• Sábado, 13 de mayo de 2017
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Darío Sztajnszrajber: “La filosofía tiene que pensar su tiempo”

El fin de semana pasado el filósofo y divulgador aterrizó en Mendoza con el espectáculo "Desencajados"; en esa ocasión charló con Cultura sobre diversos temas relacionados a su disciplina. Festeja, además, seis años del estreno de "Mentira la verdad".

Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Darío Sztajnszrajber se une a una larga lista de filósofos con apellidos difíciles de pronunciar. Su hermano periodista, Mauro, ya se resignó, y ahora es conocido simplemente como “Mauro Szeta”. Pero él no. Y, aunque la educación era una de las profesiones “imposibles” para Freud, para él quizás no lo sea tanto. 

Es que, en alguien que firma con ese apellido, intentar ser didáctico es algo así como un desafío cotidiano: “Se pronuncia shtain-shraiber”, explica ya de antemano en su cuenta de Twitter, donde lo siguen más de 120 mil personas (es filósofo, sí). Y en pocos caracteres más se describe: Soy profesor de filosofía, pincharrata, conductor de “Mentira la verdad” (en Canal Encuentro), autor del libro “¿Para qué sirve la filosofía?” (Planeta, 2013). 

El fin de semana pasado visitó Mendoza con su espectáculo de filosofía y música “Desencajados”, y también se cumplieron hace poco seis años de ese 27 de abril de 2011, cuando “Mentira la verdad” salió a la luz con un capítulo titulado ya de forma muy valiente: “La filosofía”, contundente. Ahora confirmó que ya le propusieron una nueva temporada (sería la quinta), pero que todo está muy demorado.  

La filosofía es, como alguna vez le sugirió una espectadora de “Desencajados”, una contradicción en sí, un oxímoron curioso, una “angustia dulce”. Buen puntapié para enfilar esta conversación hacia otros territorios...

En principio, ni respuestas ni felicidad. La filosofía que a él le interesa busca generar todo lo contrario: se inclina por un ejercicio que, en lugar de ser complaciente y descansado, “nos recuerde permanentemente que todo puede ser de otra manera y por lo tanto genere mucho vértigo, angustia...”

Sigue: “Pero la angustia es liberadora al mismo tiempo, porque logra que descomprimas o que te desmarques de cierto sentido común que se te instala como único. Hay siempre una sensación como de que uno no puede salirse de ese dispositivo, y la filosofía abona esa sensación e intenta darte herramientas para desmarcarte un poco”, explica por teléfono de forma larga y tendida. Pone en marcha un vasto engranaje de conceptos; expande y clausura temas como buen profesor.

-¿Cuál crees que es el rol de la filosofía en el mundo contemporáneo?

-Primero y principal, pensar su tiempo. Muchas veces en filosofía uno le huye a la posibilidad de pensar su tiempo. Segundo, pensar su tiempo extemporáneamente. ¿Qué significa “extemporáneamente”? Que la filosofía no tiene que estar enceguecida por las luces del presente. Poder pensar el presente, pero con categorías muchas veces inactuales, que sin embargo permiten que el presente cobre otra dimensión. El ejemplo más simple para entender esto es la idea de “amor platónico” en Platón. Vos podés analizar los vínculos afectivos utilizando esa categoría, pero que es de hace 2.500 años. 

Entonces, eso provee la filosofía: vos podés pensar la política, la realidad, la vocación, la educación, el fútbol... lo que quieras, pero sin entrar en la urgencia dicotómica que en general es la que circula en los medios de comunicación y que exige, más que pensar, tomar partido en términos binarios. 

La filosofía se pelea con eso, no busca cerrar los conceptos, para ver de qué lado está cada uno. Al revés, busca abrirlos. Busca mostrar que cada uno de los extremos seguramente contiene más del extremo opuesto de lo que supone. Se vuelve todo más ambiguo, y eso permite para mí una aproximación diferente a la usual sobre cualquier tema...

-Ahora están festejando seis años de transmisión ininterrumpida de “Mentira la verdad”, pero al principio, ¿tuviste algún tipo de inseguridad con este formato?

-Inseguridad tengo siempre (risa), ¡aun hoy! Y en ese momento también, porque se trata de una propuesta que no es de las más comunes. Y una cosa más: no es común en los medios, pero tampoco en la academia.

Digamos que en los dos lados te miran raro. En la academia como divulgador y en los medios como de “qué viene a hablar éste de filosofía en un programa de televisión”...

Yo creo que hay un cambio, sobre todo a partir de la creación de Canal Encuentro, donde se pudo empezar a vislumbrar que hay programas que están concebidos desde lo que es la divulgación del conocimiento y que no por eso son aburridos, que pueden convocar el deseo, porque si hay algo que se perdió fuertemente en el ámbito del saber es justamente eso, y que hace a la misma filosofía: el deseo por el saber (enfatiza). 

Me parece que algo de ese deseo se vislumbra en estos programas, y la divulgación va un poco en esa línea. Feinmann lo hace con la filosofía, Pigna con la historia...

-¿Pero en la academia también te han criticado a vos?

-Mirá, obviamente que críticas siempre hay, de maneras muy distintas y por diferentes motivos además. Por ahí, yo no he sentido una crítica muy encarnizada todavía, pero obviamente lo que hacés no tiene que gustarle a todos, y menos a ellos que hacen algo parecido a vos, que es donde se vuelve uno más criterioso a la hora de juzgar. Me parece que uno crece con esas críticas... 

He tenido algunas muy piolas, de gente que con sus lecturas de cómo yo llegaba a ciertos temas me ayudaron a reinventarme. Eso es parte del juego, y más si uno está expuesto públicamente. 

-¿Y cuál fue el capítulo que más te costó hacer?

-En la última temporada,  hicimos clases públicas en distintos lugares. Tuve que dar una clase a cielo abierto en el patio de la Unidad Penal de San Martín (Buenos Aires) hablando del concepto o categoría del “Otro”: quién es el Otro, para explicar un libro de Emmanuel Lévinas llamado “Totalidad e infinito”. Fue una mañana de mucho sol, en donde estábamos ahí en una ronda, con los presos de la unidad, y la verdad me costó muchísimo...

-Debe ser violento explicarle al Otro que él es el Otro, ¿no? 

-Exactamente, e ir viendo cómo en ese acontecimiento filosófico el diálogo va generando movilización, transformación. 

-En relación a esto, ¿dónde crees que están puestos hoy los interrogantes de la filosofía?

-La Otredad es el tema de los últimos 20 o 30 años. El tema es quiénes son los que hoy corporizan esa otredad. Yo creo que todo este fuerte movimiento político que se está generando a partir de la lucha feminista es un muy interesante indicio para pensar la cuestión del Otro, porque el Otro nunca es lo que uno considera que es el Otro.

Sino que justamente el lugar del Otro es su invisibilidad. Lo que por suerte está visibilizando ahora es cómo se había naturalizado tanto, durante tantos siglos, el lugar que ocupaba la mujer, como un lugar de complemento, como un lugar subsidiario frente al varón. 

El lugar de la mujer es un lugar donde se evidencia la cuestión de la otredad, y otro lugar, que recién ahora está empezando y que justamente nos está costando (y que como nos cuesta para mí es una prueba de que por ahí pasa el asunto) es la cuestión animal: todo lo que rodea a aquellos vivientes-no-humanos frente a los cuales el ser humano siempre tuvo una relación de apropiación e industrialización.