El cruce Lunes, 9 de enero de 2017 | Edición impresa

De Mendoza a Chacabuco, un texto que reconstruye la historia

Este libro del profesor Cristián Guerrero es un trabajo exhaustivo y detallado que, en Chile, se ha transformado en el libro del Bicentenario de Chacabuco.

Por Redacción LA

Tanto en Argentina como en Chile, desde el siglo XIX en adelante, las respectivas historias nacionales y en especial los temas relacionados a los procesos de independencia sirvieron para definir las respectivas identidades nacionales y aún lo hacen. Nombres como los de San Martín y O’Higgins, y hechos como el Cruce de los Andes y la batalla de Chacabuco, requerían ser recordados y destacados porque contribuían a definir “lo argentino” y “lo chileno”. 

En esos años Bartolomé Mitre y Diego Barros Arana, uno en Buenos Aires y el otro en Santiago, describieron los hechos de la independencia y dieron un lugar destacado a la empresa sanmartiniana de 1817. Con el tiempo otros autores siguieron ese camino. Ahí están los libros de Anschutz y Ornstein, en Argentina, a los que se suman los más modernos de Patricia Pasqualli y Beatriz Bragoni.

En Chile encontramos los de Francisco Javier Díaz y Hans Bartling, pero allende los Andes, desde el centenario de 1917, el tema no había sido vuelto a ser estudiado hasta ahora que el profesor Cristián Guerrero, de la Universidad de Chile y de la Academia de Guerra del Ejército, da a luz su obra “1817. De Mendoza a Chacabuco”, publicada por el Ejército de Chile, la Corporación Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico y Militar y la Universidad Bernardo O’Higgins.

La obra se caracteriza por la rigurosidad analítica impresa por el autor a la revisión de documentos y obras historiográficas, y tiene por finalidad reinstalar y revisar el tema a 200 años del cruce y de la batalla, eludiendo los visos nacionalistas con que suele ser tratado el estudio de esta empresa  que no solamente incumbía a Río de la Plata y a Chile, sino que a toda Sudamérica.

El primer capítulo (Buenos Aires, Lima y Santiago) está destinado a describir el contexto histórico político-militar vivido entre 1810 y 1814 y en él se insertan las respectivas guerras de Río de la Plata y Chile enfrentando, por separado o en conjunto la férrea acción contrarrevolucionaria organizada en Perú por el virrey Abascal, demostrándose que no sólo a partir de 1814 ambos procesos revolucionarios se entrelazaron. 

El segundo capítulo está dedicado a identificar, describir y analizar los distintos planes de operaciones militares que, por esos años, tuvieron a la Cordillera de los Andes como escenario. Se revisan los planes de Maitland, José Miguel Carrera, O’Higgins, Tomás Guido, Enrique Paillardelle, Bernardo de Vera y el presentado por Manuel Ignacio Molina, comisionado de los cabildos cuyanos en 1815. También, aunque en un sentido geográfico opuesto, las ideas militares del virrey Abascal quien en varias oportunidades propuso un cruce con dirección a las Provincias Unidas. En esta materia el autor es claro al sostener que el mérito de San Martín no está en concebir la idea, sino en haberla llevado a cabo en la forma en que lo hizo. 

En los tres capítulos siguientes, Las Rutas de la Invasión y Formación del Ejército de los Andes, y La Defensa Realista se realiza una serie de consideraciones geográficas y militares para explicar las razones por las cuales el general San Martín decidió invadir con su fuerza principal por donde lo hizo y no por otros sectores, se agrega la descripción analítica de las rutas principales y las empleadas por las columnas secundarias. 

Asimismo, el autor analiza las distintas posibilidades que tenían los fieles al rey para implementar una defensa eficiente ante una invasión cuya preparación no era desconocida, destacando que los problemas principales estaban en la carencia de recursos y el reducido número de hombres del ejército real, absolutamente insuficiente para cubrir un frente de operaciones de casi mil kilómetros de largo. 

Interesantes resultan los planteamientos que tienden a matizar la efectividad de las operaciones destinadas a desconcentrar al ejército realista; pues, con cifras, se demuestra que no se trataba solamente de una cuestión de ubicación de las tropas sino que también de la velocidad con que pudiesen desplazarse. 

Los capítulos VI, Cronología de las Operaciones y VII, Combates del Cruce de los Andes, fueron redactados en base a documentos y testimonios de sus propios actores, militares que nos muestran día a día, y en forma paralela, cómo fue el avance de todas las columnas. Luego la atención se centra en las acciones militares relacionadas con el cruce andino, explicándose todos los encuentros bélicos de las columnas.

El capítulo VIII da cabida a la batalla de Chacabuco. El autor se vale de una descripción de Alberto Lara para referirse a la geografía del terreno en que se libró el combate. Luego se analizan los planteamientos de los distintos autores que han estudiado la batalla. Se les divide en dos grupos, el de aquellos que postulan que el ataque se planificó para caer sobre el enemigo en el plano cercano a las casas de la hacienda de Chacabuco y el de los que sostienen que estaba destinado a asaltar las alturas del cordón de Chacabuco donde el enemigo, tácticamente debía -y pensaba- concentrar  sus efectivos. 

En el último capítulo, Después de Chacabuco, el interés vuelve a centrarse en el plano más general de la independencia sudamericana. Con notable aporte documental de época, se analizan los sucesos posteriores hasta la expedición libertadora del Perú. Con ello el autor nos vuelve a la situación inicial, San Martín no cruzó la cordillera única y exclusivamente para independizar a Chile, sino que, además, para seguir por mar hacia el Perú, consolidando la libertad de tres países.