• Domingo, 13 de agosto de 2017
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El objetivo

Bendito el día en que se cierre la última puerta sin puerta de los llamados barrios de emergencia. Bendito el día en que en toda Mendoza no haya un niño con hambre.

 

Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Mendoza es una integralidad, un ser conformado por todos nosotros. Cuando yo llegué a Mendoza me impactaron dos cosas: que haya hecho posible la epopeya libertadora del General San Martín y la lucha del mendocinos en contra de las adversidades de la naturaleza: el desierto, fundamentalmente. Me dije este lugar tiene algo especial, si ha podido luchar por la libertad como lo hizo, y ganarle espacio al desierto, como lo hizo, esta tierra está hecha para cosas grandes. Entendí que era un todo marchando hacia adelante y no la paraban obstáculos circunstanciales. 

Después me metí paso a paso por sus paisajes incomparables: el Aconcagua, la Laguna del Diamante, la Payunia con toda su variedad de sorpresas, Uspallata y todos sus secretos a voces, y tantos otros lugares dignos de ser mencionados en un catálogo de preciosidades argentinas. 

Después me metí en su folclore y disfruté (lo sigo haciendo) de las realizaciones de Hilario Cuadros, de Félix Dardo Palorma, de Antonio Tormo, de Tito Francia, de Armando Tejada Gómez; a tal punto que me animé a escribir  “Otoño en Mendoza”, cosa que tal vez me dio una provincialidad que no me pertenecía por nacimiento. 

Después me hice periodista y pude conocerla íntimamente, entonces me encontré con su gente, con sus sueños y sus dolores, con sus esperanzas y desesperanzas. Esa gente que fue capaz de sembrar donde solo había terrón y sol, esa gente que domesticó el agua y la hizo propiedad de todos, esa gente que sufre hasta marzo mirando al cielo por si la piedra o la helada. Sólo el cinco por ciento de Mendoza es verde, lo demás sigue en manos del desierto y de la montaña, pero ese pequeño porcentaje es obra del hombre, la naturaleza prestó muy poca ayuda. 

Pero también conocí su lado flaco, su lado con hambre, las voces que no encuentran orejas de los puesteros de Malargüe, o de Lavalle, o de San Carlos, o de La Paz; la situación de precariedad de la gente que vive en las villas sin ninguna calle de salida que se llame esperanza. Es la Mendoza a la que le debemos, le debemos una prosperidad que sea para todos, le debemos oportunidades para que a aquellos que raspan la olla todos los días, un día, les llegue un puchero bien suculento. 

En todo esto deben pensar los que van a ser elegidos para, posiblemente, ser elegidos: que están representando a Mendoza, nada menos que Mendoza, y que su primer pensamiento en cada una de sus acciones debe ser Mendoza. Las posibilidades están. Este lugar con tierra menguada, con fertilidades que deben ser asistidas, con pocas variantes de cosechas, todavía puede dar mucho más. Bendito el día en que se cierre la última puerta sin puerta de los llamados barrios de emergencia, bendito el día en que en toda Mendoza no haya un niño con hambre, bendito el día en que todos tengan agua corriente y electricidad. Bendito. 

Hoy es el día de la elección, hoy decidiremos entre todos, quienes serán los que vayan a competir en Octubre, pero el pensamiento debe arrancar de la base. “El fuego pa’ calentar / debe ir siempre por abajo” decía Hernández y una vez más José no se equivocó. 

Ojalá que las PASO sirvan para elegir los mejores entre todos los que se ofrecen; ojalá que los que ganen entiendan que están representando a Mendoza, una tierra que no solo es del sol y del buen vino sino también de la esperanza.