Cuando la magia de Disney llegó a Mendoza

El creador del Ratón Mickey visitó nuestra provincia en la primavera de 1941. Animó proyecciones, indagó sobre la gesta libertadora, se vistió de gaucho y disfrutó del sol y del buen vino.

Cuando la  magia de Disney llegó a Mendoza
Cuando la magia de Disney llegó a Mendoza

Cientos de niños mendocinos, junto a sus padres, esperaban en un sector del aeropuerto de la provincia el aterrizaje del avión que traería al padre de dos personajes animados: el Ratón Mickey y el Pato Donald.


El padre de las criaturas
Desde el cielo se vio la silueta plateada de un avión bimotor a punto de aterrizar. Los que estaban entre la muchedumbre comentaban "¡Allí viene Disney, el que hace el Pato Donald!".


Minutos después, se abrió la puerta del DC-3 de la compañía Panagra y apareció Walt con su esposa y algunos de sus colaboradores. 
Aquí lo esperaba su gran amigo Juan Carlos Alurralde, entonces presidente de la aerolínea norteamericana y organizador de su itinerario en nuestra provincia.

Inmediatamente, el público allí establecido comenzó a aplaudir y aclamar al mago de los cartoons. Mientras algunos trataban trataban de pedirle autógrafos, el grupo partió en varios automóviles hacia la ciudad de Mendoza.


Una bienvenida animada
Al llegar a la capital mendocina, el matrimonio Disney fue recibido por una comitiva de la Casa del Cine y el representante de la productora cinematográfica RKO, Enrique Martínez Baca, quien le obsequió a Lillian Bounds un ramo de flores.

Walt, su esposa y sus colaboradores se alojaron en el Plaza Hotel. Luego de un cóctel, partieron rumbo a la Casa de Gobierno -ubicada en la calle Rivadavia- y saludaron al gobernador AdolfoVicchi.

Después de las visitas protocolares, los visitantes fueron a algunas bodegas de los departamentos de Maipú y recorrieron Luján.

Al segundo día de su visita, Disney fue esperado en los cines Avenida y Buenos Aires por más de 2.000 escolares para poder ver al genio del dibujo animado. En aquellas instalaciones se proyectaron por primera vez las películas del Pato Donald y Mickey.

Durante su proyección, los niños se fascinaron y aplaudieron con gran fervor. Después de una función de títeres, apareció Disney y con un risueño “¡Hola pibes!”, en perfecto español, comenzó a hablarles y explicó que venía a nuestro país para hacer una película de dibujos animados.

Walt se dirigió a la multitud diciendo que no bailaba ni cantaba pero quería divertirlos, entonces hizo una pirueta que asombró y fue ovacionado por el público presente.

Unas horas después de su presentación, salió con su grupo a pasear por la avenida San Martín, desde la calle Lavalle hasta Sarmiento. Muchos se lanzaron sobre él para que les firmara autógrafos.

Por la noche el matrimonio Disney fue invitado a participar en un baile en el Club Unión.


Gaucho norteamericano
Walt y su dibujantes, partieron hacia Tupungato; a unos 20 kilómetros de la ciudad homónima visitaron las estancias de Alurralde y de Correas. Disney se vistió de gaucho y por supuesto se comió un buen asado acompañado por excelente vino mendocino.

Quedó asombrado por la hospitalidad de un capataz llamado Liborio Sosa quien con su cámara super 8 con cinta a todo color, filmó a este personaje gauchesco. Ambos entablaron una amistad durante su estadía en la localidad.

Aquel día, se realizó una jineteada con doma, de la cual el dibujante y empresario participó montando un potro y demostrando una destreza que dejó a todos boquiabiertos.

Disney estaba muy entusiasmado y había quedado fascinado con Mendoza. Pero debía seguir su itinerario por nuestro país y luego cruzar a Chile y visitar Perú.

El Grupo -como le decían- partió desde el Plaza Hotel rumbo al aeropuerto. Durante el viaje, en la intersección de las calles Lisandro Moyano e Independencia, observó el portal del campo histórico.

Le comentaron que en ese lugar el General San Martín había formado el ejército que dio la libertad a tres países y mostró mucho interés en la gesta libertadora.

Al llegar a las instalaciones de “Los Tamarindos”, el público que estaba allí para despedirlo lo hizo con aplausos.

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