fuente importante donde encontrar recursos. Los escritores actuales tenemos que dejarnos bañar por todas las disciplinas del arte.

Una pausa mental nos lleva hacia las escenas escritas por Perla: la nena mapuche, protagonista de “El país del diablo”, hace el camino que la conecta desde la toldería que fue su hogar hasta el fortín donde termina el trayecto.

Todo se pone de película: se nos vienen imágenes como las que vimos en “En la carretera” (protagonizada por Viggo Mortensen), y sus aires de tragedia inexorable, o de las nubes polvorientas que sabe dispersar Quentin Tarantino en sus films rodados por Nuevo México. Pero también hay lugar para los climas propios de la literatura, Surge “Aballay”, de Antonio Di Benedetto.

Volvemos a la charla con la autora. “Me conmueve hacer esta nota. Muchas cosas me conectan a esa tierra porque he trabajado muchísimo en la obra de Antonio Di Benedetto (quien fuera subdirector de Los Andes). Cuando di un seminario junto a Mempo Giardinelli, lo dediqué a toda su obra. Es uno de nuestros escritores referentes”, nos dice. 

¿A cuento de qué la mención al mendocino? Sí: a “Aballay”, al desierto silente que todo se lo come, a la nena mapuche que imagina Perla como ‘hueso simbólico’ de aquello que ignoramos, y fuimos, en el origen.

"‘Aballay’ es un western, esa atmósfera absurda y onírica me ha pegado muy fuerte; también Melville y ‘Moby Dick’: espacios inconmensurables donde tenés todo para hacer, como una hoja en blanco”, completa Perla para dejarnos clara cuenta de los tintes de su novela.

-¿Por qué el cine está tan presente en vos y tu obra?

-Yo me formé en cine, en la Escuela de Cine de Santa Fe y aquellas corrientes de los ‘60.

-¿Pensás en hacer algo con él?

-Con el cine tengo una asignatura pendiente: tengo más de dos mil diapositivas que saqué durante un viaje que hice con mi marido. Están en blanco y negro, de gran parte de América Latina.

Casi toda esa documentación tiene que ver con los pueblos originarios. Es algo que hice cuando tenía 24 años pero tengo la idea de, algún día, separar las mejores imágenes y armar una muestra con textos. De hecho, cada vez que puedo, voy seleccionando.

-¿Cómo es tu rutina diaria de trabajo?

-Me levanto muy temprano, a las 5. Hago gimnasia, yoga, camino; siempre sola. Y me voy al estudio, que no está en mi casa. Es en el subsuelo, donde tengo como vista las raíces de un árbol y la luz que entra por la ventana. Ahí trabajo toda la mañana y después planto bandera. Me vuelvo a mi casa y, generalmente, en la tarde emprendo alguna corrección de lo que estoy haciendo, para adultos o para niños.

-Vos sos también una autora que se ha dedicado a la literatura infantil, ¿cómo es esa tarea?

-Estuve diez años silenciada en la literatura para niños. Entré en crisis en relación a lo que estaba contando.

-¿Por qué?

-Estaba viendo que se publica muchísimo, pero son pocos los que han logrado romper la idea del juego en la literatura infantil, o de creer que el niño sólo puede leer jugando y no arremeter con otras historias que son interesantes y fuertes. También se les puede hablar de la muerte, de la memoria y otros temas que nos dan miedo enfrentar. Yo corté todos esos años para dedicarme a escribir para adultos. Ahora he retomado.

Ahora surge en la charla la “saga de los Confines”, de Liliana Bodoc. Y nuevamente ese mítico mundo de los pueblos originarios nos retrotrae a “El país del diablo”. Perla es una hábil buceado de fósiles valiosos.

“Liliana se ha atrevido a contar a los jóvenes desde una épica, dio vuelta la historia que nos cuentan los norteamericanos. Yo, desde ese punto de vista, coincido con ella y me atreví a meterme en la literatura para adultos con esa misma intención en esta novela”, nos dice.

-¿Qué es lo que no escribirías jamás?

-Una historia color rosa, algo exclusivamente comercial. 

-¿Y cómo manejás esa tensión que hay entre las editoriales y los autores?, en el sentido de que a veces lo que se vende no es lo que vos querés escribir. ¿Te ha pasado?

-Lo he vivido en algún momento. Pero por suerte me he liberado de esas presiones, no podría trabajar desde ese lugar. Para mí la escritura es pasión, necesidad de descubrir, experimentar, explorar. Sin todo eso, el trabajo pierde el sentido. Pero por suerte, los editores con los que trabajo son estupendos, son generosos y comprensivos.

-¿En qué proyectos estás hoy involucrada?

-En varios. La historia de “El arresto”, sale en los próximos meses también por Edhasa. Esa novela, que es parte de mi trilogía sobre la inmigración junto con “Letargo” (que se editó el año pasado) y “Complot”, surgió a partir de algo que le ocurrió a mi padre, cuando estudiaba medicina en Buenos Aires, durante la Semana Trágica.

-También hay en carpeta trabajos con la literatura infantil...

-¡Sí! Estoy trabajando en historias para niños donde me baso en leyendas latinoamericanas, nuestras, argentinas, quichuas, araucanas. He hecho vuelta de tuerca sobre ellas: les saqué todo lo didáctico y las transformé en otra cosa. Tengo varias: “Eclipse”; “Aconcagua”, que saldrá en 2016 y ya está lista, con ilustraciones de un joven ilustrador cordobés, Nicolás Lepka.

Ese libro saldrá en Comunicarte, una editorial de libros-álbum muy interesante que hay aquí, en Córdoba. También estoy con “El hombrecito de polvo”, un cuento para niños que toca el tema de la violencia de un hombre hacia un cóndor. Saqué “Lara y su lobo”, ilustrado por Oscar Rojas, en esa historia lo que hice es dar vuelta la de Caperucita Roja.

Está “Uma a la guerra”, ilustrado en blanco y negro por Belén Sonnet, que sale en octubre. También “Las flores del hielo”, una historia que me contaba mi abuelo, sobre mi tatarabuelo. Y uno que es para muy niños muy pequeñitos, la historia de un perrito que se queda solo.

Claramente a Perla le gusta contar. Claramente esa voluntad que se nos devela en la charla profusa, también se vuelca en papel y para todas las edades.

La trilogía sobre la inmigración que ella menciona, compuesta por “Letargo”, “El asalto” y “Complot” ya va por su reedición.

-Contanos sobre estas tres novelas.

-Yo trabajé en la trilogía (en la cual también entra como un cuarto libro “La pasajera”) como historias ancladas en los inmigrantes. Son autobiográficas pero no porque sean la historia de mi ‘bobe’ (abuela, en idish), ni la de mi padre, ni la mía de cuando era niña pero son algunas cosas que escuché durante mi infancia.

En “Letargo” hay una historia familiar, más íntima, me interesó en ese caso jugar con las voces narrativas: de la primera a la tercera, y al revés. Porque para mí escribir es una búsqueda para inquietar al otro.

-¿Tenés, al momento de plantear tus textos, un lector modelo?

-Sí. Parto de la base de que el lector sabe y conoce más que yo, no lo puedo trampear, ni puedo recurrir a cosas facilistas porque va a descubrirme. Siempre estoy pensando que el otro es más inteligente que yo, que se interroga como yo quiero hacerlo, y de ahí surge mi autoexigencia respecto al trabajo. 

-Desde tu perspectiva de una autora ya consagrada, pero trabajando y viviendo siempre desde el interior, ¿cómo ves el panorama de la literatura nacional?

-Mi experiencia, la de aquí en Córdoba, es muy interesante y movilizadora. Es como si se hubieran abierto muchos fuegos. Hay muchas editoriales nuevas, pequeñas, que están haciendo camino en difusión de escritores jóvenes, de nuevas generaciones. También en Rosario veo ese panorama, mucha gente joven escribiendo.

En Tucumán también se está abriendo un frente. Es cierto que por ser Buenos Aires lo que es, pareciera que todo pasa por allí, pero no lo veo así: de a poco las voces empiezan a descentralizarse y a escucharse con fuerza. Yo, en mi experiencia particular, siempre me encontré con editores estupendos, que me escucharon, a los que valoro mucho. Ellos tienen una mirada muy abierta de cara al interior.

El inicio después del fin

A pesar de su prolífica pluma, la novela que hoy nos concentra la atención y la charla con Perla Suez es esta que la editorial Edhasa ha lanzado hace apenas un mes.

En la contratapa del libro se lee: “La Patagonia, en la segunda mitad del siglo XIX. Lum, una niña, hija de padre blanco y de madre mapuche, se baña con ella en el río. Juegan, ríen. No lo saben, pero ya no volverán a repetir esa rutina.

En ese paisaje desolado, el horror tiene una cita puntual. Un grupo perdido de soldados merodea por la zona y asalta una toldería, una de las últimas que estaba en pie. Mata, incendia, arrasa. Parece el fin de una historia, y sin embargo es el principio. No hay mal que no propicie su propia venganza.
Novela excepcional, ‘El país del diablo’ narra un viaje alucinante al corazón del desierto y el triunfo inevitable de la violencia.

Con una prosa seca, con la capacidad de narrar sin caer en estereotipos ni maniqueísmos, Perla Suez reconstruye una odisea de rencor, arrebato y justicia. Su libro está poblado por personajes que viven entre el coraje y la locura, entregados a una obsesión y quizás consumidos por ella”.

Si hay promesas de climas, de acción y suspenso en clave de western, como nos lo ha contado su autora. La cita nos tienta y hacia allí emprendemos el camino.